La bondad - 5

En Puerto Chigüiro vivía Dionicio, más conocido como Perí, él era un cazador muy bueno, y compartía con todos lo que cazaba, pero aun así no era bondadoso, ¿por qué sería? (imagen: classroomclipart.com)

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La bondad - página para colorear - 5

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Versículo clave:

Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Mateo 5:44-45

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8

 

 

La bondad - 5

 

“Niños, muy buenos días”, Saludó la profesora Josefina al entrar al salón. “Buenos días profesora Josefina”, Respondieron los niños. Dijo la profesora: “ya hemos estudiado cuatro acciones de dar que no son bondad. Hoy escucharemos otra historia de otra cosa que no es la verdadera bondad, pero otra que sí lo es. ¿Están listos?” Los niños respondieron: “Si profesora” La profesora dijo: “ah, pero antes de la historia, ¿recuerdan que tenían la tarea de aprenderse Col. 3:23, y de hacer lo que dice el versículo?” Todos los niños guardaron silencio, pero Diana dijo: “profesora yo lo hice. Col. 3:23 dice: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Yo hasta traté de cumplir, pero olvidaba y cuando recordaba mi corazón no me dejaba, es muy difícil” La profesora dijo: “Diana te felicito por haberte aprendido el versículo y por ser muy sincera diciendo la verdad. Para poder hacer las cosas de corazón como para el Señor y no para los hombres necesitamos obligatoriamente a Dios operando en nosotros. ¿Alguno más?” Todos los niños quedaron en silencio. La profesora haciendo un gesto de inconformismo, dijo: “Bueno, que lástima, era para su bien. Pero que esto no nos impida escuchar la historia de hoy.

La profesora dijo: “En una comunidad de nombre Puerto Chigüiro vivía Dionisio, pero todos le decían “Perí” que significa gavilán. Le colocaron así porque cuando era pequeño con mucha facilidad cazaba pájaros. Con el correr de los días se volvió diestro en manejar cerbatana, arco y flecha, y después escopeta. Perí se convirtió en el mejor cazador de todos. Salía de noche solo a cazar y no tenía miedo de los tigres ni de otras fieras. Solo en raras ocasiones llegaba con las manos vacías. Toda la comunidad lo quería mucho porque siempre compartía con ellos de lo que cazaba. Un día el capitán o cacique de la comunidad, papá de Perí, dijo: “Fui al pueblo y el director del hospital me dijo que la próxima semana, el jueves vienen a realizar una brigada de salud. Van a vacunar, sacar dientes, darnos remedio para que estemos bien. Quiero que desde ya alistemos comida para ese día: cazabe, fariña, pescado, frutas, animal de monte, todo lo que puedan traer para que ese día los que nos visitan y toda la comunidad comamos bien” Desde ese día la gente de la comunidad comenzó a alistar la comida, muquearon pescado, tostaron fariña, recogieron frutas y los cazadores más expertos salían de noche a cazar. El día anterior a la visita, Perí cazó una danta muy grande. Era tan grande que fue necesaria la ayuda de varios señores de la comunidad para llevarla.

Se escuchó el motor: “rrrrrrrrrrrrrr….” La gente corrió para la orilla del río. El personal de salud llegó, y saludó: “Buenos días” unos saludaron: “Buenos días” otros rieron. Los perros ladraron: “Guauuuuuu” y todos se dirigieron a la maloca para ser atendidos. Aunque unos niños corrieron a esconderse para no ser vacunados y otros lloraban, en general toda la comunidad estaba feliz. La brigada de salud hizo su trabajo, y luego todos disfrutaron de lo que cada familia había preparado. Después que los señores de la salud se fueron, el cacique reunió a todos, y dijo: “Tenemos que darle gracias a Dios por tanta bondad para con nosotros. Pero no todo es felicidad, Les cuento que hoy recibí una noticia triste: las personas de la comunidad de Puerto Potrillo están muy enfermos, hay una epidemia de paludismo, y las personas no están pudiendo salir a buscar comida. Ellos necesitan de nuestra ayuda” las personas de la comunidad hablaban uno con otro, y hasta dispuestos a responder al cacique que sí, pero Perí, dijo: “papá, no estoy de acuerdo, esa comunidad siempre ha sido nuestra enemiga. Siempre nos robaron lo sembrado en las chagras, las canoas, el pescado que encontraban en los anzuelos. Yo no estoy dispuesto a darles ni un pedazo de cuero viejo. Que sufran, así como nos hicieron sufrir”

Los comentarios de Perí, estaban inclinando ahora a la comunidad a no querer ayudar a la comunidad de Puerto Potrillo. Entonces el cacique, levantando la mano y haciendo señal de silencio, dijo: “Perí, hijo, verdad que la comunidad de Puerto Potrillo no merece ayuda, pero quiero que usted y todos escuchen lo que dice nuestro Salvador” y cogiendo su vieja Biblia, leyó: “Esto está en Mt. 5:44-48: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa tendréis? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿Qué hacéis de más? ¿no hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” El viejo cacique cerro la Biblia, todos estaban en silencio atentos a lo que el sabio líder les seguiría diciendo, dijo: “Perí y todos, nosotros también fuimos muy malos. Hacíamos daño con nuestra brujería a otros, envenenábamos las personas, nos robábamos unos a otros, hacíamos todo lo que ofende a Dios, pero ¿El dejo de darnos su aire, su agüita, la yuquita para hacer nuestra fariñita, para hacer el cazabito, nos dejó de dar las fruticas, el pescadito? ¡No! Siendo nosotros sus enemigos, Él siempre nos trató con bondad”

El viejo cacique, cogiendo una cuya o totuma que estaba llena de chivee, o agua con fariña, tomo un poco, y siguió: “Pero esto no es todo, su bondad va mucho más allá de darnos comida” Y abriendo su Biblia en Ro. 5:8, leyó: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” Todos nosotros merecemos el infierno, pues fuimos enemigos de Él, pero Jesucristo cargó toda la maldad de indígenas como nosotros y recibió el castigo en la cruz por comunidades malas como la de nosotros. Nosotros, si hemos sido perdonados y limpiados, tenemos que amar como Él amó.” El cacique hizo una pausa, todos, desde el más pequeño hasta el más grande, estaban muy atentos a sus palabras, se notaba el respeto que le tenían.
El cacique continuo: “Hace muchos años escuche de un viejo pastor la explicación de la parábola del buen samaritano que está en Lc. 10. Él dijo que la persona que fue asaltada por los bandidos seguramente era un judío, el cual debía haber sido ayudado por el sacerdote y el levita que pasaron por ahí y lo vieron casi muerto, pero que ellos que estaban acostumbrados a hacer las cosas delante de la gente para que los vieran, como no había nadie para que dijera: “Como son de buenos ustedes” entonces no ayudaron. Pero luego apareció un samaritano. Él dijo que los samaritanos y los judíos se tenían mucha rabia. Los judíos se creían mejor que los samaritanos, eran muy humillantes y trataban muy mal a los samaritanos, los trataban de perros, de personas impuras. Dijo que los judíos pensaban que si tocaban a un samaritano ellos se contaminaban. El samaritano al ver que el herido era un judío, por ser tan malos los judíos con ellos, bien podría decir: “Bien hecho, ojala se muera, que se lo coma las fieras” Pero él no dijo eso, dice la Biblia que fue movido a misericordia, fue movido a amar a su enemigo, y entonces le limpió las heridas, lo monto en la bestia, lo llevó a una posada, cuidó de él toda la noche, al otro día antes de partir le pagó al dueño del lugar para que lo cuidara, y le dijo que si algo gastara el judío, cuando el regresara le pagaría todo.”

Perí se estaba sintiendo muy mal, pues se estaba mirando como el sacerdote y el levita que viendo el sufrimiento del asaltado no quisieron hacer nada. Dijo el cacique: “Si siendo nosotros enemigos de Dios y Él no dejó de darnos la comidita; si siendo nosotros malos no nos envió al infierno sino que sacrificó a su propio Hijo por pecadores como nosotros; si el samaritano hizo todo para ayudar a su enemigo judío, ¿quiénes somos nosotros para no ayudar a la comunidad de puerto Potrillo? ¿No será que Dios quiere usar ese servicio para hacerlos reflexionar y mudarles sus vidas? Pero si eso no ocurre, por lo menos hemos cumplido con nuestro deber. Si ayudamos solo a los que nos ayudan eso no es bondad” Perí, muy triste por su actitud, dijo a todos: “Mi papá tiene toda la razón, yo estaba equivocado, vamos todos a socorrer a la comunidad de puerto Potrillo.” Su padre lo miró con mucha alegría, y varios hombres y señoras de la comunidad colocaron lo más que podían de comida en las embarcaciones. Luego, remando, felices visitaron a la comunidad y les ayudaron. Si la comunidad cambio, con el tiempo se sabrá, pero lo importante es que Perí y la comunidad de puerto Chigüiro comprendieron que amar solo a los que nos aman y aborrecer a los que nos aborrecen eso no es bondad.”

La profesora, para terminar, dijo: “ya sabemos entonces que ayudar solo a los que nos aman, y no querer ayudar a los que nos odian no es verdadera bondad. Si Dios lo permite otro día escucharemos otra historia sobre la bondad. Mi Señor los bendiga niños.”

 

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