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La venida del reino de Dios fue un misterio para la mayoría de los judíos de la época de Jesús. Dios mismo estuvo entre ellos, pero no lo vieron, y hasta lo acusaron de estar relacionado con Belcebú. Es en este contexto que Jesús dice siete parábolas, en particular una, la del sembrador.

El tema central de la parábola es la actividad conquistadora del rey y sus resultados. El mismo sembrador (Jesús) planta la misma semilla (la Palabra de Dios) en donde él quiere; la diferencia la hacen los terrenos (el corazón de las personas). Tres de ellos son malos, y solo uno es bueno.

Todos los que escuchamos este mensaje pertenecemos a alguno de los cuatro terrenos. Pida a Cristo para no ser emocional, y por tener más atención en el reino de Dios. Para aquellos que no han querido creer, que busquen a Dios, hoy que pueden, porque el que no da fruto, será cortado.

Dios es quien coloca y quita gobernantes, asimismo es quien define sus funciones. Este es el caso de Nabucodonosor, rey de los caldeos en Babilonia, quien llevó cautivo al pueblo de Israel. El pueblo de Dios había quedado en manos de uno de los gobernantes más despiadados.

Nabucodonosor quiso eliminar las creencias religiosas del pueblo, y para eso escogió jóvenes influyentes. Los hizo aprender la cultura caldea, para que ellos luego voltearan al pueblo. El rey quería que los jóvenes entraran en comunión con sus ídolos y que se alejaran de Dios.

Todo esto pasó como castigo, porque el pueblo había olvidado a Dios y no se habían arrepentido. A pesar de todo, y en medio de condiciones tan adversas, Dios mantuvo fieles a algunos jóvenes. Que Dios nos guarde y nos sostenga firmes en la fe, para que vivamos vidas agradables al Señor.

Dios había sacado a su pueblo de Egipto ya hacía 40 años. Ahora, al entrar a la tierra prometida, un nuevo obstáculo, el rio Jordán. Así como había hecho, el Señor vuelve a obrar milagrosamente y detiene las aguas y el pueblo pasa. Esto aterrorizó a los moradores de Canaán.

Dios prepara a su pueblo para vencer al enemigo. Primero ordena reestablecer la circuncisión, como señal del pacto. Segundo, restauró la celebración de la pascua. Finalmente, tercero, Cristo mismo se presenta delante de Josué, como el príncipe de Jehová, dispuesto para la batalla.

Este encuentro con Dios mismo muestra la valentía de Josué. Dios quiere que seamos así. Lo más valioso del pasaje está en la conversación entre Josué y Cristo, quien viene a dirigir la batalla. Dios no es nuestro ayudante, Él es el Señor y nosotros sus siervos. Nosotros estamos para glorificarle.

En Isaías 41 Dios se presenta como el que sabe el porvenir. Lo hace diciéndole a su pueblo la certeza de los eventos que sucederán unos 150 años después. Los Babilonios los tomarían cautivos, por 70 años. El Señor también les dice que luego de ese tiempo vendría la restauración.

Dios menciona por nombre a la persona que utilizaría para liberar a su pueblo, con más de 200 años de anticipación, se trata del rey Ciro. Dios hace que las cosas anden bien: hizo un plan para salvar a su pueblo, y en ese propósito se valió de un rey pagano. No tenemos de qué gloriarnos.

Cristo murió con el fin de dar a conocer a Dios, para que dejemos atrás los ídolos, quienes no sirven, para nada. Murió para que nos tranquilicemos; sin embargo, a la vez, que nos preocupemos, por lo que nos toca hacer. Dios hace todo, y a la vez, actuamos libremente, ¿cómo entenderlo?

La fe no es mérito nuestro, sino que es concedida por la gracia de Dios. Por venir de Él es que esta tiene valor. La fe no necesita ser aumentada para que sea válida, lo importante es que sea genuina. La fe es lo que nos une a Dios, es lo que nos permite perdonar y vivir sin ofendernos.

Un verdadero discípulo se niega a sí mismo y pone en práctica la fe, mediante el servicio al Señor. De ahí el ejemplo que pone el Señor Jesucristo. Debemos servir, sin esperar algo a cambio. Cristo vino a liberarnos de la esclavitud del pecado, pero solo para tener la libertad de servirle a Dios.

No se trata de si somos esclavos, o no, sino que se trata de saber de quién somos siervos, de saber a quién servimos incondicionalmente, ¿a una persona, al estado, a nosotros mismos? Nuestra condición natural es ser siervos del pecado, cuando Cristo nos libera, pasamos a servir al Señor.

Daniel indica el momento en que escribió su libro, en el versículo uno. Además, da el contexto religioso, en el versículo dos. Se indica que el libro fue escrito durante el año tercero del rey Joacim. Este rey fue títere del Faraón de Egipto, pero luego fue vasallo de Nabucodonosor.

Durante 23 años el profeta Jeremías estuvo hablando en contra del rey Joacim, pero él no escuchó. Así que Jehová envió las tropas de Babilonia para destruir a Jerusalén. El pueblo había puesto su confianza en la fuerza del Faraón y no en Dios, y por eso Dios soberanamente los entregó.

¿Estamos en pecado, así como Jerusalén lo estuvo? Nuestro Señor nos llama hoy al arrepentimiento. Que no nos suceda lo mismo que al pueblo en Jerusalén, y que nos llegue la disciplina de repente. Dios exige vidas santas de nuestra parte, porque Cristo murió por nosotros.

La labor de una madre es importante para cada hijo, para la familia, la iglesia y la sociedad. El pasaje central nos muestra el cuidado que tiene el Señor por las madres. Jesús se compadeció de la viuda de Naín y resucitó a su hijo. Este hecho nos sirve para conocer mucho acerca de Jesús.

En primer lugar, se puede ver que Cristo es soberano. La situación no se presentó por casualidad, sino que él gobierna todas las cosas. En segundo lugar, el Señor tiene compasión. En tercer lugar, Cristo consuela. Jesús tocó el féretro y el joven resucitó: todo lo hace limpio con su presencia.

Jesús dio una orden, y el joven muerto solo pudo obedecer y levantarse. Cristo tiene el poder; él hizo el universo, y lo que dice se hace. Jesucristo ha vencido la muerte y ahora podemos tener vida. Sigamos esperando la compasión y el poder de Cristo. Cristo ofrece vida para cada uno hoy.

Toda la historia nos lleva al momento del sacrificio de Cristo, cuando pagó por el salario del pecado a favor de su pueblo. Hoy, que celebramos la Cena del Señor, nuestra confianza debe estar depositada en Cristo y no en el rito. Debemos examinarnos y confrontarnos, con la Palabra.

La Palabra de Dios es el espejo que nos muestra en realidad quienes somos. Tenemos muchos pasajes, como el de Isaías 59, para darnos cuenta si en realidad sí somos creyentes. Mirando el libro completo podemos sacar una lista de las cosas por las cuales Dios está desagradado.

Sin embargo, hay que tener mucho cuidado, porque mirando estas listas de cosas para ser buenos creyentes podemos caer en dos peligros, los cuales, en lugar de ayudarnos, nos alejarían de Dios. De una parte está el legalismo y de otra el no actuar. Permanezcamos en Cristo, nuestra salvación.

Cristo murió durante la Pascua judía, y esto, como todo en su vida, no fue casualidad. Cristo es la pascua de su pueblo: la salvación para todo aquel que cree en Él. Su muerte fue necesaria para completar su obediencia perfecta a Dios Padre, la cual comenzó en la eternidad pasada.

Cada vez que pecamos creamos una deuda impagable, porque ofendemos al Dios infinito. Por esto fue necesario que Jesús, quien no pecó, se presentara ante Dios en lugar nuestro, y murió para satisfacer la justicia de Dios. Cuando Cristo murió declaró que la deuda se había cerrado.

Cristo no se quedó en la tumba, resucitó, y vive intercediendo por nosotros. Su resurrección es una evidencia de nuestra justificación, por lo cual podemos considerar a Dios ahora como nuestro Padre. En la resurrección Dios muestra su aprobación a la obra de Cristo en la cruz por nosotros.

Casi dos mil años luego de la resurrección de Cristo, seguimos hablando de Él, y es que nadie más ha tenido victoria sobre la muerte, sino solo Jesús. En esta predicación se comenzará analizando la respuesta del mundo ante la muerte de Jesús, en este caso los sacerdotes y fariseos.

La primera reacción es el menosprecio: se atrevieron a tildar a Jesús de engañador. Vieron el ejemplo de Cristo, pero no creyeron, en especial no creyeron que se levantó de los muertos. Además, respondieron en incredulidad, y lo hicieron así porque ellos no eran hijos de Dios.

De otra parte, la respuesta de Dios no puede ser más opuesta. Envió a un ángel para remover la piedra, no para ayudar a Cristo, sino para que las mujeres y los discípulos pudieran entrar al sepulcro y ver. Dios muestra su aceptación ante la obra de Cristo, precisamente en la resurrección.

Dios Padre se refiere a Cristo como su siervo, y esto nos recuerda otros pasajes en el mismo libro, donde muestra la salvación de Dios hacia su pueblo, por medio de Cristo. Cristo obró la redención, por medio de su muerte, pero eso no terminó ahí, luego hay celebración de victoria.

La muerte de Cristo, su resurrección, e incluso su nacimiento son hechos inseparables. El Hijo eterno de Dios puso su vida por los pecadores, y luego resucitó. Ahora todo aquel que cree en Él tiene vida eterna. Aquel que entró a Jerusalén en un pollino, está reinando a la diestra del Padre.

Usted puede estar sin Cristo, sin mediador entre usted y Dios, y puede estar todavía confiando en sus ideas, o en las del mundo, el cual no está de acuerdo con el plan de Dios. Si es así, tenga en cuenta que Jesús es el camino la verdad y la vida, y nadie va al Padre sino solo a través de Él.

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Los estudios realizados durante la escuela dominical buscan fortalecer el conocimiento de Las Escrituras de los asistentes, y por sobre todo se quiere presentar a Cristo como el único salvador para el pecador. A diferencia del sermón principal, se permite la participación de los asistentes, con preguntas o comentarios (Foto: Pamela P. Stroud/Flickr)

 

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Photo by Matt Gruber / Copyright free

 

Con cierta frecuencia nos preguntan: “pero ustedes, ¿qué creen?” Con esta pregunta las personas quieren saber cuáles son las diferencias entre nosotros y otras comunidades cristianas. Y también quieren saber sencillamente qué es lo que enseñamos para poder juzgar acerca de nuestra fidelidad a las Sagradas Escrituras, norma absoluta de la fe cristiana.

Por esto nosotros, la Iglesia Cristiana Gracia y Amor de Bogotá, enlazamos esta edición de nuestra declaración de fe. Ojalá sirva para responder las preguntas de arriba y, a la vez, para orientar respecto a las grandes verdades en su conjunto reveladas por Dios para toda persona que quiere vivir y morir dichosamente.

Hay otro motivo para presentar esta edición en este momento. La declaración de fe que presentamos, la que nos orienta en nuestra creencia y conducta, es una declaración que en este año de 1989 cumple 300 años de haber salido a la luz. En el año 1689, en Londres, unas iglesias cristianas la publicaron con el fin de identificarse detalladamente como exponentes de la fe cristiana antigua centrada en la gracia de Dios en el evangelio de Jesucristo y orientada hacia la gloria del Dios trino.

Actualmente muchos de los que se llaman cristianos no comprenden bien qué implica el nombre “cristiano”. Por otro lado, hay cierta aversión a una definición (y enseñanza todavía por las Escrituras) para su obediencia y disfrute de la voluntad perfecta de Dios. Invitamos a toda persona que dice ser cristiana a un estudio cuidadoso de las páginas que siguen y a una comparación de las mismas con la Biblia. Así podríamos saber si somos cristianos o no, y, a la vez, podremos darnos cuenta del acuerdo que hay entre los dos documentos. La declaración de fe es un fiel reflejo de la enseñanza bíblica.

Un fruto derivado del estudio de esta declaración de fe podría ser la unidad mayor las distintas comunidades cristianas. Algunos opinan que la definición de las doctrinas cristianas resulta más bien en la fragmentación del cristianismo, y esta directamente en proporción a lo detallado de la definición. La declaración aquí presentada, sin embargo, dogmatiza en los puntos donde la Biblia misma lo hace. Por eso, su enfoque en la esencia bíblica lleva (si dejamos que nos lleve) a la única unidad que vale y que perdura, la unidad obligada por la voz de Dios. La fragmentación, cuando sucede, se debe a la debilidad o a la desobediencia humana y no a algún supuesto defecto en la revelación divina.

Pero, ¿para qué tanto detalle en la declaración? la declaración da tanto detalle precisamente porque la Biblia, la Palabra de Dios, la da. Y Dios dice lo que dice porque sabe que es para nuestro bien y para su gloria. No saber, no entender, y no practicar, es perder el consejo vivo y perfecto de Dios para la orientación poderosa de la totalidad de nuestra vida como criaturas de Dios en este mundo.

Sí, es cierto, la declaración exige un estudio detenido. Obliga a que pensemos. No podemos llegar a conclusiones precipitadas. Pero ¡qué fruto más delicioso para quienes por ella se entreguen a saturarse de la Palabra de Dios, la Biblia misma! La declaración que presentamos permite un esquema de la verdad de Dios que sistematiza conceptos de otra manera confusos, desconectados, desproporcionados, y en alguna medida inútiles. Esta comprensión nos capacita para ser fuertes y fieles representantes del mensaje de Cristo en medio de un mundo pecador, hundido en la miseria, y decepcionado por las inconsecuencias, los errores, las deformaciones, y la ignorancia de la Iglesia Cristiana en general.

1989

 

Para descargar una copia de nuestra confesión de fe, haga clic en este enlace.

 

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Photo by Michael Heiss / CC BY

 

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Aquí podrá escuchar conferencias, estudios, y sermones especiales.


 

Luther at the Diet of Worms

La confesión bautista de Londres es una de las últimas confesiones de su época, y está basada en las que le precedieron. Un estudio de estas nos ayuda a entender mejor nuestra confesión. Las circunstancias históricas dentro de las cuales se desarrollan las confesiones iluminan su énfasis y su teología. Saber el contexto original ayuda mucho. ¿Quiénes son sus escritores? ¿A qué batallas se enfrentaron? ¿Por qué no se desarrollaron antes? ¿Por qué hoy seguimos utilizando confesiones de hace 400 años? Estas son preguntas interesantes. En esta serie, vamos a buscar respuestas a estas preguntas. (Foto: von Werner/Wikipedia)

Fundamentos

Tertulia Teológica

Esta es una colección del programa radial "Tertulia Teológica", de la Iglesia Bautista Reformada el Redentor, transmitido los lunes a las 8:05 pm, con retransmisión los viernes a las 12 m y los sábados a las 6 pm. (Foto: Lawrence OP/Flickr)



 

AMiAmadoHermano

El pastor y misionero César Triana, inicialmente movido por el amor hacia un hermano suyo, pero también motivado por el amor hacia los demás, nos presenta una serie de mini mensajes evangelísticos. Si usted aun no cree en Cristo, quiera el Señor utilizar estos audios para llevarlo a las Escrituras, las cuales nos presentan a Jesucristo, El Salvador.


 

Apocalipsis2

Análisis detallado del libro de Apocalipsis. (Foto: Ed Suominen/Flcikr)


 

 

TeologiaSinFronteras

¿Dónde se originan las confesiones? ¿Por qué son importantes? ¿Cuáles características tienen las confesiones bautistas, y cuál relevancia han tenido en la Iglesia? Estas, y otras preguntas, tendrán sus respuestas en el programa radial "Teología sin fronteras". (Foto: J. Mark Bertrand/Flickr)


 

 

Sexualidad

El objetivo de estas charlas es entregarle de manera especial a papá, pero también a mamá, herramientas para que guíen a sus hijos en casa. Solo si tenemos familias entregadas al Señor, donde las decisiones se toman a partir de las escrituras, tendremos iglesias santas. La Biblia es nuestra única autoridad en fe y conducta. (Foto: Joe/Flickr)



 

 Adolescentes1

Última serie de estudios del programa "Escuela para Maestros de Biblia en el Hogar", sobre los adolescentes. (Foto: unionland/flickr)


 

 

SemanaSanta1 

Colección de sermones realizados durante semana santa. (Foto: John Wright/Flickr)


 

 

MoldeandoElCaracterDeNuestrosHijos

Esta serie de sermones fueron dados por el pastor Sugel Michelén, hacia el año 1997. Se adicionó un archivo con resumen y preguntas a cada sermón, para facilitar su estudio. (Foto: Kat Grigg/Flickr)

 

Vea aquí el artículo introductorio a esta serie (5 páginas) 

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Esta es la lista de personas que en algún momento, por la providencia de Dios, han predicado o dirigido estudios de escuela dominal en la Iglesia Cristiana Gracia y Amor.

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