Fecha del Sermón:
Referencia Bíblica:
Habacuc 2:4
Serie del Sermón:
Orador:
Notas del Sermón:

He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.” Habacuc 2:4

Como Habacuc anuncia la inminente caída de Judá, y la razón se debía a que casi la totalidad de las personas tenían alma no recta, y los justos eran en extremo escasos, es bueno que hablemos un poco de cada uno de ellos.

1. Los del alma no recta. Ellos adoraban a Dios en el templo, figura del celestial, tenían y escuchaban la ley, pero al mismo tiempo terminaban adorando a todo dios falso que se les presentaba, y absorbían con facilidad toda creencia errada. Ese estado espiritual, no recto, se reflejaba en el trato para con Dios y para con el prójimo. Para con Dios, su rechazo total a los mensajes divinos anunciados por los profetas, y para con el prójimo buscando cada uno lo suyo. Es claro, entonces, que ellos no se guiaban por lo que Dios les ordenaba, sino por lo que en su propia voluntad querían, esto es enorgullecerse, ser su propio dios, y lanzarse al abismo de la destrucción. Cuando nosotros hacemos nuestra propia voluntad y no lo que Dios en sus Escrituras nos ordena, nos estamos enorgulleciendo, enalteciendo, divinizando; algo que trae como consecuencia la inminente la caída. La práctica del orgullo es clara señal de que en nuestro corazón hay creencias erradas, que no somos rectos, y que si escuchamos la Palabra de Dios somos meramente oidores y no hacedores de ella, es señal de que estamos aún muertos en nuestros delitos y pecados.

2. Los justos. En este diminuto grupo de personas encontramos a Habacuc, Jeremías, entre otros. Sus vidas eran totalmente opuestas a la de los anteriores. Pero es necesario recordar que ellos ni nadie eran o son justos o inocentes, ni de que actuaban con rectitud delante de Dios por sus propias capacidades. Una persona es justa, en primer lugar, cuando Dios en su gracia coloca la obediencia de Cristo en su favor y por tanto lo declara inocente delante de Él; y en segundo lugar cuando le aplica la salvación alcanzada por Cristo haciéndolo nacer de nuevo, creándolo de nuevo, para que por la obra del Espíritu Santo en su vida pueda obedecer. Este justo ya no se guía, como los de alma no recta, por su propia voluntad, sino por el don de la fe que Dios mismo colocó en su corazón para creer de la manera correcta, y se evidencia por la obediencia a la Palabra de Dios. Miremos nuestro mundo actual, ¿cuál creen que es la proporción de los que no tienen alma recta y de los que son justos? ¿Entendemos por qué nuestro mundo se está dirigiendo vertiginosamente al colapso definitivo? Y nosotros, ¿a cuál grupo pertenecemos?

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