La fe reformada y la ley de Dios

Esta gloriosa verdad de la justificación por la fe en Cristo y no por las obras de la ley, en nada quiso descontar otra verdad preciosa, la que dice que estamos libres por la fe en Cristo, para ser siervos de Dios en obediencia a la ley. (Foto: Lawrie Cate/Flickr)

 

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La fe reformada y la ley de Dios

Otro de los preciosos regalos de Dios para el ser humano es su ley. Dios tuvo varios propósitos al dárnosla. Uno de esos es el de guiarnos en la vida cristiana, para servir a Dios según su voluntad.

Tristemente entró hace unas décadas en el escenario de la interpretación bíblica una corriente doctrinal conocida como dispensacionalismo. Esta considera que ahora en el programa de Dios, después de la venida de Cristo, nos encontramos en la etapa (la dispensación) de la gracia. Ya pasó la etapa (dispensación) de la ley. Dicen que ahora el cristiano es libre de la ley, usando por ejemplo el texto Romanos 6:14. O, como dice Gálatas 5:18, Si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. La interpretación dispensacionalista de estos textos no toma en cuenta la discusión que Pablo llevaba en cada caso, que hablaba en ellos de cómo el pecador podría ser justificado delante de Dios. Pero, esta gloriosa verdad de la justificación por la fe en Cristo y no por las obras de la ley, en nada quiso descontar otra verdad preciosa, la que dice que estamos libres por la fe en Cristo, para ser siervos de Dios en obediencia a la ley, Romanos 6:18-23, esto como manera de mostrar nuestro amor a Dios y de cumplir personalmente la ley real, conforme a las Escrituras, Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis (Santiago 2:8), lo que Santiago llama dos veces la ley de la libertad, 1:25; 2:12, la perfecta ley, 1:25. Pablo en las mismas cartas en que más defiende la doctrina de la justificación por la fe sin la ley, exhorta a los cristianos a obedecer la ley, Romanos 13:8-12; Gálatas 5:14-25. El pecado es la infracción de la ley, 1 Juan 3:4

¡Qué confortante saber lo que Dios quiere de nosotros, para que podamos mostrarle nuestro amor, cumpliendo lo que Él manda! Juan 14:21-23. Al fin y al cabo, debemos ofrecerle “sacrificios” según su voluntad y no según la nuestra, pues la nuestra es aún influenciada por el mundo y la carne. Nuevamente vemos el valor del principio formal que guiaba a los reformistas, “sola escritura”, pero, claro, Toda la Escritura.

El dispensacionalismo tiene la tendencia de disminuir la importancia del Antiguo Testamento. Al no mirarlo en su totalidad con la debida atención, el cristiano pierde la plenitud de la revelación completa del ser de Dios: Dios en su autoridad, su inmutabilidad, su santidad, y su justicia exigida. El temor de Dios es reemplazado por el amor de Dios. Por supuesto, el dispensacionalista guarda la ley, pero lo hace con cierto rechazo de obligación.

No, la fe reformada no pierde de vista el amor de Dios. Primero, lo mantiene en alto, al regocijarse en que nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados, 1 Juan 4:10. Pero en segundo lugar Dios, por amor, nos enseña el camino que debemos llevar en todo. El Creador y Soberano del universo nos provee las instrucciones para disfrutarle y disfrutar el mundo que Él ha hecho. Provee de su Espíritu para que queramos y podamos obedecer. ¡Qué inseguro se siente el empleado, y cuántos errores comete, si no ha recibido del jefe instrucciones adecuadas!

No, la fe reformada no pierde de vista la libertad que goza al actuar en servicio a Dios. Mantiene ambas dimensiones bíblicas, la de ser siervo (esclavo) de Dios, y a la vez, hijo de Dios. Al tener presente ambas realidades, la una juega con la otra para configurar un carácter y un comportamiento como criatura de Dios, pero a la vez como un redimido por Dios, la libertad como una realidad, pero una realidad que el cristiano vive en sujeción absoluta, voluntaria, y sujeta al Rey de su vida. Este cuadro del cristiano lo ayuda a uno a librarse de la tendencia de que por innovar, introduzca o abandone prácticas que respectivamente son o prohibidas o mandadas. ¡Se han presentado tantas “arandelas” en la iglesia precisamente por no conocer a Dios en la plenitud de su revelación especial!

La fe reformada invita a la lectura de la Historia Sagrada y de los profetas, cuyas profecías tenemos en la Biblia. Israel fracasó por no obedecer la ley – toda la ley. Los profetas amonestan y reprenden porque Israel, el pueblo “redimido” de Dios, no andaba en la ley. La fe reformada invita, no sólo a la lectura del Antiguo Testamento, sino a la enseñanza del mismo. La iglesia anda a la deriva, porque no es animada a andar en la libertad del Espíritu, sin entender que el Espíritu en quien gracias a Dios somos libres, es, siendo Dios mismo, el autor de la ley. No en contraposición a Cristo, sino en testificar de Cristo, cuya gracia enseña …renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Tito 2:12-14

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