Porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén…” 2 Co. 1:20


Quiero recordarles tres promesas que nuestro Dios misericordioso hace al creyente, y éstas para tres necesidades del alma.

Dios promete el perdón, la limpieza y el olvido de nuestros pecados. Quizá los hombres no nos perdonen los daños que les hayamos hecho, aunque con sus labios digan que sí. Pero en el caso de Dios el perdón, la limpieza y el olvido es real. Él no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Las Escrituras dicen en 1 Jn. 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” Y en Miq. 7:18 “Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.”

Dios promete hacernos santos. Cuando leemos el sermón del monte, aunque tenemos la obligación de obedecer cada mandato, debemos reconocer sinceramente que no podemos cumplir ni una “jota” de todo cuanto Jesús ordena. Dios lo sabe, por ello, un poco antes de terminar el sermón, dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hablaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá...” Mt. 7:7-11 Sí, nuestro Padre celestial hace realidad esas cosas buenas en nuestras vidas, si se las pedimos creyendo.

Dios promete paz en medio de las tribulaciones. Pablo, desde una cárcel del imperio romano, habla de esta promesa tan preciosa, y además lo hace por experiencia propia. Les dice a los hermanos de Filipos: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” Fil. 4:6-7 Este pasaje no dice que Dios quitará la tribulación, lo que sí garantiza es esa paz que nadie puede explicar.

Jesús dice: “Y todo lo que pidieres al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” Jn. 14:13-14

 

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