Fecha del Sermón:
Referencia Bíblica:
Amós 5:25-26
Serie del Sermón:
Orador:
Notas del Sermón:

¿Me ofrecisteis sacrificios y ofrendas en el desierto en cuarenta años, oh casa de Israel? Antes bien, llevabais el tabernáculo de vuestro Moloc y Quiún, ídolos vuestros, la estrella de vuestros dioses que os hicisteis.” Amós 5:25-26

Cuando leemos la historia de Israel desde Egipto, pasando por el desierto y su estadía en la tierra prometida, nos preguntamos, ¿cómo es posible que ese pueblo viviendo y experimentado tantos milagros diarios, con tanta facilidad se revelara contra Dios? La respuesta es: Israel solo esperaba de Dios sus beneficios, no más, pero su amor y adoración real se las daba a sus ídolos que guardaba en su corazón. Por ello cuando en apariencia faltaba algo o se veía en peligro se revelaba contra Dios, y en la abundancia lo abandonaba.

El idólatra, con relación a Dios, se puede comparar con la siguiente historia: “piensa en alguien con quien no tienes ninguna obligación, alguien al que le das vivienda gratis, comida y bebida gratis, protección en todo sentido gratis, y que lo llenas en general de todos tus beneficios gratuitamente. De repente algo falta, y entonces te reclama con enojo como si fuera obligación, actitud que nunca cambia. Pero lo peor es que además de ello, descubres que tal persona no solo te está utilizando, no solo es mal agradecido, sino que el mejor amigo de él, con el que se encuentra a escondidas y deposita toda su confianza es tu peor enemigo, aquel que con todas sus fuerzas está buscando tu destrucción.” Así actúa un idólatra con Dios.

Quizá nosotros critiquemos a Israel por ser así como el personaje de la historia, pero, ¿y nosotros? ¿No seremos iguales o peores? ¿No será que ahora, cuando Dios aún no ha proporcionado el remedio para esta pandemia, algunos estén desempolvando sus ídolos o recurriendo a la brujería y falsas creencias, para supuestamente ser librados o blindados contra el virus por temor a morir? Su dios son sus ídolos y el ocultismo.

¿No será que algunos, por la escasez de alimentos están entrando en desespero, “¿qué comeré?” “¿qué me pondré?” y por ello están dispuestos a hacer cosas contrarias a la voluntad de Dios para suplir tal necesidad? Su dios es su propio vientre.

Y si alguno tiene abundancia, ¿no será que su confianza está en lo que posee y no en Dios quien se las proporcionó? ¿le sería fiel a Dios si Él le quitara todo, como lo hizo con Job? ¿no? Entonces su dios es el dinero.

Se sabe quién no es idólatra cuando en todo tiempo, sea de prueba o de paz, tal persona agrada a Dios conforme a su Palabra, y en la práctica dice con Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Fil. 4:13

 

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