Todo ser humano pecador, sin excepción alguna, tiene la necesidad y el deber de creer el evangelio del Señor Jesucristo (Jn. 3:13-18, 35-36), porque no hay otra forma de escapar del juicio de Dios a causa del pecado; (Hch. 4:12; Jn. 3:36). El problema es que ningún pecador tiene en sí la capacidad de reconocer su necesidad del evangelio, y tampoco la de creerlo sin que antes Dios realice cierta operación en su ser. (Dt. 30:6; Ez. 36:26,27; Jn. 3:3) Toda persona debe saber que su destino eterno depende de creer, o no creer, en el señor Jesucristo.

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