El hombre piadoso

¡Tantas personas que no conocen a Dios por experiencia! ¿Cuántos de los que tienen conocimientos son sin embargo ignorantes? Tienen iluminación, pero no tienen santidad. Su conocimiento no tiene influencia poderosa sobre ellos para mejorarlos. Muchos, por sus muchos conocimientos, en lugar de ser mejores, son peores. (Foto: ec-jpr/Flickr)

 

Versión completa en pdf (3 páginas) 

DescargarBoton2

 

El hombre piadoso

El hombre piadoso es un hombre de conocimiento, es un hombre enseñado por Dios. Tiene el conocimiento de Dios (2 Cr. 30:22). Conoce y guarda la ley de Dios (Pr. 3:21). Tiene el olor grato del conocimiento de Dios. (2 Co. 2:14)

a. Un conocimiento fundamentado (Col. 1:23) que da una confianza única; hasta estar dispuesto a morir por lo que cree (2 Co. 5:6), así como hicieron los mártires. Hay mucha diferencia entre leer en cuanto a un país y el haber vivido en él, el haber gozado de su belleza, saboreado sus frutas y especias. Así es la diferencia entre conocer a Dios intelectualmente o conocerle “en Cristo”, de corazón convertido.

b. Un conocimiento que aprecia. Como el joyero sabe apreciar el valor de una joya, así el que estima a Dios sobre toda la gloria del cielo y las comodidades de la tierra. (Sal. 73:25)

c. Un conocimiento que vivifica. (Sal 119:93). Este conocimiento anima. Un hombre piadoso es uno que no solamente se ilumina con la reflexión, sino que se enciende de afectos.

d. Un conocimiento que se aplica. Como una medicina sólo tiene efecto cuando se aplica, así el conocimiento de Cristo tiene efecto sólo cuando se aplica. Un conocimiento que se aplica es un gozo. iQué gozo saber que Cristo es nuestro fiador (Heb. 7:22), nuestro abogado (1 Jn. 2:1), cuando estamos inundados en deudas!


Pero, ¿cómo puedo saber si estoy aplicando correctamente el conocimiento de Cristo, pues aun los hipócritas pueden pensar que están bien cuando no lo están?

a. El que aplica correctamente el conocimiento de Cristo se mantiene en unión con “Jesús” y “El Señor”. Muchos aceptan a Cristo como Jesús, mas lo rechazan como Señor. A no ser que su corazón sea el trono donde Él puede reinar, nunca será un sacerdote para interceder por uno.

b. El que aplica correctamente el conocimiento de Cristo recibe poder de Él, como en el caso de la mujer que tocó su manto (Lc. 8:43). El conocimiento que se aplica es una protección entre uno y el pecado, impidiendo que uno sea arrastrado por el pecado. Dicen que el diamante, colocado al lado del hierro, impide que este sea arrastrado por un imán. El conocimiento aplicado de Cristo es como el “diamante” entre uno y el pecado.

c. Un conocimiento que transforma. “Somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” (2 Co. 3:18). Como un artista que mira una cara y dibuja otra igual en su cuadro, así, mirando a Cristo en el espejo del evangelio, somos cambiados a Su semejanza.

d. Un conocimiento que humilla. El verdadero conocimiento nos libra del amor a nosotros mismos. Entre más sabe uno, más pena le da al reconocer su propia ignorancia.

e. Un conocimiento que crece. “Creciendo en el conocimiento de Dios.” (Col. 1:10). El verdadero conocimiento es como la luz de la mañana que aumenta en el horizonte hasta llegar a iluminar todo. Entre más conoce uno, más quiere saber; entre más riqueza tenga, más quiere tener. Aunque el apóstol Pablo conoció a Cristo, quiso conocerlo más (Fi. 3:10)

f. Un conocimiento que es práctico. “Las ovejas le siguen porque conocen su voz” (Jn. 10:4). Es un conocimiento acompañado por la obediencia. El verdadero conocimiento no sólo mejora nuestra vista, sino impulsa nuestros pasos. Es un reproche al cristiano vivir contrario a su conocimiento; saber que debe ser estricto y santo, y sin embargo vivir desordenadamente. No obedecer es igual a no conocer.

g. (1 Sm. 2:12). Ciertamente los hijos de Elí tenían conocimiento de Dios, porque enseñaban a otros; sin embargo, no conocían a Dios porque no le obedecían. Cuando el conocimiento y la práctica se encuentran, entonces anuncian mucha felicidad.

 

Probémonos por esta característica, la del conocimiento:

1. ¿Son santos los que siguen en las tinieblas? El alma sin ciencia no es buena (Pr. 19:2). Personas ignorantes no pueden dar “culto racional” (Ro. 12:1). Es triste que después de tantos años de tener el conocimiento de Dios entre nosotros, haya todavía personas bajo la influencia de la ignorancia. Probablemente son muy instruidos en las materias del mundo, pero de las cosas de Dios no tienen conocimiento. Nahas quiso hacer una alianza con Israel, y que cada uno se sacara el ojo derecho (1 Sm. 11:2). El diablo ha dejado a los hombres su ojo izquierdo -conocimiento en materia secular-, pero les ha sacado su ojo derecho; no entienden el misterio de la santidad. Se puede decir que son como los judíos, el velo está puesto sobre el corazón de ellos (1 Co. 3:15). Muchos “cristianos” no son sino paganos bautizados. ¡Qué triste estar sin conocimiento! (1 Co. 15:34). Para el hombre es vergonzoso ser un ignorante en su profesión, pero no se avergüenza de su ignorancia en cuanto a Dios. Tapar los ojos no le da entrada al cielo. Una cosa es no saber; otra es no querer saber. “Los hombres aman más las tinieblas que la luz.” (Jn. 3:19). Hombres perversos cierran los ojos de su propia voluntad (Mt. 13:15); luego, Dios los cierre en juicio (1 Sm. 6:10).


2. ¿Son santos los que aunque teniendo conocimiento sin embargo no conocen como deben conocer? ¡Tantas personas que no conocen a Dios por experiencia! ¿Cuántos de los que tienen conocimientos son sin embargo ignorantes? Tienen iluminación, pero no tienen santidad. Su conocimiento no tiene influencia poderosa sobre ellos para mejorarlos. Muchos, por sus muchos conocimientos, en lugar de ser mejores, son peores. (Is. 47:10). Tienen poca razón por qué gloriarse en sus conocimientos. Absalón pudo haberse gloriado de su cabello, pero ese mismo le colgó; así estos que estamos hablando pueden gloriarse del conocimiento intelectual, pero eso les destruirá.

3. ¿Son santos los que, aunque tienen una indicación y conocimiento, sin embargo, no tienen una confianza aplicada en Cristo? En el antiguo mundo muchos sabían que existía el arca, pero se ahogaron, porque no se metieron en ella. El conocimiento no puesto en práctica no hace sino alumbrar el camino al infierno. Mejor sería vivir como un salvaje que morirse siendo un incrédulo bajo el evangelio.

 


Pero, ¿cómo adquirimos este conocimiento salvador?


No es por el poder natural en uno (1 Co. 2:14). Nos toca rogar la ayuda del Espíritu de Dios (Ef. 1:17). El cocimiento salvador no es por especulación, sino por inspiración (Job 32:8). Pudiera ser que tuviéramos excelentes nociones de la teología, pero es necesario que el Espíritu Santo nos capacite para conocerlo de manera espiritual. Las Escrituras nos revelan a Cristo, pero el Espíritu revela a Cristo en nosotros (Gá. 1:16). El Espíritu da a conocer lo que nadie más puede: el sentido del amor de Dios.

Los que ya poseen este conocimiento salvador y santificador abundante en su ser, den gracias a Dios por ello. Deben ser tan agradecidos de que Dios les haya quitado las cataratas espirituales para que pudieran discernir la verdad tal como es en Jesús (Ef. 4:21), y que Dios les haya abierto, no sólo los ojos de su entendimiento, sino también los ojos de su conciencia. ¡Cómo deben admirar su gracia, en que no sólo les trajo la luz, sino que también les dio ojos para poder verlo! Nunca podrán agradecerle lo suficiente por esa misericordia tan grande.

Sólo resta anunciar que la fecha de la próxima reunión en la Biblioteca Para Pastores es el 15 de abril, comenzando a las 9:30 a. m. Esperamos su presencia y sus comentarios.
Atentamente, su servidor en Cristo, Eugenio Line.

 

- ♦ -

Volver