El Arminianismo y la gloria de Dios compartida

Otorgarle al hombre la capacidad de creer o no creer es caer de la gracia y descansar en las obras; en este caso es atribuirle al hombre la fe como una obra o un mérito que es tomado en cuenta por Dios para otorgarle la redención y la salvación de su alma. (Foto: Pedro Tavares/Flickr)

 

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El Arminianismo y la gloria de Dios compartida

 

Lo que me ha correspondido tratar en esta oportunidad, consiste en analizar si el sistema teológico que deposita en la decisión y capacidad del hombre la aceptación del llamado a la fe y al arrepentimiento para salvación, es un sistema que de alguna manera otorga al hombre participación en cierta parte del proceso de salvación, y, en consecuencia, el hombre merece alguna clase de reconocimiento por dicha cooperación.

Resumiré lo que acabo de decir planteando el siguiente interrogante: ¿la palabra de Dios enseña que el hombre coopera en el proceso de salvación de tal forma que pueda compartir la gloria con Dios con respecto a la salvación de su alma?

I. Breve exposición de la Doctrina Arminiana; el sistema teológico que atribuye al hombre una participación importante en el proceso de salvación es un sistema que desafortunadamente está bastante difundido en nuestro medio eclesiástico. Se trata del Arminianismo.

Los Cinco Artículos: en el año 1610, un año después de la muerte de un reconocido profesor de teología el holandés, Jacobo Arminio, basados en sus enseñanzas, sus seguidores formularon cinco puntos o artículos de fe que se conocen como los cinco puntos del Arminianismo. En estos artículos se deja ver claramente cómo desde el principio se le atribuye al hombre la capacidad para participar en el proceso de salvación.

1. Insiste en que la voluntad del hombre no fue gravemente afectada por la caída y que en consecuencia posee un libre albedrío que le permite a su antojo o propia voluntad arrepentirse de su pecado y creer. Su destino eterno depende de la manera cómo utilice este libre albedrío.

2. Dice que Dios no escogió para salvación basado en su elección soberana, sino en su presciencia. Es decir que Dios eligió a aquellos que Él sabía iban a arrepentirse y creer por su propia voluntad. Por la aceptación voluntariosa del hombre determinó su elección.

3. Habla de una redención universal; esto significa que el Hijo murió por todo el mundo y su muerte hizo posible la salvación de aquellos que voluntariamente quisieran aceptar el llamado a la fe y al arrepentimiento.

Quiero detenerme un poco más en este asunto; esta afirmación asegura que el Señor Jesús murió por ninguno, sólo murió para hacer posible la salvación de aquél que quiera salvarse a sí mismo. Aquí es donde empezamos a ver de manera más clara cómo el Arminianismo le da una participación importante al hombre en el proceso de salvación, pues finalmente depende de la voluntad del pecador, pues como vimos, si quiere, puede creer y arrepentirse, y si no quiere, desecha el mensaje de salvación. A menos que el pecador coopere enérgicamente con ella, no hay redención.

En últimas, la eficacia de la obra redentora del Señor depende de la decisión del hombre. En este sistema no importa cuán grande sea la parte que Dios aporta a la obra de salvación, finalmente el hombre tiene que aportar su parte, mediante su poder de decisión, y puede compartir la gloria con Dios con respecto a su salvación. Puede decir: Dios hizo su parte y yo la mía; por eso soy salvo.

El pecador que decide salvarse tiene algún mérito propio, y tiene de qué jactarse. Lutero, comentando al respecto, dijo que el hombre siempre quiere invertir el orden de las cosas, y en este caso resulta haciéndole un favor a Dios al aceptar su ofrecimiento, y no que el hombre quede como deudor de aquel de quien ha recibido tan magnífico bien.

4. Este punto habla acerca de la obra del Espíritu Santo en el proceso de salvación; insiste en que el Espíritu Santo hace todo lo que más puede para atraer a cada pecador a la salvación. Pero dado que el hombre tiene capacidad para decidir si acepta o no, el pecador bien puede resistirse y rechazar la obra del Espíritu hasta cuando él quiera.
De esta forma se echa por tierra la obra regeneradora y vivificante que cumple el Espíritu Santo en la obra de Salvación. El Espíritu Santo es resistido, y sólo se atribuye un llamado externo e ineficaz ignorando y negando que es solamente mediante el llamado interno y eficaz del Espíritu que el hombre puede ser regenerado y convencido de su terrible estado y ya regenerado pueda creer y arrepentirse. El Espíritu Santo es el único que puede producir salvación en el alma rebelde.

5. En este punto no sólo está en juego la gloria de Dios, sino que se subestima el poder de la obra de Dios. El poder del Señor no es eficaz para salvar al pecador que quiere creer, sino que el poder del Señor es capaz de hacer creer al pecador para asegurar su salvación. Él es poderoso para dar a los hombres un corazón nuevo y obrar fe en ellos.

II- Que dice la Escritura: Ef. 2:8-10.

- No hay espacio en este pasaje para atribuir mérito alguno al hombre y compartir la gloria con Dios en cuanto a la salvación. “...EI que se gloría gloríese en el Señor” (1 Co. 1: 31).

- Decir que Dios necesita que el hombre aporte su parte para consumar su salvación es robarle de una manera descarada la gloria a Dios y llenar a los hombres de una idea falsa, para que confíen en su propio esfuerzo y virtud y se hinchen de vanidad, no dejando lugar a la gracia y a la acción indispensable del Espíritu Santo.

- Otorgarle al hombre la capacidad de creer o no creer es caer de la gracia y descansar en las obras; en este caso es atribuirle al hombre la fe como una obra o un mérito que es tomado en cuenta por Dios para otorgarle la redención y la salvación de su alma.

Conclusión: tengamos mucho cuidado para que nuestro anuncio del evangelio no deje al pecador decidiendo en su capacidad acerca de su salvación.

- Guardémonos de abrir las puertas del cielo a todo aquél que quiera entrar por ellas. Es sólo en la omnipotente gracia de Dios que el pecador puede esperar entrar al cielo.

- Es Dios y Dios solamente quien salva y que interviene activamente en todo elemento de todo el proceso salvador a Él y sólo a Él sea la gloria por los siglos de los siglos.

Atentamente, su servidor en Cristo, Eugenio Line.

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