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Toda la verdad - 11 (5 páginas)

Toda la verdad

Tratamos otro caso más de la actuación soberana de Dios obrando su voluntad a favor de su pueblo, pero, a la vez, involucrando a su pueblo, cuya obediencia se tiene por indispensable. Se trata del caso de la conquista de la tierra santa bajo Josué, sucesor de Moisés... (Foto: Walters Art Museum/Flickr)

...como jefe de la nación santa. En Josué capítulo uno, Jehová habla a Josué, y le declara que le ha entregado toda la tierra que pisarán sus pies, Josué 1:3. Dios promete estar con Josué como había estado con Moisés, Josué 1:5, y que nadie podría hacer frente a los ejércitos de Israel. Pero, en seguida, exhorta a Josué a esforzarse y ser valiente, Josué 1:6. A la vez, Josué 1:6, Dios declara que Él les regala la tierra. Vuelve en el Josué 1:7 a exhortar a Josué a ser esforzado y valiente, en particular a observar todos los mandamientos de Dios, haciendo lo cual, gozará de prosperidad en las batallas, Jusué 1:7, 8. Nuevamente en Josué 1:9, exhorta a Josué a esforzarse y ser valiente. Josué 1:11 dice que el pueblo entrará a tomar posesión de la tierra que Jehová les da en posesión.

Tomemos nota, pues, de la actuación que Dios exigía a su pueblo. Pero, el desenlace positivo de ésta dependía de la decisión y la actuación de Dios. Haga una lectura rápida de todo el libro de Josué, para fijarse con cuál frecuencia el autor enfatiza el hecho de la intervención de Dios como la razón de poder conquistar la tierra, pero a la vez, exige al pueblo, al ejército, que actúe. El capítulo dos, por ejemplo, Rahab informa a los espías que los habitantes de Jericó viven atemorizados sabiendo que “Jehová os ha dado esta tierra”. El desmayo de los de Jericó era por haber reconocido que “Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra”. En Josué 1:24, los espías informan a Josué de su confianza de que “Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos”. En el capítulo 4, el autor relata el milagro de cómo el Río Jordán se secó para permitir el paso de las tribus de Israel, diciendo, Josué 4:24, “Para que todos los pueblos de la tierra conozcan que la mano de Jehová es poderosa; para que temáis a Jehová vuestro Dios todos los días”.

El relato de la destrucción de Jericó señala la doble realidad del poder de Dios como clave en la conquista, y a la vez, la actuación obediente de la nación como esencial en la misma. ¿Fue la marcha del pueblo cada día por siete días alrededor de la ciudad la razón de la caída de los muros? No, claro que no. Dios derribó la ciudad, pero lo hizo involucrando al pueblo. ¿Fue que Dios quiso señalar que si bien el pueblo debía actuar, la actuación humana nunca por sí traería éxito? ¿No iba mostrando que, si bien su pueblo actúa con Él, la eficacia, y por lo tanto la gloria de la victoria, pertenecen a Dios? El pueblo, Josué 4:20, “subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron”.

Entendamos bien: la obediencia es esencial, sí, pero no es la eficacia, no es el poder que trae la victoria. El capítulo siete ilustra esto de manera decidida. Acán pecó, y como resultado, el mismo ejército que vio tamaña victoria sobre Jericó cayó derrotado por los soldados de Hai. Claro, estaba el error de la sobre confianza de Israel en su propio poderío, y por ello, Dios “entregó al pueblo en manos de los amorreos”, Josué 7:7. Pero, hace saber que “Israel ha pecado”, Josué 7:7. La desobediencia en el caso de Acán al tomar de lo prohibido fue la razón por la que Dios abandonó al ejército de Israel. Dios explica el caso en Josué 7:12,13. Léalos. Sí, no puede haber duda, la obediencia es necesaria para la conquista de la tierra, pero no es la fuerza que trae la victoria, no es Israel, sino Dios. Tratado el asunto del pecado, y eliminada el anatema, Dios manda, Josué 8:1,2, que Israel entable la batalla, y que Él ha entregado en sus manos la ciudad de Hai y su tierra. De antemano es una realidad segura. Claro, fíjese bien, la tropa de Israel tiene que levantarse y subir, tiene que actuar, tiene que pensar las cosas, tiene que seguir la estrategia que Dios dibuja. Dios no les dará la ciudad milagrosamente, como en el caso de Jericó. El ejército de Israel tiene que salir al campo de batalla y derribar la ciudad y su gente. Lea todo el capítulo 8 de Josué.

Tanto detalle sobre esta batalla. ¿Por qué? Pues, porque Dios quiere que su pueblo aprenda a actuar su parte en los proyectos de Dios, que aprenda a actuar en obediencia a Dios, que siempre piense las cosas, pero que después de todo, tenga muy presente que el desenlace favorable, al fin y al cabo, depende de la actuación directa de Dios. La gloria es para Él.

Pasando al capítulo 10 de Josué, leemos de la derrota de los amorreos, una gran alianza de varios reyes de la tierra prometida. Y, subió Josué y todo el pueblo de guerra, Josué 10:7, para hacer batalla contra ellos. Ante la necesidad de entrar en batalla, viene a Josué la palabra de Jehová registrada en Josué 10:8. ¡Ningún problema! Dice Dios, pues “Yo los he entregado en sus manos”. Josué puso en marcha el ejército, y marcharon toda la noche, pero, Josué 10:10, Jehová llenó de consternación a estos reyes delante de Israel, y los hirió Jehová con gran mortandad. Por supuesto, si bien era Jehová, sin embargo, eran los soldados israelitas que manejaron las espadas y lanzas que despacharon a los amorreos. En Josué 10:11 nos informa que no fueron sólo las espadas de Israel que mataron a los amorreos, sino que “Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos” y que fueron más los que murieron por las piedras del granizo que los que los hijos de Israel mataron a espada.

¡Qué peligro si, buscando seguir el consejo de Dios según su Palabra para vivir con victoria, tomamos una verdad bíblica, sin tomar en cuenta todas las verdades bíblicas! Ha habido muchos que, viendo la intervención directa de Dios como en el caso que acabamos de mirar en Josué, aconsejan que no debemos actuar, que actuar sería una muestra de desconfianza, que Dios no necesita de nosotros, débiles y pecadores como somos, para cumplir sus propósitos. Proponen que nos retiremos y dejemos que Dios actúe.

Por el otro lado está el peligro de otros que, confiados en sí mismos, y viendo los deberes que Dios les pone, actúan como si el desenlace dependiera totalmente de ellos, y después se glorían en alguna medida en sí mismos. O, en el momento de la lucha, temen, se desmayan, e inventan maneras prohibidas por Dios para asegurar que el proyecto prospere. No alaban a Dios como deben; no lo reconocen como el que da la victoria. Para vivir en plenitud, nos hace falta la plenitud de la enseñanza bíblica; es esencial tomar en cuenta los diversos elementos, como en el caso del libro de Josué. En estos casos es difícil analizar y explicar exactamente cuál es la relación de una parte con la otra, pero ese es el intento que hacemos, es decir, el intento de vivir toda la verdad, dando a cada parte su medida completa bíblica.

Sigamos un poco más con nuestra mirada al libro de Josué. Aun en el capítulo 10 hay más detalles que tener en cuenta. En Josué 10:25 repite con doble énfasis sobre el esfuerzo humano, en conjunto con el hecho de que es Dios quien da la victoria. Mírelo. Y, Josué 10:19, “Jehová vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano”. La narración sigue en Josué 10:26-43. En Josué 10:28 habla del tremendo esfuerzo de Josué. En Josué 10:31 dice que Israel “combatió”. También Josué 10:32, 34, 36, 37, 38, 39, 40, pero Josué 10:30 no deja que se nos olvide que la victoria es por razón de la actuación divina. Y, en Josué 10:42, nos declara que “Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel.”

El capítulo 11 sigue con la misma nota: “No tengas temor de ellos, porque mañana a esta hora yo entregaré a todos ellos muertos delante de Israel, Josué 11:6. Fueron los soldados israelitas que los mataron, pero fue Dios que lo hizo. En Josué 11:8 dice “los entregó Jehová en manos de Israel, y los hirieron…”. Josué 11:18-20 hace recordar que “por mucho tiempo tuvo guerra Josué con estos reyes”. Y agrega algo que nos sorprende: “no hubo ciudad que hiciese paz con Israel… Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen desarraigados… Mucho tiempo, había guerra”. La victoria no fue de un momento a otro con una aplastante e instantánea victoria. Y, la resistencia de los habitantes de la Palestina se debía a la actuación de Dios; no les mostró misericordia. Los puso a pelear contra Israel para que fueran destruidos. ¿Así es Dios? ¿Así hace Dios? Si, así dice la Palabra de Dios. ¿Son misterios estos casos para nosotros? De ello no hay duda. Pero, aprendamos a recibir toda la Palabra de Dios, toda la verdad, y no sólo los aspectos que nos parezcan entendibles. Nos hace falta mirar todo lo que un texto bíblico dice para poder creer, sentir, y actuar correctamente; correctamente en cuanto a nosotros y en cuanto a nuestra manera de pensar en Dios y sus perfecciones y maravillas.

 

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