Boletín abril 2018 

Si amamos a una persona desearemos pensar en ella durante el día; su recuerdo cruzará nuestros pensamientos muchas veces. Si amamos a una persona desearíamos oír hablar de ella, sería un placer para nosotros oír a otras personas hablar de ella, y mostramos interés por cualquier noticia que haga referencia a ella. (Foto: Waiting for the Word/Flickr)

 

¿Me amas?

Esta pregunta fue dirigida por el Señor Jesús a Pedro, hace muchísimos años, pero aún hoy es escudriñadora y de suma importancia para todo el que se llama cristiano. Nuestro camino de salvación está estrechamente ligado a la respuesta que demos a esa pregunta.

El verdadero cristiano no lo es sólo por el hecho de haber sido bautizado, lo es por una razón más profunda. No lo es tampoco por asistir a la iglesia una vez a la semana; el formalismo no es cristianismo. La religión del verdadero cristiano está en su corazón y en su vida, y es algo que otros pueden ver en su conducta diaria. El conocimiento bíblico, la fe, la esperanza, la reverencia, la obediencia son rasgos distintivos del carácter del verdadero cristiano.

El Señor Jesús establece el principio general que nadie es hijo de Dios a menos que ame al Unigénito Hijo de Dios.

Por tres veces el Señor Jesús le pregunta a Pedro, “¿Me amas?” Observemos que no le hizo preguntas como las de: ¿Crees? ¿Te has convertido? ¿Me obedecerás? Sino simplemente le preguntó: ¿Me amas?

El cristiano verdadero muestra estos sentimientos hacia Cristo, y se distingue por ellos. En las palabras de 1 Juan 4:19 tenemos la respuesta, “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” El cristiano verdadero ama a Cristo por todo lo ha hecho por él, por todo lo que todavía hace por él, y todo lo que hará. El creyente sabe que diariamente Cristo le perdona sus faltas, cura sus enfermedades, e intercede por su alma delante del Padre, provee gracia y misericordia a cada instante. El amor a Cristo es la fuente del servicio cristiano. Poco haremos por la causa de Cristo si nos movemos impulsados por el simple sentido de la obligación o por lo que es justo y recto.

¿Cómo podemos manifestar este sentimiento hacia Él? Si amamos a una persona desearemos pensar en ella durante el día; su recuerdo cruzará nuestros pensamientos muchas veces. Si amamos a una persona desearíamos oír hablar de ella, sería un placer para nosotros oír a otras personas hablar de ella, y mostramos interés por cualquier noticia que haga referencia a ella. Como también leer sobre ella, nos esforzaríamos por complacerla, desearíamos amoldarnos a sus gustos y opiniones y obrar según su consejo. Con tal de agradarle, mostraremos interés en hacer aquello que por naturaleza no estamos inclinados a hacer. Abandonaríamos cualquier práctica o hábito si sabe que es algo que no le complace. Pues bien, lo mismo suele suceder entre el creyente y Cristo. Si lo amamos también amaremos a sus amigos, porque compartimos un mismo amor hacia Cristo. Seremos celosos por su nombre y honra, y no permitiremos que se hable mal de Él, sino que saldremos en su defensa. Desearemos hablar con Él, le diremos todos nuestros pensamientos, y le abriremos nuestro corazón. Y finalmente desearemos estar siempre con Él, en su compañía, continuamente.

Estas son las características por las cuales se descubre el verdadero amor. Consideremos la pregunta que el Señor le hizo a Pedro, y tratemos de contestarla nosotros mismos.

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