El abuelo Joao y Julio - 3

La parte de la noticia mala que escucharemos hoy tiene que ver con algo que es bueno, ¿qué será? (imagen: clickr)

 

 

El abuelo Joao y Julio. Noticia mala y noticia buena - 3

La historia del abuelo Joao y Julio quedó en el momento en que ellos disfrutaban del delicioso pescado asado. Hasta ese momento ya Julio había aprendido una buena parte sobre la noticia mala. Aprendió que los seres humanos llegamos a este mundo con un corazón espiritual extremamente malo, que aunque para pecar no necesitamos que algo o alguien nos estimule, pues ese corazón es lo suficientemente perverso, lamentablemente hay fuentes externas como los ángeles caídos o demonios y los mismos hombres que le envían estímulos para que ese corazón malo nos haga pecar y en consecuencia sufrir. Pero el abuelo Joao dijo que aún faltaba algo sobre la noticia mala, ¿Qué será? Escuchemos:

“Julio, ve a la canoa y trae tres bonbones garotos y una menta”, dijo el abuelo Joao. Julio, rápidamente fue al barco y cogió los chocolates y el dulce de menta. Mirando los dulces y oliendo los chocolates, se preguntó: ¿cuáles me dará mi abuelito? ¿No será que como él ya es viejito y el dulce le hace daño, me da los garotos y él come solo la menta?” “Aquí están los dulces abuelito” dijo Julio entregándolos a su abuelo. Entonces el abuelo mirando fijamente a Julio le dijo: “Toma la menta, yo me quedo con los tres bonbones garotos”. Julio recibió la menta, la miro fijamente, no dijo nada, pero cambió su semblante por el enojo que sintió, y pensó para sí: “es injusto, a mí me dio la menta, y él se quedó con los tres chocolates”. Y mirando con ira a su abuelo los lanzó al suelo, y gritó: “¡No quiero ese dulce!” y se alejó de su abuelo y fue y se sentó lejos. Niños, ¿será que el abuelo Joao fue injusto? Si tus padres u otra persona hicieran lo mismo contigo, ¿reaccionarias igual que Julio?

Escuchemos por qué razón el abuelo Joao hizo esto: el abuelo con mucha paciencia se dirigió a su nieto. Le dijo: “Julio, ¿estas sintiendo enojo porque solo te di la menta y yo cogí para mí los tres garotos?”. Julio sentado, con la cabeza metida entre las piernas no respondió, pero su corazón latía rápidamente y ardía de enojo. Dijo el abuelo: “El pecado que cometiste en primer lugar se llama envidia, luego por la envidia pecaste odiándome, y luego por el odio lanzaste al suelo la menta, que es una forma de agresión, pero además de ello tu pecado de odiar que es una forma de matar continua en ti. Julito, ¿sabías que lo de los dulces lo hice a propósito para enseñarte otra verdad sobre la noticia mala? Quise que por medio de tu propia experiencia y otros ejemplos aprendieras algo más sobre la perversidad de nuestro corazón”. Cuando Julio escuchó lo último, se fue tranquilizando. El abuelo Joao, dijo: “Julio, vamos cerca del bote, y come este garoto para que endulces tu paladar”. Julio recibió el garoto, pero demoró un poco en pararse, en realidad estaba avergonzado y no sabía qué hacer, mas tampoco quería pedir perdón.

Con lentitud, y comiendo el chocolate caminó hacia el bote. Su abuelo, guardando la paciencia, lo miraba atentamente. Al llegar, le dijo: “Julito, haciendo un resumen, aprendimos que nosotros pecamos porque llegamos a este mundo con un corazón muy malo, con un corazón que no tiene nada bueno; que existen fuentes que lo estimulan y que esas fuentes que lo estimulan son los ángeles caídos y los hombres.” Sacando otra hoja de la carpeta, preguntó a Julio: “Hijito, ¿Qué dice en esta hoja?” Julio, que no quería hablar, demoró un poco, y con voz sin ganas, dijo: “medios que usa el corazón malo para recibir los estímulos y para hacernos pecar”. Luego el abuelo saca otra hoja, y pregunta: ‘¿Y qué dice en esta hoja?” Julio, al igual que antes respondió: “Los sentidos. Más abajo dice 1) oído 2) vista 3) olfato 4) gusto) 5) tacto”. El abuelo dijo: “Muy bien Julio. Ahora quiero que sepas que Dios nos hizo con los cinco sentidos para nuestro bienestar. Ellos no son malos, todo lo contrario, pero nuestro corazón malvado se aprovecha de ellos para recibir de las fuentes los estímulos, y los usa también para hacernos pecar. Quiero que pienses en lo que hoy te aconteció. Cuando fuiste por los dulces con tu tacto pudiste notar que los bombones garoto son más grandes que la menta, algo que comprobaste con los ojos; con tu olfato sentiste el olor del chocolate; con tus oídos escuchaste cuando te dije que solo recibirías la menta y que yo me quedaría con los tres chocolates, algo de lo cual tu gusto ya estaba preparado para recibir. ¿y en qué terminó todo? Pecaste contra Dios, ¿y qué usó tu corazón? Los sentidos” Julio, ya calmo y meditando en todo lo que su abuelo le estaba enseñando, pensó: “Mi abuelito es verdaderamente sabio, qué vergüenza. ¿Cómo fui a ser tan grosero e ingrato con él? ¿Será que le pido perdón? no, no, no, ni pensar, eso es muy humillante”.

El abuelo Joao dijo: “Julio, yo sé que no sabes qué hacer por la forma que reaccionaste con lo de los dulces, yo sé que tu corazón no quiere que pidas perdón porque supuestamente es humillante, pero quiero que por el momento dejes a un lado eso, para que puedas tener libertad de escuchar y de expresar en lo que vamos a ver respecto algunos ejemplos que nos ayudan a reconocer aún mas que es cierto que nuestro corazón se aprovecha de los sentidos” Julio suspirando luego de las palabras de su abuelito cambio de actitud. El abuelo Joao dijo: “primero miremos el sentido del oído. ¿Julio, Alguna vez un niño o alguien te habló para hacer cosas malas?” Julio, sintiéndose libre dijo: “¿Mi abuelito no sabe sobre la vez que me expulsaron de la escuela?” El abuelo Joao respondió: “Eso es novedad para mí, no lo sabía, ¿Qué aconteció?” Julio dijo: “Abuelito, un día un niño en la escuela me dijo que yo le caía bien y me dio una parte de su paquete de papas fritas, después me preguntó: “¿quisieras tener varios paquetes como esos?” Como a mi encantan las papas fritas le dije que sí. Luego me dijo que en la cooperativa de la escuela había un hueco por donde podríamos entrar para coger muchos paquetes de papas fritas. Me dijo que era muy fácil y que nadie se daría cuenta, que él ya lo había hecho muchas veces. Cuando llegamos a la parte trasera de la cooperativa me dijo: “Tu eres más pequeño que yo y cabes con mayor facilidad. Entra, lo primero que encuentras son las papas fritas, coge cuanto puedas, y me quedo aquí cuidando. Yo tenía miedo pero quería disfrutar de las papas fritas. Con miedo entre por el hueco, cogí lo que más pude, pero cuando salí el director me estaba esperando, y Rubén, ese era el nombre del otro niño, había desaparecido. Salió corriendo cuando vio que el director venia. Me culparon de todos los robos y fui expulso de la escuela. Aunque a Rubén también lo expulsaron porque sabían que él era ladrón, no valió decir que fue el quien me animó”.

El abuelo dijo: “Julito, ¿te das cuenta que tu corazón usó tu sentido del oído para hacerte pecar? Al escuchar la propuesta malvada tu corazón comenzó a trabajar para que finalmente llegaras a robar y luego recibieras el fruto de tu pecado. En Pr. 1: 8-19 Salomón advierte sobre el peligro de escuchar propuestas como las que te hizo Rubén. El habla de escuchar la instrucción de los padres y de no dejarse engañar con las conversas malvadas de los que viven ocupados en hacer el mal. Julito, los que viven maquinado en hacer lo malo siempre nos van a hablar lo que nuestro malvado corazón quiere oír, y nuestro malvado corazón hace que nuestros oídos estén muy atentos a tales propuestas. Nos hablan de ganar, de tener cosas, de alcanzar éxito, de triunfar, de disfrutar, de sentir placer, pero no nos hablan de que haciendo lo malo ofendemos terriblemente a Dios ni que podemos hasta perder la vida, como enseña Salomón. Pero eso no es todo Julito, además que nuestro malvado corazón hace que nuestros oídos estén atentos a lo que nos hace pecar, el siembra disgusto a todas aquellas conversaciones que nos hablan de no pecar. Hace que sintamos rechazo por las personas que nos hablan con la Palabra de Dios y rechazo por las Escrituras mismas, y siempre nos lleva a que huyamos de ellas para no escuchar lo bueno. Hace que todo ese tipo de conversaciones nos parezcan aburridoras y hasta malas para nuestros objetivos.” Julio dijo: “mmm, Abuelito, ahora comprendo porque en la escuela los niños quieren ser amigos de Rómulo, claro, él es un niño que le gusta hacer desorden, cuenta chistes groseros y todos ríen, pero no gustan de Guillermo porque él les hace ver lo malo. Cuando Guillermo habla, le silban: “chhhhh” y le dicen: “!yaaa cállate!” El abuelo Joao, dijo: “Julito. Desde el primer pecado que el hombre cometió ha sido así. El corazón malo hace que nuestro sentido del oído esté atento a las palabras que nos destruyen y hace que sienta repudio para que huyamos de las palabras que nos edifican. Debido a esta verdad es que Dios le dice a su pueblo por medio del apóstol Pablo: “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” 1 Co. 15: 33 y También dice por medio de Salomón: “El que anda con sabios, sabio será; mas el que se junta con necios será quebrantado” Pr. 13: 20. Julito, ¿A cuál de tus dos colegas sigues? ¿A Rómulo? ¿A Guillermo?” Julio se quedó callado.

¿Qué más le enseñará el abuelo Joao a Julio? Si Dios lo permite, en el próximo capítulo lo sabremos. Les ruego que lean Pr. 1: 8-19, y que memoricen 1 Co. 15: 33 y Pr. 13: 20. Mi Señor los guarde.

 

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