ElVenenoDeLaHipocresia 

“...por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”. Mt. 23:28 (Foto: De Huichelaars/Wikimedia)


De acuerdo con el diccionario expositivo bíblico VINE la raíz griega de la palabra hipócrita describe a un actor en escena. Los actores griegos y romanos usaban máscaras grandes con dispositivos mecánicos para aumentar la potencia de su voz, seguramente para divertir, pero ¿será que el hipócrita que describe la Biblia es divertido o inofensivo? Una definición relacionada, esta vez en el Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, dice que el hipócrita es la persona que ha desarrollado la habilidad de aparentar lo que no es, que oculta sus verdaderos pensamientos, actitudes e intenciones, bajo una máscara de falsas apariencias. Al respecto puede leerse en la Biblia Mateo 23.

La hipocresía se origina en el corazón carnal, con el que llegamos a este mundo, porque este es engañoso y perverso, más que todas las cosas (Jer. 17:9). En este sentido, todos estamos expuestos a actuar hipócritamente, y sin duda en mayor o menor grado ya lo hemos hecho (Gal. 2:11-14).

El comienzo de la hipocresía siempre es sutil, y puede darse a cualquier edad, puede ser apenas ocultar algo, y al ver que tal práctica da “resultado”, porque nos creen o no nos descubren, y por tanto nos convencemos de que la falsedad es una “fuente de prosperidad”. Con el correr de los días, la falsedad puede extenderse a todas las áreas de la vida e incluso podemos llegar a cambiar las amistades, por aquellas que también son hipócritas. Por esto nuestro Señor advirtió a los discípulos para que se cuidaran de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, porque con solo un poco de ella se leuda toda la masa (Lc. 12:1).

El hipócrita puede hacer cosas que confunden y engañan a los débiles, por ejemplo:

• Puede hacer obras sociales. Esta es una de las armas más usadas para cubrir su identidad verdadera. Su propósito no es la gloria de Dios, sino mostrar que “es bueno”; busca solo la gloria de los hombres. (Mt. 6:1-4)

• Hace obras de piedad, como orar. Sus oraciones son públicas, pues al igual que con las obras sociales, su intención es buscar la gloria de los hombres. No hace una sola oración sincera a solas con Dios, para él es esencial ser alimentado por el reconocimiento público. (Mt. 6:5-6)

• Puede llegar a enseñar verdades bíblicas. Esto no quiere decir que todo cuanto enseña sea cierto, solo algunas cosas, las cuales mezcla con sus ideas, de lo cual resulta una mentira con apariencia de verdad. Un ejemplo de esta mezcla está en la enseñanza sobre el día de reposo. (Mt. 12:1-14)

• Puede llegar a hacer señales sobrenaturales. El Señor advirtió sobre la proliferación de falsos maestros y falsos cristos que harían señales y prodigios para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos. Este hipócrita hasta usa el nombre de Jesús, lo cual le puede dar éxito, porque el que escucha puede pensar equivocadamente que se trata del Jesús de la Biblia, cuando en realidad no lo es. (Mt. 24:24; 2 Co. 11:3-4; Mt. 7:21-23)

Las acciones de los hipócritas no son inofensivas, por el contrario, son en extremo peligrosas. Son siervos del diablo: sus “habilidades” para engañar fueron pulidas por el Enemigo. Es posible que piensen como Sedequias (un profeta falso que alimentaba la impiedad del rey Acab), en cuanto a que es el Espíritu Santo el que opera en ellos, pero la realidad no lo es (1 R. 22; 2 Co. 11:13-15). Son traidores: pueden mostrarse amigos, por años, para ganar la confianza de aquellos a los que piensan engañar, tal como lo hizo Absalón para buscar derrocar a su padre. (2 S. 15) Son insensibles: como lo fue Judas cuando el Señor le dijo a sus apóstoles que uno de ellos lo entregaría; todos sintieron pavor, y por ello preguntaban con tristeza: ¿soy yo Señor? Pero Judas, a diferencia del resto, no experimentó temor alguno. (Sal. 41:9; 55:12-14; Mt. 26:21-25)

Sus enseñanzas son veneno, porque tuercen las Escrituras (2 P. 3:16); aumentan o quitan a las Escrituras, según sus intereses (Mt. 15:1-9); inventan doctrinas, y aunque diabólicas, parecen piadosas (1 Ti. 4:1-5); dicen lo que cada uno quiere oír, procuran no hablar del pecado (excepto de supuesto robo cuando sus seguidores no le dan el dinero que pide), pero sí habla de las bendiciones que supuestamente Dios promete en esta tierra: “una vida de salud perfecta, prosperidad económica y ausencia de problemas”. (2 Ti. 4:3-4; 2 P. 2)

Cuidado, el que no quiera creer en la verdad dada en la Biblia será entregado a los hipócritas, por Dios mismo, para que se condene (2 Ts. 2:8-12). De otra parte, si alguno tiene la costumbre de mentir, debe saber que está adorando a Satanás; que está haciendo el curso para llegar a ser un engañador practicante y el infierno lo está esperando, como también a su amo (Ap. 21:8). En cambio, a los hermanos, les ruego que nos afirmemos en la verdad; que no miremos más a la mentira como a una fuente para salir de los problemas, sino más bien como una trampa mortal.

¡Jesucristo cargó todas nuestras mentiras para que nosotros vivamos en la verdad! (Col. 3)


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