
Si definimos “necesidad” como "algo esencial para la vida", vemos que esta palabra, aunque es una de las más utilizadas por el hombre, es también una de las palabras más mal usadas ...
Dios suple nuestras necesidades
Si definimos “necesidad” como "algo esencial para la vida", vemos que esta palabra, aunque es una de las más utilizadas por el hombre, es también una de las palabras más mal usadas, ya que la utilizamos para referirnos a una lista interminable de cosas que consideramos indispensables para vivir, cuando en realidad no lo son.
Una cosa es querer y otra bien distinta necesitarla. El problema es que muchas veces disfrazamos de necesidad lo que queremos, cuando en realidad no es una necesidad. No me voy a morir si no puedo cambiar mi carro por otro más nuevo o más grande. Tampoco me voy a morir si no puedo pasar las vacaciones en el extranjero. Lo que quiero no siempre es una necesidad.
Muchos pensamos que tenemos necesidades y nos preocupamos si éstas no son satisfechas. Nuestras necesidades son deseos que se han convertido en asuntos importantes para nosotros y que han llegado al extremo en que no podemos concebir la felicidad si no los tenemos.
Es en este punto que nuestros deseos capturan nuestros pensamientos, dirigen nuestros anhelos, moldean nuestra forma de pensar sobre la vida y finalmente definen la forma como pensamos respecto de Dios. Si Dios no te da lo que le pides, empiezas a cuestionar su bondad.
Dios no ha prometido cumplir todos nuestros deseos; se ha comprometido con saciar cada una de nuestras necesidades, suficiente razón para saber que tenemos un Padre Celestial que conoce exactamente lo que necesitamos y está incansablemente proveyendo para ello.
Todo lo que necesitamos para estar saciados en la vida es a nuestro glorioso Jesucristo, y ya lo tenemos.
Nuestra mayor necesidad no es física, sino espiritual. A causa de nuestros pecados estamos bajo la justa ira de Dios; pero Cristo nos ofrece vida eterna. Si creemos en Él y confesamos nuestros pecados, por pura gracia su sangre nos limpia y nos concede vida eterna.
Ese es el Reino de Dios que debemos buscar en primer lugar; por lo demás, el Señor ya conoce nuestras necesidades y promete añadirlo conforme a su voluntad.
Por: Jesús Medina
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