Experimentar solo dolor por la tragedia de otro y no hacer nada, no es compasión. Experimentar dolor por la infelicidad del otro y actuar pecaminosamente para ayudarlo tampoco es compasión. Experimentar dolor por el sufrimiento de otro y hacer algo por él por interés, sea económico o búsqueda de la gloria de los hombres, tampoco es compasión. La compasión es un don de Dios que conduce a la persona a experimentar tristeza al ver padecer a alguien y lo impulsa a remediarlo bíblicamente, con el fin único de glorificar a Dios. Es también, para la gloria de Dios, actuar preventivamente para evitar el sufrimiento del prójimo. (Mt. 6:1-4; 1 Co. 13; Lc. 10:25-37; Stg. 5:11; Job 42; Dt. 22:8; 1 Co. 10:31)

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