“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” Eclesiastes 3:1 (foto: Mary Crandall/Flickr)
Se que estar quietos en estos momentos de crisis, no es lo que el ser humano quiere debajo del cielo, pero es Dios quien así lo ha dispuesto. Y lo ha dispuesto para favorecer de manera especial a su pueblo, favor antes que físico, espiritual. Israel en tiempos de “crisis”, en su desespero, tenía la tendencia de regresar a Egipto, figura del mundo de pecado, para dar “solución” a sus problemas, pero Dios les decía: “Ciertamente Egipto en vano e inútilmente dará ayuda; por tanto yo le di voces, que su fortaleza sería estarse quietos.” Isaías 30:7
Existen crisis o batallas a las cuales Dios nos manda ir, es decir, nos usa como sus instrumentos, como sus herramientas en sus manos para pelear la batalla, en otras, como la que hoy experimentamos, Él actúa solo y nos dice, como le dijo a Josafat: “...no es vuestra la guerra, sino de Dios...paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros...” 2 Crónicas 20.
Pero cuidado, no sea que nuestro cuerpo este quieto, pero nuestro corazón este corriendo para Egipto. Por ello, para que esto no acontezca en esta quietud física:
“Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos;
Derramad delante de él vuestro corazón;
Dios es nuestro refugio. Selah” Salmos 62:8