Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, amor y de dominio propio” 2 Ti. 1:7

A. Lo que no es
Entre muchas otras cosas:

1. No es la reacción orgánica frente a aquello que nos puede causar sufrimiento. El mejor ejemplo está en Jesús, cuando estaba en el huerto. Él sabía que le había llegado la hora de recibir el horrendo castigo en lugar de su pueblo, en su humanidad. Como resultado se entristeció y se angustió, de tal manera que en su agonía sudaba como grandes gotas de sangre, y dijo: “Padre mío, si es posible, pasa de mi esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” Leer Mt. 26:36-42; Lc. 22:39-44

2. Tampoco es huir o evitar un conflicto bélico. Tenga en cuenta que los cristianos somos llamados a no resistir al que nos hace violencia y a apartarnos de la contienda insensata. Reaccionar con violencia no es valentía, en realidad es insensatez. Leer Mt. 5:39; 2 Ti. 2:14; Pr. 14:29; 19:19

B. Lo que es
Entre otras cosas:

1. Es dejarse controlar del miedo, de tal manera que no se actúa como Dios lo ordena en sus Escrituras. Veamos dos ejemplos.

a. Abraham ordenó a Sara decir verdades a medias para evitar la muerte. Gn. 12:10-20

b. Pedro negó tres veces a Jesús, por miedo a sufrir la misma suerte de Jesús. Mt. 26:69-74

2. Es no querer confesar a Cristo delante de los hombres para no ser rechazado. Aunque esto se vio en los dos ejemplos anteriores, aquí se habla específicamente de la cobardía de hablar de Cristo. Esto puede ocurrir por evitar la pérdida de amistades, o del empleo, o para evitar el ser mal tratado, o el ser rechazado por el mundo y ser visto como ridículo delante de los demás. Es muy común la idea de que para testificar de Cristo es suficiente con mostrar algo de buena moral, algo así como dar buen testimonio, pero esto no es más que cobardía. Testificar de Cristo sí es mostrar una vida de santidad, pero tal santidad debe incluir la presentación directa del evangelio. Leer Mt. 10:26-33; Ro. 1:16-17

3. Es no querer abandonar uno o unos pecados por temor a perder privilegios. Para una persona en este caso, pesa más lo que supuestamente va a perder; cree que si rompe con tal pecado entonces no recibirá algunos beneficios que persigue. Esta persona quiere seguir a Cristo, sí, pero no quiere romper con lo que ofende a Dios. Leer Lc. 14:25-33

C. Por qué se actúa con cobardía

1. Por la ausencia del verdadero amor hacia Dios. Esto es característico en una persona que está muerta en sus delitos y pecados. Pues donde no existe el verdadero amor por Dios, la cobardía toma el control. Leer 1 Jn. 4:18

2. Por un bajo nivel de amor. Aquí, como en el caso de Pedro al negar a Jesús, no es por falta de vida espiritual, pues Pedro era salvo. Más bien son momentos en que el cristiano deja de velar y orar, y quita sus ojos de Jesús por un momento. Su viejo hombre se levanta y lo hace caer, pero al igual que Pedro, experimenta un dolor profundo y un arrepentimiento verdadero. La cobardía no se enseñorea de aquel que fue perdonado y limpiado por la sangre de Cristo. Las personas verán la evidencia, como la vieron los judíos en el mismo Pedro, quien luego de pentecostés testificaba de Jesús, sin importarle las consecuencias terrenas. Leer Mt. 26:75; Ro. 6:6-14; Hch. 4:1-22; 5:17-42.

D. Resultados de la cobardía

1. Para el que por dejar de velar y orar actúa con cobardía:
En este caso la disciplina de Dios no se hace esperar, porque así como un padre disciplina a su hijo que hace lo incorrecto, así mismo Dios, como Padre, aplica su vara para corregir a aquellos que adoptó como hijos. Dicha disciplina termina en que los hijos de Dios mejoran su comportamiento. La persona resulta entendiendo que la comunión con Dios, y no con el mundo, es lo único que tiene valor. Leer Heb. 12:5-11; Fil. 1:6; Gal. 1:10

2. Para el que la cobardía es una práctica:
Negar a Cristo y no romper con el pecado, son evidencia de la ausencia de la gracia de Dios en el corazón. Eso es una maldad que se paga con el tormento eterno, en un lugar donde el fuego no se apaga, donde el gusano nunca muere, donde el humo del tormento sube por los siglos y no hay descanso, ni de día ni de noche. Leer 1 Jn. 3:8; Ap. 21: 8; Mr. 9:43-48; Ap. 14:10-11

Conclusión
Porque todo el que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” 1 Jn. 5:4

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