"no intentes mal contra tu prójimo que habita confiado junto a tí" Proverbios 3:29

Introducción

A lo largo de nuestra vida han pasado muchísimas personas; unas han dejado recuerdos buenos, otras solo por la gracia de Dios las podemos mirar sin resentimientos: sin embargo, no debemos olvidar como suele acontecer, que aunque fuimos sinceros amigos para algunos, a muchas personas les hicimos daño, no fuimos compañías convenientes para ellos y es posible que muchos no nos quieran ni recordar y mucho menos ver. Es importante que interioricemos los siguientes interrogantes: ¿Qué clase de compañía somos? ¿Qué clase de compañías tenemos? ¿Qué hacer?

1. La realidad.

a. El ser humano fue creado para vivir en sociedad, para vivir en compañía de otros. Son muy raros los casos en los que las personas deciden vivir sin tener contacto con otros, esto no es normal. Las Escrituras alientan la convivencia entre personas. Ecl. 4:9-11

b. El pecado en el hombre afecta las compañías. Todos los seres humanos, aun los que tienen mayor gracia, no pueden garantizar una convivencia sin errar, sin dejar de afectar a otros. Pr. 20:9

2. Compañías inconvenientes. Quisiera que al estudiar una a una las siguientes premisas, examináramos no solo lo que los otros son, es importante también identificar qué compañía conveniente o inconveniente yo soy.

a. Los que se aprovechan del otro, o compañías codiciosas. Hay personas que son muy amables, que incluso hasta hacen favores, pero siempre tienen en mente el provecho que pueden sacar de esa relación. Labán, el tío de Jacob, recibió con mucha amabilidad a su sobrino y le brindó techo y trabajo, pero durante veinte años lo explotó al máximo cambiándole el salario diez veces. Gn. 31:41.

b. Los que son avaros. Este tipo de compañías son muy parecidas a la anterior, pero estos son los comúnmente llamados "tacaños". Estos no quieren por nada del mundo dar un centavo para ayudar a otros. Si en algún momento hacen algo por alguien, su propósito es juzgar; su amor al dinero los mantiene completamente estériles a la misericordia. Pr. 23:1-3, 6-8

c. Los iracundos o malgeniados. La Biblia enseña que debemos evitar este tipo de compañías para que no terminemos actuando como ellos. Con mucha vergüenza tengo que reconocer que este pecado fue uno de los más sobresalientes en mi vida y que por ser así maltraté muchas personas. Aun después de ser cristiano he tenido muchas dificultades para dominarlo, pero veo la obra de Dios diariamente operando sobre este pecado. Pr. 22:24-25

d. Los perezosos. Esta es una de las compañías más dañinas. Son una fuente de tentación para la ociosidad, para la pérdida deliberada de tiempo, para ser el nido de toda clase de perversidad (inmoralidad, vicios, robos, etc) Si bien el perezoso es negligente y estéril para hacer lo bueno, no lo es así para hacer el mal. Tener este tipo de compañías conduce a la física ruina. Pr. 10:26; 28:7; 24:30-34

e. Los que viven en placeres mundanos. Conocimos una señora que dijo que prefería no ser cristiana si esto implicaba dejar de bailar; el esposo estaba escuchando la Palabra de Dios, pero poco a poco fue desistiendo y esto se debió a la influencia de su esposa. Is. 5:11-12,22

f. Los inmorales sexuales. Estos no respetan ni a los mejores amigos y terminan cautivando la pareja del otro. 1 Co. 5:1-5

g. Los desleales en tiempo de angustia. Hay personas que cuando estamos en las buenas son aparentemente fieles, pero cuando la historia nos cambia son nuestros enemigos. Aitofel fue un consejero de David, le prestó grandes servicios al rey, sus consejos eran como consultar a Dios, pero cuando Absalón se rebeló contra David su padre, este consejero traicionó al rey y orientó al malvado Absalón en su conspiración. Buscó la muerte del rey. 2 S. 16:23-17:4

h. Los chismosos. Por lo general estos se muestran como un dulce delante de nosotros, nos traen "noticias de otros" y en apariencia se muestran a nuestro favor, pero lo mismo que hacen con nosotros lo hacen con los otros. Son personas dedicadas al lleva y trae. Es importante tener en cuenta que sus comentarios son una tentación para que despreciemos a la persona de la cual se nos comenta e incluso hasta hacernos sentir enojo con ellos. Pr. 16:28; 20:19

i. Los que nos convidan a cosas delictivas. Sus consejos siempre son orientados a obtener el éxito de forma rápida y en grandes cantidades, pero nunca se refieren al lado peligroso del asunto. Pr. 1:10-19

j. Los envidiosos. Estos aparentan estar gozosos por nuestros éxitos, pero en lo íntimo de su corazón están enojados, por ello sus consejos y acciones son inclinados a que suframos perdidas: lo hacen de una forma que creamos que están ayudándonos. El día de nuestra caída, este tipo de personas se presentarán como compañeros en el sufrimiento, pero en realidad en su corazón hay fiesta. Ecl. 4:4

k. Los que son guiados por los sentimientos. Estas personas pretenden y con toda sinceridad nos quieren ayudar; para hacerlo dejan de lado la forma correcta de hacerlo porque no la ven conveniente. Mt. 16:21-23


l. Los que en momento de crisis su ayuda es solo para aumentar el dolor. Cuando Dios quitó todo a Job, aun su salud, tres "amigos" se presentaron para "consolarlo", pero sus palabras fueron semejantes a colocar ácido sulfúrico en la llaga. Job 6:25-26; 13:5

m. Los que traicionan. Aunque ya nos referimos a algunos de ellos, aquí queremos hablar de aquellos que en su corazón están continuamente maquinando como Judas. Estos no nos traicionan porque en un momento fueron asaltados por una tentación, están siempre pensando en cómo engañarnos. Pr. 16:29; Ro. 16:17-18

n. Los que pretenden conducirnos por otro camino diferente al de Cristo. Aquí están todos aquellos que se presentan a nosotros como ovejas, como defensores de la justicia, pero por dentro son en realidad lobos rapaces; estos en apariencia se preocupan por nosotros, nos prestan ayudas terrenales, pero sus palabras, sus insinuaciones y trabajo diario está encaminado a que abandonemos a aquel que descendió del cielo para morir por pecadores como nosotros. Mt. 7:15-20; 2 Co. 11:13-15 Existen muchas más clases de compañías malas, pero espero que este estudio nos ayude un poco en la identificación de algunas de ellas.

3. ¿Qué hacer?

a. Examinarme, arrepentirme y convertirme. Nuestro señor nos advirtió para que antes de mirar la paja en el ojo ajeno, miráramos la viga que está en el nuestro. Es muy provechoso evaluar cuanto de lo que hemos hecho y estamos haciendo ha servido para entregar sufrimiento a otros. Pero aunque es vital examinarme, no es suficiente, es obligatoriamente necesario arrepentirme y convertirme verdaderamente de esa horrenda maldad. El que lo hace es perdonado y limpiado por la sangre del Cordero, y es capacitado para que, aunque no sea un amigo perfecto, sí sea un buen amigo. Pr. 28:13; 1 Jn. 1:9; Mt. 20:26-28.

b. Perdonar a todos los que me han hecho daño. Si arrepentirme por el daño hecho a otros es saludable, lo es también el que coloque en Cristo las cargas de amargura, de resentimiento producto de la falta de perdón para aquel que, como yo, me hizo daño. Perdonar es una obligación que me deja libre de muchísimo sufrimiento y es una característica que me hace parecido a aquel que a pesar de mi odio hacia Él cuando no le conocía, me perdonó incondicionalmente. Mt. 18:23-35; 1 Jn. 4:20-21

c. Andar con sabios. No debo menospreciar a nadie, debo servir a todos conforme Las Escrituras dicen, pero también debo saber que si camino con necios sufriré perdidas. Pr. 13:20

Conclusión
"Ninguno busque su propio bien, sino el del otro" 1 Co. 10:24

 

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