Toda la verdad 5

Recordando nuestra tesis en estos escritos, vale la pena repasar y recordar el hecho glorioso de la soberanía de Dios. Miremos, pues, unos textos al respecto. Lo hacemos para que tengamos muy en cuenta esta verdad, una de las dos que vamos examinando con el fin de dar a cada verdad su justo énfasis tal como la Biblia hace. (Foto: rojiro/Flickr)

La Biblia enseña que Dios es soberano de manera absoluta, en todo, y siempre. Todo lo que sucede, sucede por voluntad (decreto) de Dios. A la vez, la Biblia enseña que el hombre, criatura de Dios, actúa libremente, y que recibirá según sus obras, estando bajo el deber de cumplir todo lo que Dios exige. Se hace culpable y sujeto a sanciones cuando desobedece a Dios. Debemos creer y actuar consecuentes con estas dos enseñanzas, con todo lo que la Biblia enseña en todo, porque la Biblia es la Palabra de Dios.

Examine en su Biblia, por favor, los siguientes textos, rogando al Espíritu de Dios que le haga entender y sentir la gloria de Dios tal como Dios es y hace (y ha hecho siempre):

Y todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, mas Dios actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle: "¿Qué has hecho?" Daniel 4:35

Así es el Dios verdadero. El libro de Daniel muestra a Dios controlando las naciones y sus dirigentes estrictamente según su voluntad. El caso en particular en el capítulo 4 es el de Nabucodonosor, rey de Babilonia, quien en la cumbre de su poder, y conquistador de otras muchas naciones (incluyendo a Judá), se jacta de su grandeza como si él mismo fuera el dueño y el poder en todo esto. No reconoce a Dios por nada. Dios, celoso de su propia gloria, lo castiga, afligiéndolo con demencia, y el rey resulta comiendo pasto con las vacas. Por fin, en la misericordia de Dios, eleva la mirada al cielo, y Dios lo lleva a pensar las cosas con sensatez. Sus palabras de confesión son las del texto en 4:35. Lea el texto otra vez, por favor.

Fíjese en el texto, y tome nota que Dios hace lo que quiere con todos los seres angelicales y humanos en todas partes. Nadie, ni los rebeldes, hacen lo que hace sin cumplir la voluntad de Dios. Todos están estrictamente controlados. Los que resisten a Dios no logran contrariarle. Sí, desobedecen su ley, pero aun en esto, cumplen lo programado. ¿Quién puede entender esto? Desobedecen a Dios y sin embargo, hacen lo que Él quiere. No, Dios no los lleva a pecar; Dios no quiere que pequen, pero a la vez, en algún sentido misterioso para nosotros, al pecar, hacen lo que Dios tenía determinado. Así es el mundo en que vivimos, el mundo que Dios estableció y mantiene.

Es que para entender a Dios y el mundo suyo, tenemos que tener en cuenta todo lo que Dios dice en la Biblia. Si no lo hacemos, resultamos quizás asustados y angustiados por lo que los gobernantes de las naciones hacen. No, que no nos afanemos. Confiemos más bien. Confiemos en este Dios, sabiendo que si somos pueblo de Dios por la fe en Cristo, nuestro Salvador nos salva, no solo del pecado, sino también de todo mal. Véase el salmo 34 por ejemplo.

Miremos otro texto sobre la soberanía de Dios:

Acordaos de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo, que declaro el fin desde el principio y desde la antigüedad lo que no ha sido hecho. Yo digo: "Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré." Yo llamo del oriente un ave de rapiña, y de tierra lejana al hombre de mi propósito. En verdad he hablado, ciertamente haré que suceda; lo he planeado, así lo haré. Isaías 46:9-11

Obviamente si Dios es el único, como dice el texto, luego no hay quien pueda impedir que haga lo que quiere; nadie lo puede derrotar. El “ave de rapiña” que habla el texto se refiere a Ciro, el rey de los medos persas que conquistaron a Babilonia. Dios lo llamó, y se valió de él para castigar a Babilonia y para restaurar al pueblo de Judá a su tierra. Dios es el libertador de su pueblo. Dios castiga, y Dios perdona, y Dios se vale de un rey pagano que no le conoce para favorecer a su pueblo. Pero, tengamos muy presente que el texto de Isaías era una profecía, anunciando lo que estaba en un porvenir lejano, unos ciento cincuenta años más adelante, y precisamente como fue anunciado, así sucedió. Dios hace siempre según su propio propósito, y nunca fracasa. Así es el Dios verdadero. ¡Qué consolador es esta verdad, pues este Dios soberano es a la vez bueno y sabio.

Claro, como siempre, uno recibe el pleno impacto de un texto bíblico al leer todo lo del contexto en que se encuentra. Le invito ahora mismo a leer de manera rápida los capítulos del 40 al 48 de Isaías para recibir todo el peso de lo que Dios dice sobre su poder y su bondad para salvar. Al leer estos capítulos, tome nota de cuántas veces Dios se identifica como Dios único. Pero, leyendo sobre Dios, tome nota también del deber del hombre para obedecer a Dios, y de los castigos que la nación sufrió por razón de su pecado. La soberanía de Dios no nos da ningún pretexto para descuidar los mandamientos de Dios.

Otro pasaje más de las Escrituras que presenta el dominio de Dios sobre todo, obrando todo según el designio de su voluntad, Efesios 1:11. No, no sólo el versículo 11, sino Efesios 1:1-14. ¡Cuántas veces perdemos el pleno impacto de una clara y sencilla declaración de un texto bíblico porque no leemos a la vez todo el contexto! Fácilmente filtramos una frase corta como ésta del versículo 11 a través de limitaciones que por costumbre tenemos como ley. Pero, si leemos el contexto completo, somos librados de nuestra propia sabiduría y obligados a extender la frase a las dimensiones fijadas por la mente de Dios mismo.

Busque 1 Samuel 2:1-10, y léalo con cuidado. Ahora, léalo otra vez, y observe cada cosa que Dios hace. Es una llamada a la humildad, pues ante este Dios, ¿quién se atreve a jactarse? Fue Ana quien cantó este salmo a Dios, ya que acaba de recibir la promesa de tener hijo, lo cual no había sido posible para ella. ¡Con qué alegría canta! Ana reconoce la verdad que Isaías tanto presenta, el hecho de ser Dios el Dios único. ¿Cómo no va a hacer lo que quiere hacer si no existe ningún dios que pueda oponerse! ¡Cuán grande es Él! ¡Qué bueno tenerlo por Dios nuestro y confiar en su poder para salvar! “…Él que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús.”

La Biblia es la regla para guiarnos en todo lo que debemos creer y hacer. Llegamos a conclusiones equivocados si no tenemos presente Todo lo que la Biblia dice. Pues, toda escritura es inspirada por Dios y es útil. No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. ¡Debemos leer abundante, constante, y repetidamente toda la Biblia! He aquí, a continuación, una tarea que debemos hacer. Al leer a través de la Biblia, que miremos cuidadosamente cada cosa que, según el texto, Dios hace, es decir, miremos cada verbo que tiene a Dios por sujeto, cada frase que dice lo que Dios hace, hizo o hará.

¿Nos vuelve negligentes esta enseñanza que la Biblia presenta? No, señor, en ningún sentido, sino que nos pone a obedecer cuidadosamente lo que Dios nos manda, sabiendo que “nuestro trabajo en el Señor no es en vano”. Obedecemos, esforzándonos fuertemente, pues es este Dios supremo que nos manda, y desobedecerle es recibir con toda seguridad la sanción que Él anuncia. Pero, al obedecer, lo hacemos con mucha esperanza, pues el galardón será ciertamente sobremanera grande. Así promete Dios. Dios dará a cada uno según su obra. Y, este Dios que quiere la alegría de su pueblo, sin falta hará entrega de lo prometido, todo, por supuesto, en el tiempo de Dios y a la manera de Dios, pues en esto como en todo, tenemos que prestar atención a lo que Dios dice. No nos es permitido razonar y esperar según la lógica y capricho nuestros.

¿Ha leído el libro de A. W. Pink, La soberanía de Dios?

 

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