La sexualidad - 2

Buscando salir de la inmoralidad sexual: ¿En dónde está el origen del problema? (Foto: Kevin Harber/Flickr)

 

En cuanto al cuerpo, son los médicos quienes evalúan al paciente para poder dar el medicamento preciso. En cuanto a la salud espiritual, es Dios, y Él es muy cuidadoso en esta parte; ya tiene en las Escrituras el diagnóstico exacto del terrible problema. Al leer detenidamente las Escrituras, se descubre que:

- La inmoralidad sexual no tiene su origen en cuerpo. Es verdad que la inmoralidad es practicada con el cuerpo, pero existe algo más que estimula al cuerpo a esta práctica.

- La inmoralidad sexual no tiene origen en el intelecto. Es verdad que la persona antes de practicar la inmoralidad sexual piensa en ella, pero existe algo que manipula la mente para que conduzca al cuerpo a pecar contra Dios.

- La inmoralidad sexual tiene su origen en lo espiritual. Todos los seres humanos, por la caída de Adán, llegamos a este mundo espiritualmente muertos. Tal condición nos hace absolutamente incapaces de practicar el bien, pero sí con una total disposición para practicar el mal. La maldad está concentrada en el corazón espiritual con el cual llegamos.

Llegamos al mundo con un corazón de piedra. “…quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne…” Ez. 11:19 El uso de la palabra piedra es una figura que indica insensibilidad, dureza, ausencia de vida santa. Ese corazón de piedra es engañoso y perverso. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿Quién lo conocerá?” Jer. 17:9. Esta parte del diagnóstico indica que en ese corazón solo hay maldad, y que es astuto para hacer ver lo bueno como malo y lo malo como bueno. Ese corazón de piedra, perverso y engañoso es un arsenal de maldad. “Porque de dentro del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” Mr. 7:21-23. En ese corazón no existe absolutamente nada bueno. Este es el motivo por el cual la persona no puede, no entiende, no desea, ni le gusta hacer lo que es santo, aunque, sí, puede aparentar piedad. “Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.” Ro. 8:8 “No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.” Ro. 3:11 “El hacer maldad es como una diversión al insensato…” Pr. 10:23 “Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella…” 2 Ti. 3:5

La persona resulta así esclava. En cuanto la persona no tenga verdaderamente a Dios en su alma, ella es esclava de ese corazón. Jesús, dice: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” Jn. 8:34

El corazón domina el pensamiento. La persona puede hasta estar físicamente inmóvil, pero: “medita maldad sobre su cama; está en camino no bueno, el mal no aborrece.” Sal. 36:4

El corazón domina la lengua. La persona puede hasta hablar cosas de Dios, como los fariseos, pero Jesús dice: “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Mt. 12:34

El corazón domina el cuerpo. “Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición.” 2 P. 3:14

La maldad que hay en la persona actúa como la levadura. El degenero sexual, como los otros pecados, se inicia como algo en apariencia inofensivo, pero como la levadura va leudando toda la masa, así la maldad se va aumentando hasta llegar a cosas realmente degeneradas. “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido, entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” Stg. 1:14-15

Primero viene la tentación. El corazón conduce a la persona a interesarse por todo cuanto ve que le puede producir placer carnal, y procura quitar de la persona cualquier dolor de conciencia.
Luego el inicio de la práctica. Aunque la conciencia advierte sobre el peligro de la inmoralidad, la persona, por ser esclava del pecado, cae en la tentación.

Luego poco a poco el degenero. Ninguno, después de caer en la tentación sabe hasta dónde puede llegar. La Biblia registra muchos pecados sexuales producto del proceso degenerativo: fornicación, adulterio, prostitución, homosexualismo, incesto, bestialismo, entre otros, leer Lv. 18 y 20

Finalmente está la cauterización definitiva de la conciencia. La conciencia, desde el momento de la tentación advierte que la inmoralidad es algo errado y condenado por Dios, pero el corazón perverso en la medida en que fortalece su esclavitud degenerando cada vez más la persona, va silenciando la conciencia hasta que ésta no advierte más del peligro de la inmoralidad. Cuando las personas ven como normal una vida inmoral y hasta la defienden como es el caso del homosexualismo en el día de hoy, es una señal clara de la cauterización de la conciencia. Esto fue lo que aconteció con la generación que murió en el diluvio, la de Sodoma y Gomorra, la de Israel cuando fue llevada cautiva y lo que acontece con la generación que esté cuando regrese Jesús. Leer Gn. 6 y 19; Ez. 23; Lc. 17:26-30

Como dijimos antes, existen muchas consecuencias temporales, pero la principal consecuencia de la inmoralidad sexual es la condenación eterna. “Pero en cuanto a los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte.” Ap. 21:8
Advertencia solemne. ¡¿Es esto lo que quieres para tu vida, para la eternidad?!

Después de haber estudiado sobre la santidad de la sexualidad, su objetivo y las normas de Dios para su práctica; después de conocer que debido a la caída del hombre, esté pervirtió la sexualidad y que aunque sepa que esto trae consecuencias funestas no deja de pervertirla, porque no puede, no entiende ni desea, podemos entonces reconocer que nuestra realidad en lo sexual es la que nos diagnostica Dios en las Escrituras.

¿Recocemos que por ser descendientes de Adán llegamos a este mundo siendo pecadores? “Por tanto como el pecado entró en el mundo por un hombre (Adán), y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” Ro. 5:12 “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” Sal. 51:5 “Se apartarán los impíos desde la matriz; se descarriaron hablando mentiras desde que nacieron.” Sal. 58:3

¿Reconocemos, entonces, que llegamos a este mundo con un corazón lleno de perversidad, dentro de lo cual está la inmoralidad sexual? “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” Mt. 15:19

¿Reconocemos que nuestra maldad se ha venido aumentando día a día? “Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar…” 2 P. 2:14

¿Reconocemos que aunque sepamos que Dios condena la inmoralidad sexual y todo pecado, no queremos separarnos de ellos? “Quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignas de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.” Ro. 1:32. “no hay temor de Dios delante de sus ojos,” Ro. 3:18

¿Reconocemos, entonces, que obligatoriamente necesitamos que Dios quite de nosotros ese espíritu muerto, ese corazón de piedra, para poder ver la sexualidad con la santidad que Él la creó? “respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Jn. 3:3 “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mi.” Sal. 51:10

 

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