Todas vuestras cosas sean hechas con amor” 1 Co. 16:14

Hace muchos años supe de una señora que detestaba lavar la loza. Lo peor es que ella no encontraba cómo evitarlo, y entonces lo hacía mal; se turbaba solo de pensar que tendría que hacerlo por el resto de su vida, y mínimo tres veces al día.

Un día, reflexionando, escribió una frase y la colocó en la pared, encima del lavaplatos, esta decía así: “En este lugar le rindo culto a mi Señor tres veces al día”.

Para que ella o cualquiera de nosotros podamos rendirle culto verdadero al Señor, lavando loza o en otras cosas, es absolutamente necesario que estemos unidos a Cristo, porque separados de Él nada podemos hacer, nada más sino pecar. (Jn. 15; Ro. 3)

 

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