La oración y la palabra

Espero, hermano pastor, que esté ocupado en esta misma palabra, no solo para cumplir su comisión de ser fiel testigo de la verdad de Dios para la salvación de los oyentes, sino también para poder recrearse en el deleite de contemplar la gloria de este divino salvador.. (Foto: moyerphotos/flickr)

 

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La oración y la palabra

Estimado hermano pastor: La oración y la palabra. Ese fue el centro de la ocupación de los apóstoles según nos relata Lucas en Hechos, capítulo 6. No es difícil entender por qué ellos resistían toda distracción, pues querían concentrarse en estas dos cosas esenciales. Es que sólo Cristo salva, y Cristo es el tema central de toda la Biblia. Como Pablo escribió a los corintios después de su visita entre ellos: “...cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Co. 2:1,2). Más tarde, escribiendo la segunda carta a los mismos corintios, testificando de su filosofía de ministerio, se la explicó en estas palabras: “...No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.” (4:5)

Fue claro que predicaban al Cristo revelado en la Palabra profética más segura, la cual ellos, los apóstoles, habían recibido directamente de Dios. Era que había ya falsos mesías ofreciéndose. Es decir, habían surgido muchos anticristos (1 Jn. 2:18). Era necesario que los apóstoles se dedicaran a la palabra, porque sólo el Cristo verdadero salva. El Cristo que salva era el Cristo incrustado en el centro de la totalidad de la revelación divina dada en las Escrituras.

Si así fue el caso en los tiempos de los apóstoles mismos, ¡cuánto más es el caso ahora! Espero, hermano pastor, que esté ocupado en esta misma palabra, no solo para cumplir su comisión de ser fiel testigo de la verdad de Dios para la salvación de los oyentes, sino también para poder recrearse en el deleite de contemplar la gloria de este divino salvador.
Y, la oración también. Sólo Dios salva, y nuestra mirada se dirige necesariamente a Él, dependientes de Él, confiados en Él. Es decir, oramos, pidiendo que Él haga lo que solo Él puede hacer. Nos involucra en su programa salvador; nos constituye colaboradores suyos. Nos invita a pedir, a ser intercesores a favor de nuestros semejantes. Nuestras oraciones dan testimonio a aquellos a quienes predicamos que no nosotros, sino que Dios es el salvador. ¡A Él sea la gloria!

La Biblioteca Para Pastores existe para atraer al centro de nuestra profesión ministerial. Buscamos evitar las distracciones, aun las sanas, para concentrarnos en lo básico. Con tantas novedades calificándose de garantías del éxito, dejemos que las Escrituras nos mantengan en lo que Dios ordena como medios del crecimiento de su iglesia, medios que, por ser ordenados por Él, aseguran la aprobación suya. Como siempre, invitamos sus comentarios igual como su asistencia a las reuniones. La próxima reunión se llevará a cabo el lunes 17 de junio, comenzando puntualmente a las 9:30 am.

Bogotá, D.C.
5 de Junio de 2002

 

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