El nuevo nacimiento

Entonces, ¿cómo es que el hombre en esta condición de muerte, es decir, incapacidad total puede responder al llamado del evangelio para que se arrepienta, para que crea en Jesucristo como Salvador y Señor? Acaso, ¿no es esto una contradicción? ¿Cómo respondemos a esto? (Foto: robleto/Flickr)

 

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El nuevo nacimiento

¿Cómo describen las Sagradas Escrituras la condición espiritual de todo hombre como consecuencia de la caída? Es de muerte. Está muerto en sus delitos y pecados. Ef. 2:1,5; Col. 2:13
De ahí que no puede agradar ni acercarse a Dios. No quiere, no puede Ro. 8:7-8: “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Por esta razón: No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”. Ro. 3:11-12

A la luz de esta realidad que con precisión describe las Sagradas Escrituras: ¿qué puede hacer el hombre para superar esta condición de muerte? ¿Qué puede hacer para salvarse? Nada, absolutamente nada porque está muerto: “El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque pare él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. 1 Cor. 2:14

Entonces, ¿cómo es que el hombre en esta condición de muerte, es decir, incapacidad total puede responder al llamado del evangelio para que se arrepienta, para que crea en Jesucristo como Salvador y Señor? Acaso, ¿no es esto una contradicción? ¿Cómo respondemos a esto?

Desde el mimo Antiguo Testamento Dios advierte sobre la necesidad de este cambio radical que Él tiene que obrar en el hombre Ez. 11:19-20; Ez. 36:26-27. Dios no se limita simplemente a persuadir, no se limita simplemente a ofrecerle una alternativa, sino que se compromete a intervenir activamente, poderosamente.

¿Por qué razón Dios tiene que recrear el corazón? El hecho que se requiera la intervención creadora de parte de Dios obedece a la capacidad destructora del pecado, que Dios mismo había anticipado al hombre antes de que éste pecase: “pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás” (Gn. 2:17)
El hombre, como consecuencia de su pecado, está “muerto”. Por lo tanto, no tiene la capacidad de responder a las demandas justas de Dios; de ahí que sea necesario que Dios tenga que intervenir, con su acción creadora, para crear un corazón nuevo, es decir, una nueva naturaleza en el hombre.

Cuando pasamos al Nuevo Testamento igual se puede advertir sobre la necesidad de la intervención creadora de Dios Ef. 2:10: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras”.

La intervención sobrenatural de Dios para dar vida, Ef. 2:5: “Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo”.

Pero uno de los pasajes clave acerca del nuevo nacimiento es el dialogo de Jesús con Nicodemo en Jn. 3:1-15. “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” v. 3. La necesidad de Nacer de Nuevo como requisito previo para entrar en el reino de Dios v. 5: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”.

A la luz de estos textos podemos hacer varias precisiones:
• El nuevo nacimiento, la regeneración, es un acto exclusivo de Dios, una obra creadora exclusiva de parte de Dios, por lo tanto, una obra en la que el hombre no interviene no colabora, sino que es un sujeto pasivo.
• No somos nacidos de nuevo por medio de la fe o del arrepentimiento o de la conversión; nos arrepentimos y creemos porque hemos sido regenerados. La fe en Jesucristo es el resultado del nuevo nacimiento.
• El nuevo nacimiento es el inicio (introduce) de toda la gracia salvadora en nosotros, y toda la gracia salvadora en ejercicio de nuestra parte procede de la fuente de la regeneración: 1 Jn. 2:29; 3:9; 4:7;5:1,4,18

 

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