Fecha del Sermón:
Referencia Bíblica:
Mateo 10:22
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Notas del Sermón:

…mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” Mateo 10:22

Cuando nuestro Señor Jesucristo dice que el que persevera hasta el fin, éste será salvo, no está diciendo que la salvación sea por obras. Es cierto que Dios ordena obedecer su ley, y que quien no la obedezca a la perfección está bajo maldición, Dt. 27:26; Gal. 3:10, pero el problema es que nadie, por santo que sea, puede obedecer la ley a la perfección, 1 Jn. 1:8, además, porque solo basta quebrantar un mandamiento para hacerse culpable de toda la ley, Stg. 2:10. Toda persona que está y estará en la ciudad celestial fue y es salva por pura gracia, por la obra perfecta de Jesucristo en favor de ellos. No es de otra manera, Heb. 9-10

Tampoco dice que hubo y habrá un periodo de tiempo en el cual la salvación sí fue y será por obras. Algunos hablan de que la salvación sí es por gracia, pero que hay dos excepciones, en la dispensación de la ley y en el periodo de la tribulación, que allí las personas eran y serán salvas por actuar perfectamente. La salvación nunca fue ni será por obras, como puede verse por la incapacidad del hombre para actuar a la perfección y también por el decreto de Dios de que solo por Jesús y por su obra perfecta se puede ser salvo, Jer. 13:23; Hch. 4:11-12

No está diciendo tampoco que cuando la persona recibe la salvación por gracia no peque, que tiene que andar a la perfección para no perderla. La salvación que Dios otorga, no es algo temporal, sino eterna. Si la salvación se llegara a perder, como ella depende cien por ciento de la obra de Cristo, entonces estaríamos diciendo que lo hecho por Jesús fue imperfecto, que no cumplió a perfección cada una de las exigencias de Dios por aquellos que van a estar eternamente con Él. Las Escrituras testifican de personas que habiendo recibido la salvación por Cristo, aunque no tenían ya la práctica de pecar, pecaron y sin embargo hoy están en el cielo. Por ejemplo Abraham, Gn. 12; Moises, Nm. 20; David, 2 Sm. 11-12; Pedro, Mt. 26; Pablo, Ro. 7; Juan, Ap. 22

Entonces qué dice en realidad Cristo cuando dijo “…mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”

Nuestro Señor está hablando de una de las doctrinas fundamentales llamada perseverancia de los santos, como puede verse por ejemplo en Fil. 1:6 “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionara hasta el día de Jesucristo;” Cuando Dios aplica la salvación alcanzada por Cristo en una persona, es decir, cuando la convierte en una nueva criatura, la evidencia desde ese momento, por la presencia definitiva de Dios dentro de ella, es la perseverancia en la búsqueda de la santidad. Puede que esta persona tenga caídas, Pr. 24:16; que pase por las peores tribulaciones, 2 Co. 11; que sea atacado, Hch. 7; que pierda todo en esta tierra, Job 1-2; pero nada podrá hacer que esa persona desista de su fe, que desista de seguir a aquel que es el Camino, y la Verdad y la Vida. No porque él con sus fuerzas lo consiga, sino porque Dios, como su alfarero, no desistirá de trabajarlo, como al barro, hasta llevarlo a la estatura y plenitud de la santidad de Cristo. Entonces la perseverancia es una evidencia de ser salvos, de que Dios está trabajando dentro de la persona y no una acción humana para ser salvo, Ro. 8

Es bueno aclarar que quien después de haber estado por algún tiempo, o mucho, al lado del pueblo del Señor y desiste, para buscar los placeres de la tierra, sintiéndose cómodo en ese medio, no fue porque perdió la salvación, es porque nunca fue salvo, esa persona es comparada con la puerca recién bañada que vuelve a revolcarse en el lodo o como el perro que vuelve a su vómito, 2 P. 2:20-23

 

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