Toda la verdad 2

En el universo de Dios, la verdad existe como sistema. Es decir, todo tiene relación con todo. No podemos dejar afuera ningún elemento sin ocasionar un defecto en alguna medida en el cuadro total. Por eso, cuando vivimos sin tener en cuenta todo el sistema, vivimos, en alguna medida, confusos y perjudicados. (Foto: Nathan Friedly/Flickr)

Reina el conflicto entre los unos y los otros con respecto a los pareceres y prácticas. Nos quedamos cortos en cuanto a soluciones para los muchísimos problemas, y ni siquiera nos ponemos de acuerdo en cuanto a cuál es la verdadera naturaleza y cuáles son las dimensiones de los mismos.

Escribí en la primera entrega sobre la soberanía de Dios y la responsabilidad del hombre, que la frase abarca toda la realidad de nuestra existencia. Nos precisa saber de esta realidad. Tenemos que investigar la Biblia, la Palabra de Dios, para escuchar a Dios mismo explicándose, cómo es y cómo es su mundo. Casi desde el comienzo de nuestra investigación, descubrimos que el tema presenta un dilema. ¿Cómo puede Dios ser siempre soberano sobre todo en sentido absoluto, y a la vez ser libre el hombre para actuar con auténtico sentido en lo que hace?

La Biblia presenta lo que es para nuestra mente finita un dilema, una contradicción.

a. Enseña que Dios es el que hace todas las cosas según su voluntad. Busque y medite en su contexto los siguientes textos: Ef. 1:11; Dn. 4:35; 1 S. 2:1-10; Job 23:13; Sal. 33:9-11; Sal. 115:3; Sal. 135:6; Pr. 16:33; 21:1; Ec. 7:14; Is. 14:24-27; Is. 43:12; 44:24-28; 46:10-11; Mt. 11:25-26, Hch. 2:22-24; 3:18; 4:28; Hch. 17:28, “porque en Él vivimos, nos movemos y somos”; Ro. 8:28-30; 9:10-18; Ro. 11:32-36.

Es decir, el hombre no es dueño de su vida y destino: Sal. 37:23; Pr. 16:1-9; Pr. 20:24; Fil. 1:13; Ro. 9:16. Aun los pensamientos, las decisiones y los afectos humanos son lo que son porque así determinó y así obra Dios Ro. 11:36. Dios hace todo lo que quiere hacer, Sal. 135. Es cierto que el hombre hace lo que el hombre quiere (“No queréis venir a mí”, Jn. 5:40), pero el hombre al hacer así, siempre termina haciendo lo que Dios ha decretado. La decisión de Dios no es nunca dependiente de la del hombre en lo más mínimo; el cumplimiento de su voluntad no depende del permiso humano. No son dos voluntades coordinadas; no están en el mismo nivel. La voluntad del hombre, aunque libre, sí, siempre depende de Dios. El hombre no es autónomo, sino que hace siempre según el programa eterno divino.

Estamos hablando del Dios único y verdadero: Is. 43:10; 44:6-8; 45:5-7. Es siempre necesario hablar y pensar en este Dios, en todo, siempre, y en cuanto a todo.

b. Pero a la vez la Biblia enseña que el hombre tiene deberes ante Dios, y que si no los cumple, Dios lo castiga. Si los cumple, Dios lo galardona. Ro. 2:6; 2 Co. 5:10; Ap. 20:11-15.

Jr. 17:10, Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras.

Ez. 18:30, Por tanto, os juzgaré, a cada uno conforme a su conducta, oh casa de Israel- declara el Señor Dios-. Arrepentíos y apartaos de todas vuestras transgresiones, para que la iniquidad no os sea piedra de tropiezo.

Mt. 16:27, Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces recompensará a cada uno según su conducta.

1 Co. 3:8, Ahora bien, el que planta y el que riega son una misma cosa, pero cada uno recibirá su propia recompensa conforme a su propia labor.

2 Co. 5:10, Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo.

Ap. 22:12, He aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra.

Ec. 12:13, La conclusión, cuando todo se ha oído, es ésta: teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto concierne a toda persona. Porque Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo.

Así, vemos que la Biblia enseña que el ser humano se encuentra bajo obligación ante Dios, porque el hombre es criatura, creado a la imagen de Dios, pero ahora caído, aunque siempre dependiente como criatura, dependiente ahora más que antes porque es pecador en todo y en todo sentido.

Nace la pregunta, pues, pensando en estos puntos arriba, a) y b): ¿Cómo es posible que Dios castigue al hombre por hacer o no hacer lo que Dios determinó inmutablemente que hiciera o no hiciera? No tiene sentido. Más que no tener sentido, ofende nuestra idea de justicia y de valores. Además, preguntamos, si Dios hace todo, ¿será que lo que el hombre hace carece de valor? ¿Será que lo que parece ser libertad humana no es más que una ilusión engañosa y efímera? Si es el caso, ¿para qué actuar, para qué preocuparnos por obrar?

El enfoque del tema que estamos mirando es para tener presente la importancia de entender las cosas como son, para no vivir fantasías mentirosas que traigan consecuencias desastrosas, quizás la más peligrosa, la de negar al Dios verdadero tal como es, la de opacar o negar su gloria, o, por el otro lado, los errores de la pereza, la desobediencia, el descuido, la indiferencia, la negligencia. “El salario del pecado es la muerte.”

Bien: la tesis que presentamos es esta:

La Biblia enseña que Dios es soberano de manera absoluta, en todo, y siempre. Todo lo que sucede, sucede por voluntad (decreto) de Dios. A la vez, la Biblia enseña que el hombre, criatura de Dios, actúa libremente, y que recibirá según sus obras estando bajo el deber de cumplir todo lo que Dios exige. Se hace culpable y sujeto a sanciones cuando desobedece a Dios. Debemos creer y actuar consecuente con estas dos enseñanzas, con todo lo que la Biblia enseña en todo, porque la Biblia es la Palabra de Dios.

Por lo tanto, si la Biblia enseña dos cosas aparentemente contradictorias para nuestra mente, no nos es permitido mermar o limitar una verdad para favorecer la otra, sino que cada verdad tiene que permanecer en la forma tal como la Biblia la presenta, porque toda la Escritura es inspirada por Dios. El dilema de esta realidad para la lógica y el entendimiento humano es obvio. ¿Cómo pueden ser ciertas ambas verdades a la vez? No sabemos. La vida en algunos aspectos es en verdad misteriosa. Muy bien sabemos que las cosas no están bajo nuestro dominio, y sin embargo, sí, las cosas tienen relación auténtica con nuestro esfuerzo e inteligencia. La relación entre las dos cosas es un misterio; no la entendemos.

En una próxima entrega, vamos a señalar algunos textos bíblicos que presentan en el mismo texto ambos elementos de nuestro tema. Los encontramos en el mismo texto y el texto no ofrece explicación de cómo ambos pueden ser ciertos a la vez. Recordemos que nuestra autoridad en cuanto a lo que debemos creer y hacer es la Biblia. Escuchemos cuidadosamente toda la Biblia para saber qué dice. Queremos tener como lema “Sola Escritura”, pero a la vez, como lema implícito en este, insistimos en “Toda Escritura” (es decir, toda la Biblia).

 

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