Cristo el unico refugio

Tú no puedes ser salvado sin la revelación de que eres un pecador bajo la ira de Dios. A menos que reconozcas esto, nunca puedes ser salvado, pues Cristo vino para salvar a aquellos que se veían a sí mismos como pecadores necesitados de salvación. Este es el primer paso que conduce al arrepentimiento. (Foto: Pablo Fernández/Flickr)

 

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original en inglés en: https://www.chapellibrary.org/book/ctor/christ-the-only-refuge

 

Cristo el único refugio
Tú eres mi esperanza … Saca mi alma de la cárcel” –Salmo 142:5,7
La fría realidad de la cárcel

 

Si estás leyendo esto probablemente estás, al igual que yo, en una cárcel en algún lugar del mundo. La gran mayoría de nosotros estamos en prisión porque hemos quebrantado la ley de nuestro país. Estamos en nuestras circunstancias actuales por varias razones—algunos están en la cárcel por razones políticas, algunos por su propia codicia, otros por causa de la pobreza, muchos por causa de nuestra propia maldad hacia otros seres humanos. ¡La lista de razones podría continuar indefinidamente! Pero hay algo que es una realidad para cada uno de nosotros—en este momento estamos sentados en una cárcel separados del mundo y de aquellos a quienes más amamos. Esta es nuestra realidad hoy, y quisiera que pensaras un poco sobre tu vida—lo que es hoy y lo que será mañana (si estás vivo mañana). No me interesa lo que pareces ser ante aquellos que te rodean, sino lo que realmente eres dentro de tu corazón.

Las cárceles alrededor del mundo son lugares malvados, donde los seres humanos se atacan unos a otros a fin de ganar algún tipo de ventaja o placer. Todos sabemos que el lugar donde vivimos ahora es duro y despiadado. La mayor parte del tiempo opera según la regla de “supervivencia del más duro”, y todos los demás son usados y abusados (ya sea física o mentalmente). Muestra la más mínima debilidad y los que te rodean se abalanzan. Esto puede ser violencia física o, lo que es más común en muchos lugares, violencia mental. Este lugar es una selva—y tienes que ser astuto para sobrevivir.

¿Cuántas veces te has sentido como David cuando estaba escondiéndose del rey Saúl en una cueva—“Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo” (Salmo 142:3)? ¿Cuántas veces nos hemos sentido angustiados en el interior porque estamos continuamente a la defensiva en este lugar? Mantenemos una fachada dura, pero en el interior estamos enfermos y cansados de vigilar continuamente para no caer en la trampa de aquellos a nuestro alrededor que solo esperan que eso suceda. He sentido esto muchas veces durante mi vida mientras cumplo los años de prisión, y he sido culpable de tender trampas a otros.

¿Cuál es nuestro refugio?

David continúa este salmo diciendo: “Mira a mi diestra y observa, pues no hay quien me quiera conocer; no tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida” (v. 4). ¿Dónde buscas refugio de la realidad de tu vida justo en este momento? ¿Quién te reconoce como un ser humano y se preocupa por tu alma? La gran mayoría de los prisioneros no podrían preocuparse menos por ti, y ¡te usarán y abusarán tanto como puedan! (Todos hemos experimentado esto una y otra vez, ¿no es así?). ¿Las autoridades? La mayoría de ellos te ven como un número—y te tratan como tal. Para muchos, eres sub-humano, y ellos te hacen saber que te ven de esa forma. Otros simplemente no podrían preocuparse menos en cualquier caso. Y aquellos que sí te tratan como un ser humano son una especie rara de verdad. ¿Quién nos reconoce realmente como seres humanos y se preocupa por nuestras almas? Tal vez en ocasiones hemos hallado un amigo verdadero que lo hace, pero estos no son comunes al interior de la cárcel.

Entonces ¿dónde está nuestro refugio? ¿Acaso te escucho decir: “No necesito un refugio”? Pero no estamos hablando con otros; nadie está mirando o escuchando—solo eres tú y tu corazón. ¿Cuál es tu refugio? ¿Es el escapismo a través de libros? ¿Música? ¿Drogas? ¿Levantamiento de pesas? ¿Pornografía? ¿A través de prácticas sexuales antinaturales con aquellos que te rodean? ¿Es la televisión violenta? ¿Es la educación y el humanismo impío, que nuestros sistemas educativos describen como un medio para la redención del hombre? ¿Está en la religión? ¿Dónde buscas refugio? Si has buscado refugio en cualquiera de estos (o alguno de muchos otros), ¿has llegado al punto en que sabes en tu corazón que tu “refugio” te ha “fallado”?

¿Refugio o cárcel?

David buscó refugio en una cueva porque pensó que ese lugar escondido lo salvaría de Saúl, quien buscaba matarlo. ¿Es eso lo que estás pensado de tu refugio? David aprendió que este refugio era en realidad una cárcel para su alma, y que era incapaz de escapar de esta cárcel por sí mismo. “Saca mi alma de la cárcel” (v. 7) es lo que suplicaba. Sabía que el refugio que había elegido para sí mismo era un refugio falso que había resultado ser una cárcel. ¿Has llegado a ver esto? El apóstol Pablo nos dice que ansiaba que aquellos que aún no eran salvos entraran en razón y escaparan de la trampa del diablo, habiendo sido cautivados por él para hacer su voluntad (2 Timoteo 2:26). ¿Has comenzado a entrar en razón sobre la cárcel en la que te encuentras (la cual Satanás ha disfrazado como un refugio)?

Si lo has hecho, entonces verás como David que nuestro refugio está en Jesucristo: “Tú eres mi esperanza , y mi porción en la tierra de los vivientes. Escucha mi clamor, porque estoy muy afligido… Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre; me rodearán los justos, porque tú me serás propicio” (vv. 5-7). Si queremos encontrar un verdadero refugio en esta vida, tiene que ser en Jesucristo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). La Biblia nos dice lo siguiente acerca de este nombre—“Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado” (Proverbios 18:10). ¡Si nuestro refugio no está en el Señor Jesucristo no estamos a salvo! Tenemos un refugio falso que solo conducirá a la destrucción en el infierno.

¿Cómo entramos en este refugio?

Esto nos lleva a formular la pregunta: ¿cómo entramos en este refugio? Jesús mismo nos dice: “arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Arrepentimiento significa que vemos nuestra pecaminosidad delante de Dios, y sabemos que nuestro refugio del pecado, y de la justa ira de Dios sobre el pecado, es un refugio falso. Vemos el pecado como la prisión que realmente es, y sabemos que debemos apartarnos de este si esperamos ser salvados. “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4). Aquí está la definición bíblica del pecado. El pecado es una violación de la ley de Dios, y todos somos culpables de eso en nuestras vidas. El Señor nos dice en Juan 16:7-11 que la primera obra del Espíritu Santo en el corazón de un pecador es “convencer de pecado”. Tú no puedes ser salvado sin la revelación de que eres un pecador bajo la ira de Dios. A menos que reconozcas esto, nunca puedes ser salvado, pues Cristo vino para salvar a aquellos que se veían a sí mismos como pecadores necesitados de salvación. Este es el primer paso que conduce al arrepentimiento.

El arrepentimiento viene después de la convicción de pecado, y el arrepentimiento es, en palabras de A. W. Pink—
“una revelación sobrenatural e interna de Dios, dándome una profunda consciencia de lo que soy a Sus ojos, lo cual me hace aborrecerme y condenarme a mí mismo, resultando en una amarga tristeza por el pecado, un terror santo y odio por el pecado, un apartarse de o renunciar al pecado”.
Este terror santo del pecado nos conduce a llorar por nuestra desobediencia a la ley de Dios, como declara nuestro Señor: “Bienaventurados lo que lloran, porque ellos recibirán consolación” (Mateo 5:4). Este lloro no es un lloro por la muerte física (pues hay muchos que lloran por esto y nunca reciben el consuelo de Cristo, porque nunca lo buscan), sino que es un sufrimiento por nuestro propio pecado. Pablo lo describe de la siguiente manera—

“Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios… Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse [es decir, lamentarse]; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Corintios 7:9-10).

Pablo imita a su Señor en esto y describe la verdadera naturaleza del arrepentimiento. Es una aflicción, o tristeza, por nuestra propia pecaminosidad (como lo describió Pink), que nos conduce a buscar la misericordia y el perdón de Dios. No es lamentarte por tu pecado en un sentido humano, pues esto nunca puede conducir al arrepentimiento verdadero. Es una tristeza impartida de manera sobrenatural que nos lleva a desechar el pecado, volviéndonos al Señor y buscando seguirlo a Él y no al pecado. Como explica Pablo en Romanos 6:16-18:

“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia”.
¡Esto es el arrepentimiento! Nuestra vida entera cambia porque nos hemos apartado de seguir el pecado para seguir al Señor Dios Jehová: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Dejamos el pecado y el refugio en el cual hemos tratado de escondernos, para ir al Señor Jesucristo, sirviéndole más bien a Él—¡Nos arrepentimos!

¿Qué es creer en el evangelio? Es creer en Jesucristo para nuestra salvación completa. Creemos que “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8), y que si venimos a Jesús en arrepentimiento, pidiéndole que nos salve, seremos salvados por causa de lo que Él ha hecho por nosotros en la cruz. Ponemos nuestra confianza solo en Jesucristo, y nos refugiamos en Su nombre, persona y obra a favor de los pecadores. No confiamos en nosotros mismos, ni confiamos en otros, ni confiamos en la simple religión. ¡Confiamos única y completamente en el Señor Jesucristo! “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9).

Un conocimiento mental (o intelectual) del señor Jesucristo no es suficiente para salvarte. Podrías creer intelectualmente cada una de las palabras que la Biblia dice sobre Jesucristo y aún así estar perdido. Santiago nos advierte: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19). Incluso los demonios creen en Jesucristo. ¡Por tanto es obvio que un conocimiento intelectual de Cristo no es suficiente para salvarnos! Jesús lleva este argumento aún más lejos en Mateo 7:21-23, cuando nos dice que “muchos” llegarán incluso a llamarlo “Señor”, haciendo muchas señales y maravillas en Su nombre, y a pesar de eso Él les responderá: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad [los que practican iniquidad]”.

¡Aquí hay dos advertencias solemnes de la boca de Dios! No es suficiente creer en tu mente que Jesucristo es Señor y afirmar que lo es. Tienes que tener fe en Él como tu propio Salvador personal, y esto debe ser de corazón—

“si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10).

Solo cuando abandones toda confianza en tu propia habilidad para salvarte (o la de cualquier otro), y confíes a Jesús tu destino, serás salvo. Tener fe en Jesús significa que sabes que Él es el único que puede salvarte, y que la fe en cualquier otra cosa es una insensatez que conduce al infierno— “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Él dijo: “yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Hechos 4:12, Juan 15:5). Esto es la fe. Es creer que sin Cristo no hay esperanza de salvación, pero con Él la salvación está garantizada—pues la Escritura dice: “Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10:11).

Así que debemos considerar esta pregunta vital: ¿Dónde está mi refugio? ¿Está en mí mismo? ¿Está en algo que he construido como refugio? ¿Está en otros? ¿O podemos declarar junto con David acerca del Señor: “Tú eres mi refugio”? Cualquier otro refugio es realmente una cárcel para nuestras almas, pero Jesús nos dice que Él vino “a pregonar libertad a los cautivos… a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18), y por eso David puede decirle al Señor: “¡Saca mi alma de la cárcel!”.

Este tratado fue escrito mientras cumplía una sentencia de cadena perpetua en H.M.P. Maghaberry en Irlanda del Norte. He sido puesto en libertad y ahora sirvo al Señor como un hombre libre.—Billy Morrison

 

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