Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido que no haya de salir a la luz” Mr. 4:22


Los hombres queremos encubrir nuestra maldad a toda costa, pero al mismo tiempo queremos que todos sepan de nuestra supuesta bondad. ¿Tendremos éxito si actuamos así? Veamos lo que dice la Biblia acerca de quien obra mal, y para ser equilibrados, veamos también lo que ésta dice de quien hace obras buenas.

 

A. Obras malas. Aquí se incluyen las maquinaciones, las palabras y las acciones.

1. Algunos tienen una astucia tan aguda, que ni las personas más cercanas imaginan que están tratando con un hipócrita. Muchos de ellos pueden pasar toda la vida sin que alguien sepa de sus maldades. Esta persona se siente contenta por su “éxito”, por la forma como engaña a las demás personas, y por ello cultiva y pule su hipocresía, para no ser descubierto, (al menos así piensa él) Jn. 12:4-6; Sal. 55:12-14

2. Otros hipócritas, al ser descubiertos, mienten, culpan a otros, y en caso de no poder esconder o escapar, se justifican, porque quieren salir limpios siempre.

En los dos casos anteriores, no existe dolor por el daño causado. Las personas continúan como si nada hubiese pasado. No piden perdón, aunque el daño que causaron sea evidente. Piensan que pedir perdón sería reconocer su falta, y esto los bajaría de la posición en la que se han puesto delante de los demás. Pero su falsa apariencia será descubierta, sea en esta tierra o en el juicio. A estos, Dios les dice: “¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” Mt. 23:33

3. El que es justo no está blindado. El rey David fue un hombre justo, y cometió pecados ocultos, pero a diferencia de los hipócritas, por tener el Espíritu de Dios, su reacción fue diferente.

a. El hacer cosas ocultas no fue su práctica. Hizo lo que hizo porque no estaba velando y orando, como debería. El cristiano verdadero en su vida privada quiere y lucha por hacer lo santo. Esa es su naturaleza.

b. David no se sentía tranquilo ni triunfante por no haber sido visto. Desde su pecado, la mano disciplinadora de Dios se agravó sobre él de día y de noche. Su vida se le convirtió en una depresión total. Sentía que sus huesos se envejecían y todo bienestar se le convirtió en amargura. Su paz solo llegó cuando Dios, en su gracia, le produjo el arrepentimiento y él confesó sin reserva su pecado. 2 Sm. 12:12-13; Sal. 32.

 

B. Obras buenas

1. De los que no conocen a Dios. Estos no quieren hacer algo bueno a favor de otros sin que los demás sepan. Algunas de las razones pueden ser:

a. Su objetivo no es glorificar a Dios, sino que buscan la gloria de los hombres. Por tanto no ven provecho en que sus supuestas obras buenas queden ocultas. Jn. 5:44

b. También tienen como objetivo buscar algún bien, o lo hacen por tapar su hipocresía. Leer Mt. 6:1-2; 23:5

c. Muchas de sus “obras buenas” son hechas para contender o para humillar. Leer Fil. 1:15; Pr. 23:6-8

2. De los que conocen a Dios. Aunque dentro de sí existe una terrible lucha para dar a conocer sus obras buenas, la tendencia o práctica es a ocultarlas. Algunas de las razones pueden ser:

a. Ya no vive para buscar agradar a los hombres, sino a Cristo. Gal. 1:10

b. Por lo anterior, procura hacer las obras para Cristo y no para los hombres. Col. 3:23

c. Sabe que no existe ningún provecho en promocionarse. Leer nuevamente Mt. 6:1-2

d. Y, aunque no lo hace por ello, sabe que la recompensa viene del Señor. Mt. 6:3-4

 

Conclusión

Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después. Asimismo se hacen manifiestas las buenas obras; y las que son de otra manera, no pueden permanecer ocultas” 1 Ti. 5:24-25

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