Toda la verdad 9

En este capítulo tratamos otro pasaje, en el cual se presentan las dos verdades de nuestra hipótesis juntas: la soberanía de Dios, y a la vez, la actuación que Dios espera del hombre. (Foto: Nick Thompson/Flickr)

La Biblia enseña que Dios es soberano de manera absoluta, en todo, y siempre. Todo lo que sucede, sucede por voluntad (decreto) de Dios. A la vez, la Biblia enseña que el hombre, criatura de Dios, actúa libremente, y que recibirá según sus obras estando bajo el deber de cumplir todo lo que Dios exige. Se hace culpable y sujeto a sanciones cuando desobedece a Dios. Debemos creer y actuar consecuentes con estas dos enseñanzas, con todo lo que la Biblia enseña en todo, porque la Biblia es la Palabra de Dios.

¡Qué consolación nos da el evangelio! Este trata de la realidad de Dios por nosotros, Dios por nosotros en Cristo Jesús. A la vez, al saber con exactitud qué espera Dios de nosotros, sus criaturas y su pueblo, sentimos el descanso de tener un propósito y metas en la vida.

En este capítulo tratamos otro pasaje, en el cual se presentan las dos verdades de nuestra hipótesis juntas: la soberanía de Dios, y a la vez, la actuación que Dios espera del hombre. Este pasaje es 1 Pedro 1:1-2:3. En esta carta, de manera especial, encontramos estas dos verdades entretejidas, presentadas a un pueblo cristiano creyente, el cual sufría persecución y oposición. Aquí Pedro hace otro aporte a nuestra comprensión de la realidad de la vida y del mundo. Quiere que entendamos las cosas para que vivamos con los ojos abiertos, para que reaccionemos a la luz de la situación nuestra, tal como Dios nos la explica, a la luz de la provisión que Dios hace, y con la perspectiva suya.

Ponemos como tema de 1 Pedro 1:1-2:3 El evangelio y sus frutos. He aquí, realidades de la vida y del mundo.

Mire primero en 1 Pedro 1:1-12 todos los datos sobre el hecho de la gracia y la iniciativa soberana de Dios en la salvación de su pueblo.

V 1:2 Elegidos según la presciencia de Dios en santificación del Espíritu, para ser rociados con la sangre de Jesucristo. Es el Dios TRINO, cada persona activa para salvar. Gracia y paz os sean multiplicados. De Dios viene todo.

V 1:3 El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia... No depende ni de iniciativas ni de méritos nuestros. Nos hizo renacer. Actuación de Dios, Dios que da vida a los muertos. Por la resurrección de Jesucristo de los muertos. Es este acontecimiento histórico la base de nuestra esperanza. Nuevamente, no depende en nada de nosotros.

V 1:4 Reservada nuestra herencia, ¡algo que recibimos por la bondad de Dios!

V 1:5 Que sois guardados por el poder de Dios. Que sois guardados mediante la fe (no por las obras). Que sois guardados para alcanzar la salvación. La salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. La salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Reservada, guardados, preparada, manifestada; son todos términos que señalan la actuación de Dios según su gran poder y su maravillosa gracia, sin depender de aportes nuestros.
Vamos analizando, mirando con cuidado, desmenuzando el texto, para alegrarnos “con gozo inefable y glorioso”, 1:8, a la luz de Jesucristo que ha de ser manifestado, 1:7. Seguimos mirando la obra divina para nuestra salvación:

V 1:10 ¡Hay Revelación! (No sólo nuevo nacimiento, o Regeneración, 1:3). Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros. Es decir, Dios dio a conocer sus propósitos desde hacía mucho tiempo. Vemos su fidelidad y cumplimiento, si bien “la demora” presenta un misterio para nuestra comprensión; no entendemos por qué esperó tanto para enviar a Cristo, sino sólo sabemos que Él hace todo con infinita sabiduría.

V 1:11 Escudriñando cuál persona y cuál tiempo indicaba el Espíritu de Cristo, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo y las glorias que vendrían tras ellos. Tanto el tema como el actor de la profecía (es decir la salvación mediante el Mesías), como el revelador de estas cosas es Dios mismo. Dios nos habla certezas para que nuestra fe y esperanza sean en Él, 1:21. En medio de las pruebas anunciadas en 1:6-7, tenemos la seguridad de obtener el fin de nuestra fe, que es la salvación de nuestras almas, 1:9. No es cosa dudosa, si bien las circunstancias del momento pueden parecer imposibles de superar.

V 1:12 Los que os han predicado el evangelio. Los que nos han predicado el evangelio por el Espíritu Santo Los que nos han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo. (Que no despreciemos a quienes nos hablan de Cristo; son enviados por Dios, en su providencia y gracia, para rescatarnos). Señalamos los detalles del versículo para destacar el hecho de que es por razón del evangelio, es decir, por razón de la obra de Dios en Cristo y por su Espíritu que somos salvos. Es por decisión y actuación de alguien fuera de nosotros, que no depende de nosotros.

Pero, en contraste con lo anterior, y como complemento de lo anterior, mire ahora el deber (o por lo menos la actuación) nuestra, la necesaria respuesta humana a la gracia previa.

V 1:2 Para obedecer
V 1:5 Mediante la fe
V 1:6 En lo cual (la salvación) os alegráis.
V 1:7 Vuestra fe
V 1:8 A quien amáis (Jesucristo)
V 1:8 Os alegráis con gozo inefable y glorioso
V 1:12 Las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio.

¡Hagamos, pues, lo que es nuestro deber (y privilegio)!

Fíjese las tres veces que habla de la fe del pueblo de Dios, vv 5, 7, 9. Y, el verbo en el v 2, “obedecer”, también es en este contexto lo mismo que creer, pues mire el mismo verbo en 1:22, “purificadas vuestras almas por la obediencia a la verdad”, un texto que indica el hecho de creer en Cristo, pues no recibimos ninguna purificación de nuestros pecados mediante nuestras obras. Y, algo similar encontramos en 2.8, “siendo desobedientes” los que “tropiezan en la palabra”, es decir tropiezan porque no reciben la palabra del evangelio, no creen como los del v 2:7.

Si bien Dios salva, entendamos con toda claridad que Dios salva a los creyentes. El que no cree es condenado. Es la aparente contradicción o la dificultad que encontramos, al leer el texto sagrado, de poder aceptar dos verdades que parecen contradecirse, porque no entendemos exactamente cómo funciona cada elemento, no entendemos cómo puede ser deber del hombre hacer lo que no puede hacer a no ser que Dios le conceda la gracia para poder hacerlo. Pero, tenemos que creer todo lo que la Biblia dice, porque la Biblia es la palabra de Dios. Precisamente de esto tratan estos capítulos sobre Toda la verdad.

VV 1:13-16 siguen insistiendo en el deber nuestro respecto de nuestra salvación:

V 1:13 Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado. [Pero, al final, es La Gracia que se nos traerá.]

V 1:14 Hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia.

V 1:15 Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.

V 1:17 Conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación.

¡Hagámoslo, pues! Hagamos lo que Dios nos manda hacer. Vemos lo complejo de los sentimientos del creyente. Por un lado, como dice 1:8, se alegra con gozo inefable y glorioso, pero por otro, 1:17, teme todo el tiempo de su peregrinación.

Ser santo es deber nuestro, si bien el que nos santifica es Dios, 2 Tesalonicenses 2:13.

VV 1:18-21 Con razón Pedro otra vez dirige la atención de los lectores a Cristo, porqué el deber de ser santo, 1:15, exige que su atención y su confianza sean puestas en Dios, en su actuación, en Cristo y su obra redentora.

V 1:18 Fuisteis rescatados…con la sangre preciosa de Cristo. No fue por ningún aporte de ellos, los creyentes. Por la fe recibieron el regalo, pero el regalo fue el rescate que Cristo pagó, no por la fe de ellos. “destinado [Encarnación] desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos…mediante el cual, creéis en Dios. La fe también viene de Dios.

VV 1:22-2:3 Estos versículos presentan por turnos los dos conceptos de la obra soberana de Dios y la libre respuesta humana.

V 22 el deber de uno, habiendo purificado vuestras almas, el deber de la purificación del alma por la obediencia a la verdad (es decir, por haber creído el evangelio. Para el amor fraternal. Deber nuestro siempre.

V 23 la obra de la gracia de Dios: siendo renacidos de simiente Incorruptible la palabra que vive y permanece. Esto nuevamente habla de Revelación.

V 25 el deber de uno, el evangelio anunciado

V 2:1 otro deber de uno, desechando toda malicia, etc.

V 2:2 otro deber de uno, desear la leche espiritual

Confiemos, pues, en la obra de la gracia del Señor, pero que estemos activos en lo que Dios mismo, por las Escrituras, nos pone como deber nuestro. ¡Cuán difícil es mantenernos en ambas actitudes! Por lo regular, confiamos en lo que hacemos como mérito para salvarnos ante Dios, o, dejando la confianza en lo que hacemos, nos recostamos en la bondad de Dios en Cristo, y no obedecemos lo que Dios manda. Tengamos presente que para vivir bien, tenemos que recibir y vivir Toda la Verdad

 

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