Un indicio hacia una única creencia

Las controversias doctrinales seguirán hasta la segunda venida de Cristo. A cada nada son lanzadas teorías que no son sino otro disparo contra la fe “una vez entregada a los santos”. (Foto: Dwight Stone/Flickr)

 

Versión completa en pdf (2 páginas)

DescargarBoton2

 

Las glorias de la fe reformada, la enseñanza bíblica. Algunos lectores de estos renglones estarán de acuerdo con algunas de estas glorias sin ser de la fe reformada. Allá, diría yo, están las inconsistencias que todos debemos corregir. La Biblia, si bien presenta enseñanzas a veces más allá de los límites de la lógica humana, presenta, no obstante, un sistema que es la mente de Dios, sin contradicciones, sin insuficiencias (esto, si son medidas por la norma que es Dios mismo y su voluntad y sus obras según la Biblia, su Palabra). Para una explicación sistemática de la teología según la Biblia, le recomiendo un estudio de autores como Charles Hodge, o Luis Berkhof, u otros. Gruden, sí, también, si no fuera porque promueve una continuación después de la Biblia, de revelación directa de Dios ahora.

Las controversias doctrinales entre los cristianos seguirán sin duda hasta la segunda venida de Cristo. A cada nada son lanzados a la arena pública teorías que, pese a ser proclamadas como novedosas soluciones a la problemática humana, no son sino otro disparo contra la fe “una vez entregada a los santos”. O, desde dentro de la iglesia, como anunciaba Pablo que sucedería, se levantan proponentes que en nombre de Cristo atacan frontalmente dogmas ya discutidos y rechazados repetidamente desde el primer siglo del cristianismo en adelante. ¿Qué hacemos para que haya paz y concordia? La fe reformada sencillamente nos llama a escuchar la voz de Dios por la Biblia. Dios sabe defenderse. La Biblia no es letra muerta; la Biblia es la voz de Dios, voz de autoridad absoluta en todo asunto de fe y de práctica. Volvámonos a la Biblia, pues. Calmadamente, pacientemente sigamos recibiendo TODO este libro, escrituras inspiradas por Dios mismo, por el Espíritu Santo, y ellas han de configurar nuestro pensamiento y nuestra obediencia en el servicio al reino de Dios y de su Cristo.

El resultado de este examen ha de ser el mismo resultado que ha surgido a través de los siglos; la salvación de Dios para pecadores rebeldes y perdidos irremediablemente bajo el juicio de Dios, pero salvos por la gracia de este mismo Dios, por medio de la fe sin obras, por razón de la obra redentora eficaz y eterna de Jesucristo. En la medida en que alguno esté de acuerdo con esta verdad, en esa medida uno es de la fe reformada, por más de que a la vez la rechace en teoría con modificaciones o limitaciones. En este evangelio de la gracia de Dios, nos alegramos con gozo inefable y lleno de gloria. DIOS ES NUESTRO SALVADOR. Nada ni nadie nos arrebatará de su mano. En su presencia, hay plenitud de gozo, bajo su amor, hay esperanza segura como ancla del alma.

Volver