Boletín diciembre 2017 

Todo esto había sido anunciado por el profeta Daniel, 500 años antes de su cumplimiento, y vemos la fidelidad del Señor al ver que todo lo que la profecía habló, se cumplió. (Foto: Waiting.../Flickr)

 

Una de las profecías más asombrosas acerca del Mesías es la profecía de las setenta semanas, en Daniel 9:24-27. Cristo es el centro de esa profecía. Básicamente nos habla de cuatro cosas:
1. El tiempo de la aparición del Mesías.
2. La obra del Mesías.
3. El rechazo del Mesías por Israel.
4. El juicio contra Israel por el rechazo del Mesías.

El propósito de las semanas lo leemos en el versículo 24: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.

Israel estaba en relación de pacto con Dios, por esta razón es que Dios en esta etapa de su reino hace una promesa, la de traer al Mesías que cumpliría las demandas del pacto. El primer propósito es “terminar la prevaricación”. Ésta tiene la idea de rebelión, refiriéndose al pecado en general y en cada una de sus muchas formas; e involucra quebrantamiento de las reglas religiosas o civiles. Es la acusación frecuentemente hecha a Israel por su infidelidad al pacto y se cumplió cuando Cristo por su sacrificio justificó a los escogidos, pero así mismo a los incrédulos infieles vino el juicio consumado en el 70 en la destrucción de Jerusalén y el templo, terminando así la prevaricación. El segundo propósito es “poner fin al pecado”, algo que también fue cumplido en la cruz, como leemos en Hb. 9:26: “(…) pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.” El tercer propósito es “expiar la iniquidad”, lo cual una vez más fue cumplido en la cruz, como leemos en Hb. 2:17: (…) para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Estos tres primeros propósitos en negativos, porque quitan o terminan algo. Los siguientes tres son positivos, de modo que el cuarto es “traer la justicia perdurable”, lo cual es un beneficio de la cruz, como leemos en 2 Cor. 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” El quinto es “sellar la visión y la profecía”, algo que es cumplido en el Nuevo Testamento por las profecías que cumplió el Mesías, así como la culminación del canon al terminar de escribirse la Biblia y así lo atestigua 2 P. 1:9: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;” esta realidad es la que no pudieron ver por su incredulidad los judíos, pero sí la vieron y la vemos nosotros los creyentes. Finalmente, el último propósito es “ungir al Santo de los santos”, algo que se refiere a nuestro Señor Jesucristo quien en Lc. 2:26 es llamado el Ungido del Señor, y su unción fue manifiesta en su bautismo, cuando por el Espíritu Santo fue ungido como Sacerdote, Profeta y Rey.

Todo esto había sido anunciado por el profeta Daniel, 500 años antes de su cumplimiento, y vemos la fidelidad del Señor al ver que todo lo que la profecía habló, se cumplió. La profecía se divide en tres secciones, la primera nos habla de siete semanas desde la orden de reconstruir Jerusalén hasta su reconstrucción completa. Esta orden la podemos fijar desde el decreto de Artajerjes en tiempos de Esdras y Nehemías; cuando se inició dicha reconstrucción y casi 50 años después culminó. A partir de ahí vendrían las 62 semanas, que es el tiempo que coincidiría con el auge de las cuatro naciones que nos narra las visiones de Dn. 2 o las cuatro bestias de Dn. 7. En el tiempo de la última bestia, es decir, el imperio romano, vendría Aquel a quien se le daría un reino que no tendrá fin: El Hijo del hombre. Allí es cuando hace aparición el Mesías, quien en su tiempo señalado vino para cumplir el pacto, el pacto eterno de la redención, el pacto que nos provee gracia tanto a judíos como gentiles. La semana 70 entonces inicia desde el bautismo del Mesías, cuando es ungido, y a la mitad de dicha semana fue muerto, haciendo cesar el sacrificio y la ofrenda. La profecía finaliza con la destrucción de Jerusalén y el templo por causa de su incredulidad, algo que anunció en varias ocasiones Jesucristo en su ministerio terrenal.

Cuando llegamos al Nuevo Testamento leemos en Mr. 1:15: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.” ¿Cuántas profecías hablaban acerca del cumplimiento de un tiempo? Sugiero que Marcos escribió pensando en la asombrosa profecía de las semanas de Daniel, tiempo en el que llegaría el Reino de Dios.
Llega navidad y a menudo se habla de Mt. 2:1-12 cuando unos magos, por razón de una estrella, llegan a adorar al Rey. ¿Cómo sabían ellos que esa señal indicaba el nacimiento del Mesías? No lo sabemos, pero es muy probable que ellos conocían esa profecía, y calculaban que el tiempo había llegado. Gracias a Dios, ellos no se perdieron la navidad y hallaron al Salvador, y usted, ya conociendo los propósitos y su fiel cumplimiento, ¿adorará al Ungido del Señor juntamente con los magos? Dios quiera que así sea, porque si no lo hace, correrá el mismo destino de los Israelitas incrédulos: Muerte y condenación.

 

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