“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” 1 Co. 6:18.

El mundo ve la pureza sexual como algo ridículo, además de absurdo y anticuado, y hasta inconveniente para lograr la “felicidad”. El mundo puede ver los resultados funestos que la inmoralidad trae en todas las áreas de la vida del hombre, pero su idolatría hacia la fornicación es tan elevada que prefiere condenarse con ella antes de dejarla (vea el relato en Pr. 7). El que ha sido sacado de las tinieblas sabe que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que fue comprado con la sangre de Cristo para vivir en santidad, así que ve la pureza sexual como digna y conveniente. 1 Co. 6:12-7:40

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