Comunión, Arthur Pink

Cuando seas acosado por cualquier problema del alma, como una sensación de frialdad de corazón hacia Él, agobiado por falta de fe, o porque tus pensamientos muy a menudo divagan cuando tratas de meditar en las cosas divinas, o de orar; ven a Él, cuéntale todo acerca de ello, desahógate con Él. Foto: (HJSP82/flickr)

 

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original en inglés en: http://www.chapellibrary.org/book/comm/communion

 

Comunión
Por Arthur W. Pink
Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” 1 Pedro 5:7

 

Esto significa exactamente lo que dice. Lector cristiano, no debe haber ninguna reserva entre tú y el Amante de tu alma. Él querría que estés, y te mantengas, en términos más íntimos con Él mismo, que con cualquier criatura humana. Él es siempre accesible y nunca cambia sus sentimientos hacia ti. Él querría que hagas de Él tu “Amigo”: no solo tu Consejero, sino también tu Confidente, aquel en cuyo oído (y solo en Él) viertes los secretos de tu corazón. Él querría que seas bastante ingenuo y natural, justo como un niño pequeño que viene a su madre, contándole al oído cada una de sus penas, problemas y desilusiones. Cuando seas acosado por cualquier problema del alma, como una sensación de frialdad de corazón hacia Él, agobiado por falta de fe, o porque tus pensamientos muy a menudo divagan cuando tratas de meditar en las cosas divinas, o de orar; ven a Él, cuéntale todo acerca de ello, desahógate con Él: echa “toda tu ansiedad sobre Él”, no te guardes nada.

Cuando algo te ha irritado, perturbado tu serenidad mental y la paz de tu alma; cuando alguien ha dicho o hecho algo que hace que surja un resentimiento dentro de ti y te resulta difícil perdonarle; ve y cuéntale al Señor sobre ello: confiésale que esto no debería ser así, que estás avergonzado de ti mismo, y pídele que ponga su mano tranquilizadora sobre ti y te dé un espíritu perdonador. O supongamos que algo en las cuestiones del hogar ha “salido mal”, algo que no has podido evitar: quizás el lechero o el panadero llegan tarde, o la estufa no cocina como quisieras, y estás perturbado; ve a Él, cuéntale al respecto; echa esta “ansiedad” sobre Él. Nunca puedes “cansar” al Señor.

Es un santo privilegio del cristiano el cultivar la conversación más familiar con Cristo. Nada más lo honra, nada más lo deleita, pues esto es darle Su verdadero lugar en tu vida diaria. La “vida cristiana” no es esa cosa vaga y mística que los inconversos consideran que es, y que algunos predicadores han hecho pensar a la gente que es. No, es una cosa intensamente práctica y bendita. Es el orgullo (bastante insospechado) el que impide a muchos mantener esta conversación y comunión sencillas e infantiles con Cristo. La gente está lista para invocarlo cuando algo grande (desde su perspectiva) los confronta, alguna necesidad realmente urgente aparece; pero las pequeñas (?) cosas buscan llevarlas a cabo y resolverlas ellos mismos. Pero La Palabra de Dios dice: “en todo, mediante oración y súplica, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios” (Filipenses 4:6).

Arriba, hemos dicho que es el “orgullo” lo que impide que el cristiano eche todas (cada una) sus ansiedades sobre Cristo. La prueba de esto está insinuada en el versículo inmediatamente anterior (1 Pedro 5:6): porque allí leemos: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo”. Es algo humillante para nuestra carne altiva, nuestra autosuficiencia, nuestro orgulloso razonamiento, que se nos haga sentir la verdad de las palabras de Cristo “separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5) - de manera aceptable para Dios. Pero es de gran bendición para el corazón cuando somos llevados al lugar de completa y consciente dependencia del Señor para todo. Ese es el lugar de descanso, alegría, victoria. Quiera el Señor complacerse en agregar Su bendición a estas pocas líneas.

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