A finales del siglo XIX las personas eran obligadas a trabajar entre 12 y 16 horas. Esto traía problemas, para la salud, la familia y hasta para las empresas mismas. En una de las protestas realizadas, el 1 de mayo de 1886, en chicago USA, murieron 8 trabajadores, motivo por el cual las autoridades redujeron a 8 horas diarias la carga laboral. Así fue como comenzó oficialmente a celebrarse el 1 de mayo como el día del trabajo. Revisada la historia de este día, veamos algunas cosas más sobre el trabajo.

El trabajo es una actividad buena. Fue ordenado por Dios y permanecerá para siempre. No fue una consecuencia negativa por la caída del hombre. Fue dado al hombre en su estado de inocencia. Además, continuará para los que estaremos para siempre con Él. El trabajo es benéfico para el hombre, véase (Gn. 2:15-20; Ap. 22:3-4)

El trabajo es uno de los medios de la providencia de Dios, para que la persona: 1) Reciba su sustento diario. (1 Ts. 4:11-12), 2) ayude al necesitado. (Ef. 4:28), 3) honre al Señor. (1 Co.10:31)

El pecado afecta la belleza y los beneficios del trabajo. Miremos algunos de los tantos pecados que lo afectan:

1) La pereza. Este pecado (el cual envuelve multitud de pecados), hace ver al trabajo como una carga. Priva a la persona de los beneficios de trabajar, y la conduce a actuar indignamente en la búsqueda de su sustento. Dios dice que debemos ayudar al necesitado, pero no a aquel que lo está por causa de la pereza, pues Él mismo dice, que el que no quiera trabajar, que tampoco coma. (Pr. 6:6-11; 24:30-34; Ecl. 10:18; 1 Ts. 3:10)

2) La codicia. Este puede ser el caso opuesto al del perezoso. Una persona con codicia no quiere parar de trabajar, no deja tiempo ni para descansar ni para disfrutar de lo que ha conseguido, y hasta profana el día del Señor, sin temor. Puede que su trabajo no sea deshonesto en sí, pero su objetivo sí lo es: solo quiere tener y tener. (Is. 5:8-10; Ecl. 4:8; Lc. 12:13-21)

3) Trabajos deshonestos. Existen personas muy diligentes, pero ponen todo su empeño en trabajos que les hacen daño tanto a ellos como a otros. Negocios como la venta de bebidas alcohólicas, drogas, y otros, lo cual pervierte el concepto de trabajo. (Hab. 2:9-15)

Todos, en alguna medida, hacemos cosas que no honran los objetivos que Dios le dio al trabajo. Es necesario una humillación profunda delante de nuestro Dios santo. Debemos clamar por perdón, también una limpieza y una mudanza definitiva de vida. Es necesario que la sangre de Cristo sea aplicada a nuestras almas, para que sea limpiada de las obras muertas y así podamos servir de corazón puro al Señor. (Heb. 9:14)

¡Feliz día del trabajo!

 

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