Por qué leer a los puritanos

En los puritanos, la gente está encontrando a hombres que eran apasionados y estaban obsesionados por el conocimiento de Dios. En este folleto he enumerado algunas razones por las cuales deberíamos leer a los puritanos hoy, y cada una de ellas se deriva de la forma en que los puritanos veían a Dios y las Escrituras. Foto: (The Puritan/Wikipedia)

 

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¿Por qué leer a los puritanos hoy?
Por Dr. Don Kistler

Why Read the Puritans Today? is © 1999
by Dr. Don Kistler. All rights reserved.
Printed in the USA.

Es alentador ver un resurgimiento de interés por los puritanos y sus escritos en nuestros días. Hay varias razones detrás de esto.

Varios pastores “destacados” han leído a los puritanos y han visto un cambio positivo en sus ministerios como resultado. Su predicación refleja su lectura, y las personas, al notar la diferencia, quieren conocer la fuente.

Hay más literatura puritana disponible a través de distintas editoriales hoy en día que en cualquier momento previo de la historia, incluso más que en la época de los mismos puritanos.

Otra razón es que la gente se está cansando de que la religión ofrezca cosas que no puede cumplir. Se hacen promesas, pero las personas acuden a esas promesas motivadas por su propio interés; y cuando las cosas prometidas no llegan a materializarse la gente se decepciona.

Algunos están cansados de la religión superficial y vana. La mayoría de las personas no adoran a Dios porque el dios del cual han escuchado realmente no es digno de ser adorado. No es el “Alto y Sublime”. No es el “Señor Dios Todopoderoso que reina por siempre”. Es simplemente “mi amigo”, y la familiaridad en este campo indudablemente produce indiferencia.

En los puritanos, la gente está encontrando a hombres que eran apasionados y estaban obsesionados por el conocimiento de Dios. En este folleto he enumerado algunas razones por las cuales deberíamos leer a los puritanos hoy, y cada una de ellas se deriva de la forma en que los puritanos veían a Dios y las Escrituras.

1. Leer a los puritanos elevará tu concepto de Dios a un nivel que probablemente nunca consideraste posible, y te mostrará a un Dios que es verdaderamente digno de tu alabanza y adoración. Jeremiah Burroughs, en su libro clásico Gospel Worship [Adoración según el Evangelio], dijo que “la razón por la cual adoramos a Dios de forma escasa es que no vemos a Dios en Su gloria”. El hombre moderno escucha acerca de un dios que no vale la pena adorar. ¡Por qué deberíamos adorar a un Dios que quiere hacer algo bueno, pero no puede lograrlo porque el hombre simplemente se rehúsa a cooperar! ¿Quién es soberano en ese caso? ¡El hombre!

Tal vez sea necesario hacer una advertencia en este punto. Cuando empieces a leer a los puritanos, puede que te sientas solitario de algún modo, por lo menos en un sentido espiritual. Puede que percibas cierta emoción por lo que estás leyendo y lo que estás sintiendo en tu corazón; y luego notarás que no hay muchos otros que sepan de lo que estás hablando. ¡Eso puede hacerte sentir solo en serio! Cuando empieces a ver a Dios desde la perspectiva de Isaías registrada en la visión de Isaías 6, y te des cuenta de que la realidad de Dios está infinitamente más allá de cualquier cosa que tu mente pueda comprender plenamente, reconocerás que el hombre promedio no piensa mucho acerca de Dios en lo absoluto, y mucho menos al nivel de profundidad que tú estás pensando.

Una de las razones por las cuales pensamos tan deficientemente es porque leemos muy poco. Leer nos ayuda a pensar; y ahora vivimos en una cultura fotográfica en lugar de una cultura tipográfica. La mayor parte de la comunicación se realiza mediante imágenes, videos y películas. Hacen todo el trabajo de pensar por nosotros, y por tanto no estamos forzados a luchar con conceptos. Alguien más interpreta el asunto por nosotros en imágenes. En los días de los puritanos, las palabras estaban congeladas sobre una página y te forzaban a enfrentarte con los pensamientos expresados.

El escritor moderno Neil Postman ha abordado esto ampliamente en su libro Amusing Ourselves to Death [Divirtirse hasta morir]. Él muestra la importante relación entre leer y pensar. Los puritanos eran, por encima de todo, grandes pensadores—y no es coincidencia que fueran también grandes lectores.

2. Los puritanos tuvieron una “aventura amorosa”, por así decirlo, con Cristo; escribieron mucho acerca de la belleza de Cristo. Uno de los puritanos más grandes fue Thomas Goodwin, un congregacionalista. Al escribir acerca del cielo, Goodwin dijo: “si yo fuera al cielo, y descubriera que Cristo no está allí, me iría de inmediato; pues para mí el cielo sin Cristo sería el infierno”. El cielo sin Cristo no es cielo, decía Goodwin, y si no estaba Cristo, él no tenía el menor deseo de estar allí. Para los puritanos, la presencia de Cristo era lo que hacía al cielo tan celestial.

James Durham escribió esto respecto a Cantar de los Cantares 5:16 (“todo Él [es] codiciable”) en su aplicación del sermón: “si todo en Cristo es codiciable, entonces todo lo demás es completamente detestable”. Nosotros no sentimos eso acerca de Cristo, ¿o sí? Nosotros queremos un poco de Cristo y un poco de muchas otras cosas. Pero el verdadero cristiano quiere a Cristo y nada aparte de Cristo.
Samuel Rutherford, el gran teólogo escocés, escribió lo siguiente acerca de la belleza de Cristo en una carta a un amigo:

Me atrevo a decir que ni los bolígrafos de los ángeles, ni las lenguas de los ángeles, ni tantos mundos de ángeles como las gotas de agua que hay en todos los mares y fuentes y ríos de la tierra pueden describírtelo. Creo que Su dulzura se ha ensanchado sobre mí como la grandeza de dos cielos. ¡Ay si tuviera un alma tan amplia como el máximo círculo del cielo supremo para contener Su amor! Y aun así yo solo podría contener un poco de ese amor. Oh qué visión, estar arriba en el cielo, en ese hermoso huerto del Nuevo Paraíso, y ver, y oler, y tocar, y besar esa hermosa flor del campo, ese árbol de la vida siempre verde. Solo Su sombra ya sería suficiente para mí; tan solo verle sería la garantía del cielo para mí.

Si hubiera diez mil millones de mundos, y asimismo cielos, llenos de hombres y ángeles, Cristo no estaría limitado para suplir todas nuestras necesidades, y para llenarnos a todos. Cristo es un pozo de vida; pero ¿quién conoce la profundidad del fondo? Junten la hermosura de diez mil millones de mundos de paraísos, como el huerto del Edén, en uno; junten todos los árboles, todas las flores, todas las fragancias, todos los colores, todos los sabores, todas las alegrías, toda belleza, toda dulzura en uno. Oh cuán hermoso y excelente sería eso. Y aún así sería mucho menos en comparación al hermoso y muy amado Cristo que una gota de lluvia en comparación con todos los mares, ríos, lagos y fuentes de diez mil tierras.

¡Este sí que ama a Cristo!

3. Los puritanos nos ayudarán a entender la suficiencia de Cristo. Esta se ve fuertemente atacada en nuestra iglesia moderna. Puedes tener a Cristo para que te salve, pero necesitas la psicología para ayudarte a afrontar la vida, nos dicen. Puedes tener a Cristo para salvarte y ayudarte con tus aflicciones espirituales, pero necesitas algo más para esos “profundos dolores emocionales” que estás sintiendo.
Ralph Robinson, un contemporáneo de Thomas Watson en Londres, escribió más de 700 páginas sobre Colosenses 3:11: “Cristo es el todo, y en todos”. El problema es nuestra deficiencia para entender la suficiencia de Cristo. Si Cristo es todo en todos, ¿cómo podemos recurrir a cualquier otra persona o cualquier otra cosa para encontrar respuestas?

Jeremiah Burroughs predicó un sermón sobre ese mismo versículo de Colosenses. Burroughs afirma lo siguiente: “Ciertamente Cristo es un objeto suficiente para la satisfacción del Padre”. Ninguno de nosotros refutaría eso, ¿o sí? Isaías nos dice que Dios verá el resultado de la angustia de Su alma y quedará satisfecho. De modo que Cristo es suficiente para satisfacer al Padre.

Burroughs continúa: “Ciertamente, entonces ¡Cristo es un objeto suficiente para la satisfacción de cualquier alma!”. ¿Es claro el razonamiento? A aquellos cristianos que pasan tanto tiempo quejándose de su porción en la vida, como si Cristo no fuera suficiente, Burroughs les diría: “¡Qué blasfemia decir que Cristo es suficiente para satisfacer a Dios, pero no es suficiente para satisfacerte a ti!”. Mucho antes de Freud, un puritano había resuelto el problema de la psicología barata moderna que tanto ha cautivado a la iglesia de hoy.

4. Los puritanos nos ayudan a ver la suficiencia de las Escrituras para la vida y la piedad. Pedro dijo que las Escrituras nos dan el conocimiento de Dios, lo cual nos da todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad. Has escuchado el grito de guerra de la humanidad en la actualidad, ¿cierto? “Estoy en busca de autoestima”, o “Solo quiero sentirme bien conmigo mismo”. Te aseguro que no necesitas autoestima; ¡necesitas estimar a Cristo! ¡Isaías entendió quién era Dios y entonces Isaías supo quién era Isaías! El problema para Isaías fue que no le gustó lo que descubrió de sí mismo.

Burroughs también predicó un sermón titulado “La excelencia y santidad incomparables de Dios”, basado en Éxodo 15:11: “¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses?”. Burroughs escribe del esplendor de Dios la mitad del sermón. Luego introduce la segunda parte y menciona otro texto de Moisés: “oh Israel. ¿Quién como tú, pueblo salvo por Jehová…?” (Deuteronomio 33:29). ¿Cuál es el punto? Dado que no hay nadie como tu Dios, ¡no hay nadie como tú! No necesitas tener autoestima para sentirte bien con respecto a ti mismo; ¡necesitas estimar a Cristo—necesitas sentirte bien con respecto a Dios!

Si el hombre es creado a imagen y semejanza de Dios, ¡cómo podría alguien tener jamás una falta de autoestima! Si eres cristiano, Cristo dio Su vida a cambio de la tuya. ¡Eso es un valor incalculable!

Los puritanos eran consejeros bíblicos de verdad, y ellos entendían que la mejor consejería tiene lugar en el púlpito cuando la Palabra de Dios es abierta, explicada y aplicada. Hace más de 300 años, Isaac Ambrose escribió su libro The Christian Warrior [El guerrero cristiano] acerca del peligro de recibir consejo de hombres que no están empapados de la Escritura:

El alma herida, que está buscando consuelo, nunca debería acudir a hombres no regenerados en busca de consejo; este no es el camino señalado por Dios. Tristemente, tales hombres pensarán que estás loco puesto que ellos no saben lo que significa la preocupación por el pecado. Entonces, ¿por qué revelar tu enfermedad a aquellos que no son médicos? Ve a Aquel que sana todo tipo de enfermedades, pues esa es la instrucción que Dios te da. Cuando Pablo fue convertido por la gracia divina, él no consultó con sangre y carne, sino que obedeció a Dios instantáneamente. Así también deberías hacerlo tú. ¿Dios te convence, por Su ministerio, del peligro de los caminos perversos y de tu deber de venir a Él para obtener seguridad y consuelo? Obedece instantáneamente, y no consultes con carne y sangre.

Lo que tus compañeros pecaminosos te ofrecen no es adecuado para sanar tu alma afligida y enferma por el pecado. ¿Qué pueden hacer compañeros ociosos para calmar tu conciencia, perdonar tu pecado, apoyar tu espíritu, o llenarte de gozo espiritual? Por desgracia, todas sus alegrías son “como el estrépito de los espinos debajo de la olla”; sueños y vanidad de su mayor júbilo. ¿Qué tiene en común el júbilo carnal con la tristeza espiritual? Nada más que la luz con las tinieblas. Adiós a todos ellos; apártate de las tiendas de estos hombres malvados, y no toques nada que les pertenezca, para que no seas consumido en todos tus pecados.

Hay una abundancia de consejos piadosos en los escritos de estos hombres. Los puritanos entendieron que los problemas espirituales necesitaban soluciones espirituales. Los consejeros de hoy no piensan en términos de pecado o problemas del alma, a pesar de que eso es lo que significa la palabra psicología—el estudio del alma. El problema es que hoy en día cada persona es una víctima del comportamiento de alguien más; pero eso no es algo nuevo—el juego de atribuir culpas comenzó en el huerto del Edén. Adán culpó a Eva; Eva culpó a la serpiente. ¡Y ninguno de ellos podía culpar a su familia disfuncional!

Dios, quien creó el alma, y murió para redimir el alma, es quien mejor sabe cómo tratar el alma. Y aquellos hombres que están más familiarizados con Dios están mejor capacitados para proporcionar curas para el alma. De hecho, los puritanos eran llamados “médicos del alma”. Thomas Watson escribió un tratado titulado Sin is a Soul Disease—Christ is a Soul Physician [El pecado es una enfermedad del alma—Cristo es un médico de almas].

5. Los puritanos pueden enseñarnos acerca de la naturaleza atroz del pecado. Edward Reynolds escribió un libro llamado The Sinfulness of Sin [La pecaminosidad del pecado]. Jeremiah Burroughs escribió The Evil of Evils [La maldad de los males]. Ser ortodoxos con esta doctrina es más importante que con cualquier otra porque si te desvías en la doctrina del pecado vas a desviarte en todas las demás doctrinas. Este es el hilo que desbaratará todo el suéter teológico. Thomas Watson escribió una obra maestra en cuatro sermones cortos titulados “The Mischief of Sin” [La maldad del pecado].

Burroughs escribe 67 capítulos sobre esta premisa: El pecado es peor que el sufrimiento; pero las personas harán cualquier cosa que puedan para evitar el sufrimiento, pero casi nada para evitar el pecado. Sin embargo, el pecado es peor que el sufrimiento, porque el pecado causa el sufrimiento. Burroughs elabora la idea de que el pecado es peor que el infierno, porque el pecado fue la causa del infierno. Y la causa de algo es mayor que lo causado.

Obadiah Sedgwick, un prominente presbiteriano en Londres que era miembro de la Asamblea de Westminster, escribió un libro perspicaz titulado The Anatomy of Secret Sins [La anatomía de los pecados secretos], un tratado completo sobre el ruego de David para ser librado de pecados ocultos, aquellos pecados escondidos en los rincones profundos de nuestros corazones que nadie aparte de Dios y nosotros mismos sabe que están allí, pero que son tan malos y condenatorios como cualquier otro pecado.

Jonathan Edwards dijo esto acerca del pecado: “Todo pecado es de proporciones infinitas, y es más o menos horrible dependiendo del honor de la persona ofendida. Puesto que Dios es infinitamente santo, el pecado es infinitamente malo”. Es por eso por lo que no existe tal cosa como un pecado pequeño, porque el más mínimo pecado es un acto de traición cósmica cometido en contra de un Dios infinitamente santo. Uno casi no escucha verdades como esa hoy en día.

Simplemente por su puro valor literario, este material es invaluable. En “Sinners in the Hands of an Angry God” [Pecadores en manos de un Dios airado] las ilustraciones son insuperables. Edwards compara a Dios con un arquero sosteniendo un arco, y ese arco está tensado, y la flecha está apuntando justo al corazón del pecador, y las manos del arquero están temblando porque el arco está tensado con mucha fuerza; y él dice que lo único que evita que Dios deje esa flecha volar y hundirse en la sangre del pecador es solo la buena voluntad de Dios que está infinitamente airado contra el pecado todos los días. Un escritor secular que estaba haciendo una investigación sobre Edwards recibió la siguiente pregunta por parte de un cristiano: “Sabes, si Edwards está en lo cierto, esa flecha está apuntando a tu corazón. ¿Cómo puedes dormir en las noches?”. La respuesta fue: “¡A veces no duermo! ¡Por Dios, solo espero que él esté equivocado!”.

6. Los puritanos nos ayudarán con la vida práctica. El Christian Directory [Directorio cristiano] de Richard Baxter ha sido llamado “el mejor manual sobre consejería cristiana jamás producido”, en palabras de Tim Keller. Antes del siglo actual, la mayoría de la consejería se hacía desde el púlpito o durante una visita pastoral al hogar para catequizar a la familia. Los pastores eran vistos como médicos del alma. Es interesante notar que la misma palabra “psicología” significa el estudio del alma. El latín suke, del cual obtenemos el griego psyche, del cual obtenemos “psicología”, significa “alma”. Pero lo que solía ser la cura de almas pecaminosas se ha convertido en la cura de mentes enfermas. Eso ha sido arrebatado al pastor —quien debería conocer mejor el alma— y ha sido entregado a los consejeros, muchos de los cuales ni siquiera creen en Dios. Ellos no pueden curar dolencias espirituales. El Directorio de Baxter muestra la genialidad de un hombre que podía aplicar las Escrituras a todas las áreas de la vida. J. I. Packer lo llama el mejor libro cristiano que jamás haya sido escrito después de la Biblia.

Practice of Piety [La práctica de la piedad], de Lewis Bayly, fue un modelo de manual devocional puritano. La idea era regular todo el día y la vida de uno según las Escrituras. El Dr. John Gerstner dijo que este libro comenzó el movimiento puritano.

No había ningún área de la vida que los puritanos creyeran que no debía ser regulada por la Escritura. Incluso el tiempo a solas debía usarse de manera piadosa. Nathanael Ranew escribió una excelente obra titulada Solitude Improved by Divine Meditation [La soledad mejorada por la meditación divina]. Esta es la obra clásica de los puritanos sobre la meditación espiritual. Su premisa es que incluso cuando estás solo, tú puedes “mejorar” el tiempo al usar bien tu mente, meditando en Dios y Sus atributos. Si hubiera un decimoprimer mandamiento para los puritanos, sería: “No desperdiciarás el tiempo”.

Los puritanos escribían este tipo de manuales a menudo. El antiguo puritano John Preston predicó cinco sermones a partir de 1 Tesalonicenses 5:17 sobre la oración, los cuales tituló “The Saint’s Daily Exercise” [El ejercicio diario del santo].

A Treatise on Earthly Mindedness [Un tratado sobre la mentalidad terrenal], de Jeremiah Burrough, es un libro entero sobre el gran pecado de pensar como piensa el mundo en lugar de pensar los pensamientos de Dios a Su manera. ¿Cuántos de nosotros confesamos ese pecado anoche antes de ir a dormir?

Los puritanos eran muy pastorales además de ser muy teológicos. Hay mucho consuelo en sus escritos. Aquí hay una cita de mi predicador puritano favorito, Christopher Love, acerca de quien escribí un libro titulado A Spectacle Unto God [Un espectáculo a Dios]. Varias de las obras de Love han sido reimpresas. El siguiente fragmento es de sus sermones sobre crecer en gracia, del libro titulado Gracia:

No mires tanto tus pecados, sino mira también tu gracia, aunque sea débil. Los cristianos débiles miran más sus pecados que sus gracias; pero Dios mira sus gracias y pasa por alto sus pecados y flaquezas. El Espíritu Santo dijo: “Habéis oído de la paciencia de Job”. También podría haber dicho: “Habéis oído de la impaciencia de Job”, pero Dios considera a los Suyos no por lo que es malo en ellos, sino por lo que es bueno en ellos. Se menciona que Rahab distrajo a los espías, pero no se menciona que ella dijo una mentira al hacer eso. Aquello que hizo bien fue mencionado para su elogio, y lo que fue incorrecto, está sepultado en el silencio, o, por lo menos, no está registrado en su contra ni se usa para acusarle. El que dibujó el retrato de Alexander, con la cicatriz en su rostro, lo dibujó con su dedo sobre la cicatriz. Dios pone el dedo de la misericordia sobre la cicatriz de nuestros pecados. Oh, sí que es bueno servir a un Maestro así, que está listo para recompensar el bien que hacemos, y está listo para perdonar y pasar por alto lo que es incorrecto. Por tanto, aquellos de ustedes que tienen solo una pequeña gracia, aun así recuerden que Dios tendrá Su mirada sobre esa pequeña gracia. Él no apagará el pábilo que humeare, ni quebrará la caña cascada.

7. Los puritanos nos ayudarán para el evangelismo bíblico. La mayor parte del evangelismo actual se centra en el hombre. El evangelismo de los puritanos estaba centrado en Dios. Los puritanos tenían otra doctrina que se ha perdido en gran medida actualmente, y se conoce como “buscar la salvación” o “preparación para la salvación”. Fue una doctrina ampliamente difundida entre los puritanos ingleses y los reformadores. Fue enseñada por Jonathan Edwards en su sermón “Pressing into the Kingdom” [Esforzándose para entrar al Reino], pero antes de eso fue enseñada por su abuelo, Solomon Stoddard, en A Guide to Christ [Una guía a Cristo], una obra que el Dr. Gerstner llamó el mejor manual de evangelismo reformado que conocía. Heaven Taken by Storm [El cielo tomado por asalto] de Thomas Watson, publicado por The Northampton Press, habla de la “violencia santa” necesaria para asaltar las puertas del cielo.

La idea central de esta doctrina de la búsqueda o preparación es esta: Dios obra a través de medios, y si un hombre quiere ser salvo él debe servirse de esos medios.
He aquí un ejemplo: la fe viene por el oír, ¿cierto? Y los hombres son salvos por gracia por medio de la fe. Pero si necesito fe para agradar a Dios, y reconozco que no está en mí el creer en Dios de manera salvífica, ¿qué debo hacer?

Aquí es donde entra la “búsqueda”. Si la fe viene por el oír, entonces necesito oír a alguien predicar sermones ortodoxos sobre Cristo. Si Dios va a salvarme, Su medio normal va a ser la predicación del evangelio. Dios no está bajo ninguna obligación de salvarme si escucho un sermón, pero no es muy probable que Él me salve sin que escuche un sermón acerca de Cristo.

El pecador, por tanto, debería hacer todo lo que pueda para hacer su corazón menos duro de lo que ya es. Cada pecado endurece el corazón incluso más. Esta búsqueda todavía es pecado —dado que el pecador no puede hacer otra cosa que pecar— ¡pero no es un pecado tan grande como si no lo hiciera! Él no se está haciendo a sí mismo agradable ante Dios por su búsqueda (ya que lo está haciendo motivado por su propia conveniencia), pero se hace a sí mismo menos ofensivo a Dios en lugar de más ofensivo. E incluso si Dios no lo salva, su castigo en el infierno será menor. Y los puritanos dirían: “Si no puedes ir a Dios con un corazón recto, entonces ve a Dios por un corazón recto”. Para ser exactos, esto no es buscar al Señor, pues la Escritura deja claro que nadie busca al Señor, pero es buscar salvación. Y nadie gana la salvación por buscar, pero es poco probable que sean salvos sin ello.

8. Leer a los puritanos nos ayudará a establecer prioridades correctas. 2 Corintios 5:9 dice: “Nuestra ambición es ser agradables al Señor”. Un puritano lo dijo así: “La sonrisa de Dios es mi mayor premio, y Su ceño fruncido es mi mayor temor”. Si es cierto que terminamos siendo como las personas con las cuales pasamos tiempo, entonces es una inversión para la eternidad el pasar tiempo con los puritanos. El libro de Jeremiah Burroughs Gospel Fear [Temor según el evangelio] trata sobre tener la prioridad correcta. Recopila siete sermones sobre Isaías 66:2, acerca de lo que significa temblar ante la Palabra de Dios. Si Dios dice: “miraré a aquel que tiembla a mi palabra”, ¡entonces será mejor que sepamos lo que es temblar ante la Palabra de Dios!

9. Los puritanos pueden ayudarnos a aclarar el asunto de cómo un hombre es reconciliado con Dios. Otro título muy recomendado es la obra de Solomon Stoddard sobre la diferencia entre justicia imputada y justicia infundida, The Safety of Appearing on the Day of Judgment in the Righteousness of Christ [La seguridad de aparecer en el día del juicio con la justicia de Cristo]. Sería imposible exagerar al enfatizar la importancia de ser acertados en este asunto de la justicia imputada cuando en la actualidad hay tantos sin un entendimiento adecuado de la diferencia eterna entre justicia imputada e infundida. La diferencia entre estas dos posiciones no es simplemente la distancia entre Roma y Ginebra; es la distancia entre el cielo y el infierno.

10. Finalmente, vamos a examinar a los puritanos y la autoridad de la Palabra. Sabemos que la Escritura es Dios hablándonos a nosotros. El versículo clásico de Timoteo dice que “Toda la escritura es inspirada por Dios (literalmente, exhalada por Dios)”. Y sabemos que debemos obedecer cualquier cosa que Dios diga. De hecho, eso fue lo que el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento reconoció. En Éxodo 24:3-7 ellos declaran: “haremos todas las cosas que el Señor ha dicho y seremos obedientes”. No hay nada de lo que Dios dice que no debamos hacer.

Los teólogos puritanos que redactaron la Confesión de Fe de Westminster escribieron: “La autoridad de las Sagradas Escrituras, por la cual deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún hombre, ni iglesia; sino absolutamente de Dios (quien es la verdad misma) el Autor de estas; y por ende deben ser recibidas porque es la Palabra de Dios”.

Sabemos que cuando Dios habla tenemos que escuchar. De hecho, gran parte de la Gran Comisión es enseñar a la gente a someterse a la autoridad de la Palabra de Dios. Mateo 28:18-20: “… enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”.

Esto era lo que maravillaba a la gente cuando Jesús enseñaba. Mateo 7:29 dice que cuando Jesús enseñaba, las personas se maravillaban; y supongo que eso implica que Él era un predicador maravilloso. ¿Cuál era la causa de su admiración? “Él enseñaba como alguien que tiene autoridad, y no como los escribas y fariseos”.
Es así precisamente como deben predicar los predicadores, con autoridad. Es un mandato de Dios que hagan eso. Tito 2:15: “Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie”. Aunque es muy probable que afirmemos que si Dios dijera algo nosotros lo obedeceríamos, nos olvidamos de que el ministro fiel es Dios hablándonos hoy. La perspectiva de la Reforma en cuanto al ministerio del púlpito es que cuando un ministro fiel está exponiendo la Palabra de Dios, es la voz de Dios lo que escuchamos, no la de un hombre; y eso significa que debe ser obedecida.

Pero ¿qué escuchas después del sermón? En el mejor de los casos escuchas cosas como: “Eso es interesante, tendré que pensar acerca de eso”. Pero Dios nunca nos dio Su Palabra para conocer nuestra opinión o para que lo pensemos. Él nos dio Su Palabra para obedecerla.

El puritano Thomas Taylor escribió:

La Palabra de Dios debe ser comunicada de tal manera que la majestad y autoridad de esta sean preservadas. Los embajadores de Cristo deben hablar Su mensaje de la forma que Él mismo lo pronunciaría. Un ministerio lisonjero es un enemigo para esta autoridad; ya que cuando un ministro debe entonar placebos y cantos dulces, es imposible que no traicione la verdad. Resistir esta autoridad, o debilitarla, es un pecado temible, ya sea en hombres reputados o humildes; y el Señor no permitirá que Sus mensajeros sean interrumpidos. Los oyentes deben (a) orar por sus maestros, para que comuniquen la Palabra con autoridad, con coraje, y con claridad; (b) no confundir esta autoridad de los ministros con enojo o amargura, y mucho menos con locura; y (c) no rehusar sujetarse a esta autoridad, ni enojarse cuando se oponga a alguna práctica que son reacios a abandonar; porque es justo para Dios apagar la luz de aquellos que no reciben la luz ofrecida.

Deuteronomio 30:20 equipara amar a Dios con obedecer Su voz. De hecho, dice que así es como amamos a Dios. Así es como los puritanos veían la Escritura. Su alto concepto de Dios resultaba de su alto concepto de la Escritura. Y si queremos conocer a Dios de la forma en que ellos lo hicieron, debemos amar Su Palabra de la forma en que ellos lo hicieron. Ese amor solo aumentará mediante el estudio intensivo y diligente. Y leer a los puritanos es lo segundo mejor que podemos hacer. De hecho, es como ir a la escuela con algunas de las mentes más brillantes que la iglesia ha tenido jamás. Alguien dijo que “uno llega a ser como aquellos con quienes uno pasa el tiempo”. Leer a los puritanos, entonces, sería el mejor uso posible del tiempo. Ay ¡que podamos llegar a ser como ellos en las formas en que mostraban a Cristo para que todos lo alabaran y adoraran!

 

Traducido con permiso del original:
Kistler, Don.
Why read the Puritans today? / by Don Kistler.
p. cm.
Originally published: Morgan, PA: Soli Deo Gloria Publications, c1999.
ISBN 978-0-9798579-7-3

 

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