Una imagen borrosa de alguien avanzando en un túnel de colores, dando la idea de un viaje por el tiempo.

¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Santiago 4:13-14 (Foto: jah~/Flickr)

Te invito a hacer un viaje al pasado, quiero pedirte que por favor sitúes tu vida por un momento en cualquier fecha localizada antes de noviembre de 2019. Bueno, ahora quiero preguntarte, ¿en ese momento del pasado pensaste que hoy (cinco meses después) estarías en cuarentena? Obviamente, no. No lo pensaste, y no lo podrías haber pensado nunca, porque simplemente el virus aún no existía en aquella fecha en el presente de nadie. En ese momento posiblemente consideraste que este 2020 harías muchas cosas, que viajarías, que estudiarías y que este sería uno de los mejores años de tu vida. Y si no lo pensaste así, seguramente tampoco deseaste que el 2020 transcurriera en cuarentena.

Hoy sobra decirlo: las cosas han resultado radicalmente contrarias a los planes que el mundo entero tenía, como dice Dios: “Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Isaías 55:9

Este es un momento perfecto para detenernos, y examinar, si por lo general estamos planeando nuestra vida bajo una verdadera consciencia de la soberana voluntad de Dios. Porque, no se trata simplemente de acompañar todos nuestros planes con la muletilla de “si Dios quiere” o “si Dios permite”, sino de ser conscientes realmente de ello; de vivir nuestro presente y de contemplar nuestro futuro a la luz de “si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” Santiago 4:15

Finalmente, podemos estar confiados en que este plan Divino para el 2020 era más beneficioso para nosotros que el año que nosotros teníamos en mente, tan superior como se alejan los cielos de la tierra, aunque de seguro nuestra carne en este mismo momento esté pensando lo contrario, pues “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Romanos 8:28, y eso incluye esta pandemia.

Una vez más ha quedado claro que el hombre sigue siendo hombre, y que Dios sigue siendo Dios. Por tanto, lejos de todo orgullo, humillémonos ante el Señor cada día, sometiendo nuestros planes y nuestra vida a la entera consciencia de su presencia, de su gobierno y de su decreto. El Señor volverá, y no cuando el mundo piense que lo hará, sino que será precisamente como el ejemplo que nos ofrece esta cuarentena, que nunca nadie pensó que llegaría a desfigurar todos sus proyectos, y finalmente… llegó. Así mismo nuestros planes, por maravillosos y viables que parezcan, no detendrán la súbita venida del Señor en gloria en el día final, porque el día no lo escogemos nosotros, el día lo escogió Él. Asegurémonos entonces de estar preparados, creyendo en Cristo hoy, y mañana también, y así sucesivamente, hasta que Él vuelva.


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