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Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios (Abr, 2016)

Sabiduría por favor Charly W. Karl/Flickr 

“Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”

Dios es siempre lo mismo; en Él no hay variaciones, Santiago 1:17. Por lo tanto, el que cree en el Señor Jesucristo es justificado, Romanos 5:1, sin posibilidad de condenación, 8:1, porque el Salvador en quien el creyente confía es justo, y su justicia es imputada (contada) a todo aquel que en Él cree, 5:17-18. Su sangre (su sacrificio) pagó el pecado, 5:10-11. De ello la resurrección de Jesucristo de los muertos es la comprobación, Hechos 10:40-43 y 13:37-39.

Lo que acaba de leer no es ni más ni menos que el evangelio. Pero, podríamos preguntar, ¿cómo puede uno estar seguro de haber creído en Jesucristo? Es importantísima la pregunta, porque es fácil engañarse en esto. Además, aun los verdaderos creyentes pecan todavía, y pecan mucho; el pecado aun mora en ellos. ¿Cómo puede uno tener seguridad en este asunto si tanto deshonramos a Aquel que decimos nos ha salvado del pecado?

No obstante la presencia de pecado todavía, el que cree en Jesucristo resulta no sólo justificado ante Dios (sin culpa), sino también unido espiritualmente con Cristo, y en esta unión con Él, resulta siempre, no la perfección moral inmediata y completa, pero, sí, un cambio notable, aunque a veces y por ciertos tiempos, difícil de notar. Es un cambio real e inevitable, un cambio, sí, detectable. Gálatas 2:20 dice así: "Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”.

Además, el cambio para el creyente se hace real por razón del testimonio del Espíritu de Dios que toma morada en él. Gálatas 3:4 señala esta realidad: “…a fin de que en Cristo Jesús la bendición de Abraham viniera a los Gentiles, para que recibiéramos la promesa del Espíritu mediante la fe”. El creyente en Cristo resulta del poder para ser santo.

Es bueno repasar lo que dice nuestra Confesión de Fe de 1689 en el asunto que este escrito trata. Busque el artículo número 18, y haga un estudio sobre el tema. El primer aparte del 18 dice así: Aunque los creyentes que lo son por un tiempo, y otras personas no regeneradas vanamente se engañen a sí mismos con esperanzas falsas y presunciones carnales de hallarse en el favor de Dios y en estado de salvación (pero la esperanza de ellos perecerá), sin embargo, los que creen verdaderamente en el Señor Jesús y le aman con sinceridad, esforzándose por andar con toda buena conciencia delante de Él, pueden en esta vida estar absolutamente seguros de hallarse en el estado de gracia, y pueden regocijarse en la esperanza de la gloria de Dios; y tal esperanza nunca les avergonzará. He aquí, algunos textos bíblicos para consultar: Jr. 17:9; Mt. 7:21-23; Lc. 18:10-14; Jn. 8:41; Ef. 5:6,7; Gá. 6:3,7-9 2. Ro. 5:2,5; 8:16; 1 Jn. 2:3; 3:14, 18, 19, 24; 5:13; 2 P. 1:10

Fíjese bien que no es ni el amor nuestro por el Señor, ni nuestros esfuerzos por obedecer lo que nos justifican ante Dios. Es la justicia de Cristo y su obra en la cruz lo que produce esto a favor del creyente. Sin embargo, es para nosotros esforzarnos en la gracia de Dios por ser y vivir según la voluntad de Dios. Al no hacerlo, no disfrutamos de una firme convicción de nuestra salvación, y el no hacerlo puede mostrar que en realidad no somos de Cristo.

¿Qué, pues? Que creamos en Cristo, arrepentidos de nuestros pecados. Creamos en Jesucristo quien fue crucificado para nuestra justificación. Confiemos en Él, el Perfecto, el Justo, quien se ofreció a sí mismo al Padre. Creyendo, vestidos así de Jesucristo como nuestra justicia, estamos a salvo. Salvos, inmutable, eterna, inmensurablemente felices, por sólo creer en Él solamente. Luego, obedecemos con todo nuestro ser, en amor. “Haciendo estas cosas, no caeremos jamás.” 2 P. 1:10


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