Toda la verdad 16

El Caso de Senaquerib. Para lo que sigue es importante una lectura de Isaías, capítulos 36 y 37. No vamos a analizar todo el evento, aunque sí sería importante. Este relato lo encontramos tres veces en la Biblia. Véase también 2 Reyes 18:13-19:37 y 2 Crónicas 32:1-23. Se puede inferir entonces que nos ofrece muchas lecciones. (Foto: Tim Milkins/Flickr)

Principalmente aprendemos de este evento que Jehová es Dios, y que es Dios único, y que obra con todo poder para salvar a su pueblo y avergonzar a sus enemigos (Isaías 37:15-20).

Para el tema “toda la verdad”, miremos 37:21-31. Es la respuesta de Dios a la súplica de Ezequías, rogando que Dios librara a Jerusalén de la amenaza militar que era Senaquerib, “el gran rey de Asiria” (36:4 y 13), unos 700 años antes de la venida de Jesucristo. Hasta aquel momento de presentarse Senaquerib con su ejército ante Jerusalén demandando rendición, él había tenido sólo éxitos en sus campañas militares. Fíjese en los repasos de sus victorias en 36:18-20 y 37:10-13. Judá, la nación de Dios sobre la cual en el momento reinaba Ezequías descendiente del rey David, era una nación insignificante militarmente (36:4, 5, 8, 9). Egipto como posible aliado, no era una opción viable (36:6, 9). Con razón (desde la perspectiva humana), Senaquerib tenía bases para jactarse que iba a conquistar a Jerusalén también. Escuchamos sus palabras de jactancia como ya en parte hemos señalado (36:4-9 y 36:10-13) y ahora en 37:24, 25.

Claro, Dios había escuchado esas jactancias, y las cita en 37:24 al dirigirse a Senaquerib en los versículos 37:22-29. Dios no niega que el rey de Asiria hubiera logrado grandes hazañas militares, pero, aquí la cosa es que si bien era verdad lo que decía Senaquerib, no era Toda la verdad. Sí, era por su inteligencia militar y su esfuerzo que había hecho lo de versículos 24 y 25, pero a la vez, el éxito logrado no era de él sino de Dios. “No has oído decir que desde tiempos antiguos, YO lo hice”, v. 26. “Desde los tiempos de la antigüedad lo tengo ideado”, dice Dios, “y ahora yo he hecho venir, y tú serás para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros”. Dios le dice a Senaquerib que lo que él llevaba a cabo era en servicio a Dios, y que en realidad era Dios que lo llevaba a cabo. “Yo lo hice.” “Yo lo tengo ideado.” “Yo lo he hecho venir.” La tarea, por lo tanto, era fácil para el asirio, versículo 27. El versículo 29 agrega que sin embargo, Dios haría volver Senaquerib por el camino por donde vino.

“A ver”, alguno se pregunta, “¿quién luego logró esto de las conquistas, fue Senaquerib o fue Dios? Y la respuesta es que ambos lo lograron. Lo lograron ambos, pero no fue que cada uno hiciera una parte, sino que cada cual hizo todo. Dios hizo todo porque es Él quien obra todas las cosas según el designio de su voluntad, Efesios 1:11. Lo que Isaías 37 enseña es lo que también Isaías 10 ya había enseñado en cuanto al mismo imperio asiria. ¿Se acuerda de lo que Isaías escribió allí, versículo 15, comparando a Asiria con un hacha en la mano de Dios? Así fue que Asiria había hecho tantas conquistas. Sí, Dios es el que hizo todo.

Pero, a la vez, claro que fue Senaquerib quien “subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó”, Isaías 36:1. Él hizo todo lo que hizo; de eso no hay duda, y, además, él, “el gran rey de Asiria”, se atrevió a vituperar a Jehová, 37:23. Como autor de semejante desafío al Dios único y verdadero, el creador “de los cielos y la tierra”, versículo 37:16, Dios lo llama a cuentas, y decreta su muerte. Más allá, Dios dice lo siguiente: “...Yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra pereza a espada”. La espada Dios la puso en manos de los propios hijos de Senaquerib, y ellos lo mataron. Lo mataron en el templo de su dios, Dios mostrando así la ofensa cometida contra Él al colocarle en el mismo nivel con el montón de los dioses falsos que para nada sirvieron y nada pudieron hacer. Dios no castiga donde no hay culpa. Así, pues, Senaquerib fue quien hizo lo que hizo, y, siendo culpable de no tomar en cuenta a Dios como único soberano, Dios lo mató.

Casi ningún lector serio de la Biblia niega que Dios envió a un ángel que matara a 185.000 soldados del ejército asirio, 37:36, pero fácilmente muchos no toman en cuenta la doble actuación, a los dos actores del evento completo que estamos analizando. Pasan por encima el dato de los versículos del 26 al 29, y pierden por tanto lo máximo que el evento ofrece en cuanto a la honra de Dios y el consuelo del pueblo de Dios. Tenemos que tener Toda la verdad, y tenemos que vivir a la luz de ella.

¡Qué bien que Dios sea el encargado absoluto de todo! En medio de los peligros y las contradicciones, y ante las apariencias negativas, ¡qué bueno saber que tanto las adversidades como las liberaciones son de las manos de nuestro Padre celestial, Salvador y Rey absoluto del universo! Seguimos adelante en obediencia a su Palabra, por la fe, valiéndonos de los medios que Dios nos ha provisto. Como Ezequías, oramos, consultamos al Señor, tomamos las medidas “normales” que nos corresponden (véase 2 Crónicas 32:1-8), etc., pero nuestra confianza está en el Señor. “Con él [Senaquerib] está el brazo de la carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas.” Por fe, por obediencia, hacemos lo que debemos y podemos, pero allí no terminan nuestros recursos.

Por supuesto, el párrafo anterior da a entender que esta confianza es sólo para los que son el pueblo del Señor. Es a favor de su pueblo que Dios libra sus batallas. ¿Es usted del pueblo de Dios? Sólo por Jesucristo, Dios el Hijo, hay este privilegio, pues Él sólo, pero eficazmente, pagó el pecado que hace separación entre uno y Dios. ¿Es usted seguidor de Cristo, creyente en Él?

Lo más importante en el caso que estamos mirando es que tener Toda la verdad permite que rindamos a Dios la honra que es suya. Es lo más importante, repetimos. El mayor error, o lo que es la esencia de todo error, es el de desconocer a Dios en su ser y sus obras. Someternos a la realidad de que Dios es Dios, es lo único que trae la perfecta armonía en el mundo, en la vida de uno, en la vida de la iglesia, en la vida de las naciones. Debemos dar gracias a Dios en todo. Toda la Biblia va con el fin de enseñarnos esto. Jesucristo vino para llevarnos a esto. La Biblia no sólo nos lleva a esto, sino que nos dice cómo lograr esta armonía, cuáles son las reglas y cómo guardarlas. Toda la Biblia para toda la gloria para el único Dios sobre todas las cosas. ¿Imposible lograr esto? Claro que lo es, pero somos llamados a esto, pese a que sea imposible. Dios es el Dios que obra lo imposible, y Dios ya obró mediante Jesucristo en y por quien reúne todas las cosas.

Lo hemos dicho ya, pero lo decimos otra vez. Tener Toda la verdad nos mantiene plenamente en el deber de obedecer a Dios. Sí, es Él que obra en nosotros tanto el querer como el hacer según su voluntad, según sus promesas y su gran poder, pero somos nosotros quienes hacemos su voluntad; somos colaboradores de Dios, Dios haciéndonos aptos para hacerla, pero nosotros haciendo aquello para lo cual Dios nos ha hecho aptos, “haciendo él en ustedes lo que es agradable a Él por Jesucristo: al cual sea la gloria por los siglos de los siglos” (Hebreos 13:20-21) ¡Toda la verdad!

 

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