Combatiendo los ídolos del corazón

...Es posible entonces saber si estoy adorando las cosas buenas que deseo o a Dios. Si estamos dispuestos a pecar para alcanzar lo que queremos, o si peco cuando no obtengo lo que quiero, entonces estos deseos están tomando el lugar de Dios y estamos actuando como idólatras... (Foto: Robbie Sproule/Flickr)

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Las siguientes son las notas de las charlas impartidas por el pastor Guillermo Gómez durante el retiro de damas de la Iglesia Cristiana Gracia y Amor, entre el 30 y 31 de agosto de 2019, en La Vega, Cundinamarca.

 

Combatiendo los ídolos del corazón

Cuando usted oye habla de idolatría, ¿cuál idea se le viene a la memoria? Tal vez la diversidad de religiones que el hombre ha creado a lo largo y ancho del mundo y del tiempo, o quizás los ritos extraños practicados por ciertas personas que tributan a ciertas figuras o íconos que consideran seres superiores o dioses pero que en realidad no son lo uno ni lo otro, sino el producto de la imaginación de las personas que quieren aferrarse a algo que les de protección y bienestar.

Sin embargo, la idolatría no se encuentra tan lejos de nosotros, no lo digo porque se pueda encontrar en un templo en el barrio donde vivimos, o tal vez porque solo enciendo el televisor para ver un documental de la National Geografic sobre los ritos que practican nativos de lugares remotos, no por eso es por lo que ya la tenemos cerca. En realidad, la idolatría está más cerca de lo que creemos, se encuentra dentro de nosotros mismos y muchas veces no lo advertimos.

En cierta ocasión el Señor advirtió que una parte de nuestra existencia era la fuente, el laboratorio, el semillero de muchas cosas malas. Mt. 12:34,35; 15:18,19. Esa parte del ser humano que produce cosas malas son nuestros corazones, queridas damas, y es en nuestro corazón precisamente donde también se encuentra la idolatría, como dijo juan Calvino: el corazón es una fábrica de ídolos. Ha pensado usted, cuando se pone frente al espejo cada día, que dentro de esta mujer linda que allí se refleja, puede haber un gran templo lleno de dioses falsos.

Quizás es oportuno ahora considerar lo que vamos a entender por ídolos durante nuestro retiro. El concepto ídolo e idolatría es todo aquello que compite en nuestros corazones por ser adorado y servido. Lo que nos ayuda a entender mejor este concepto y a identificar claramente lo que es un ídolo es considerar la demanda que el Hijo de Dios nos hace con respecto al amor que debe nuestro corazón tributar a Dios, veamos: Mt. 22:37,38

Reflexionemos en qué es lo que está demandando este mandamiento. Se trata de un amor total y adoración completa de nuestro corazón a Dios. Quizás yo la haga sentir incomoda preguntándole si hay otros amores en su corazón a los que le presta especial atención, devoción y servicio. Estos son los ídolos que su corazón siempre busca satisfacer y muchas veces ocupan el lugar de Dios, porque hay ciertos momentos en que les brindamos nuestro mejor tiempo, nuestra mayor atención y nuestros mejores sacrificios. Puede pensar en algo que ha hecho usted por un hijo o por su marido y lo que está dispuesta a sacrificar por ellos o por cierto proyecto, gusto, entre otros, y que no estaría dispuesta a hacer lo mismo por el Señor constantemente y con tanto interés.

Los ídolos y la idolatría están relacionados con muchas cosas a las que nuestro corazón le rinde devoción porque le proporcionan felicidad y bienestar. Cuando nuestro corazón es cautivado ante un sentimiento, un objeto, una persona o cualquier cosa y le rinde gran interés, porque de lo contrario usted se siente desdichada, infeliz o por decir lo menos, se siente triste, ahí tenemos un ídolo, un dios falso que nuestro corazón siente debe atender y rendirle atención especial, desplazando a Dios como objeto único y prioritario de toda nuestra atención y satisfacción. Mi familia, mis hijos, mi esposo, mi carrera, mi trabajo, mi profesión, mi orgullo, mi dignidad, mis muebles, mis comodidades, mis entretenimientos, mis gustos, mis maneras de pensar, mi temperamento y otras tantas cosas más pueden ser ídolos de los que nuestro corazón no se quiere deshacer y se aferra a estos como fuente de seguridad, bienestar y felicidad.

Debemos identificar nuestros ídolos, aprender a hacerlo y aprender a deshacernos de ellos, para no vivir toda la vida en esclavitud a los mismos afectos, los mismos pecados, los mismos hábitos los mismos comportamientos y actitudes pecaminosas. Tratar con nuestros ídolos para erradicarlos es determinante para nuestro crecimiento espiritual y piedad cristianas. Las invito hermanas y amigas a que nos acompañan, a que durante estos días meditemos en la idolatría que hay en nuestros corazones, las animo a que descubran sus ídolos y a que aprendan a combatirlos, para que sus vidas se remonten a esos pecados con los que viven luchando por tanto tiempo y se proyecten a ser mujeres fuertes espiritualmente y se conviertan en grandes fortines de piedad cristiana donde sus esposos, hijos, amigos, tanto creyentes e incrédulos, cualquier persona que entre en contacto con ustedes, puedan decir que han conocido a una verdadera mujer de Dios, llena de su gracia, y puedan encontrar inspiración para llevar vidas consagradas a Dios.

Esto que acabo de señalar, no significa que en este retiro saldrán plena y completamente santificadas en cuanto a la idolatría. Aunque muchas de ustedes quisieran que esto fuera tan práctico y rápido como calentar un alimento en el microondas, la verdad es que esto requiere de perseverancia y paciencia. Tener una vida sin ídolos es una empresa en la que gastaremos toda nuestra vida; sin embargo, Dios espera que toda mujer hecha a imagen y semejanza suya se aparte de los ídolos para consagrarse a Él, el único Dios verdadero, y esto solo es posible mediante la fe en Cristo su Hijo; toda mujer que ha reconocido su pecado y se ha sometido al señorío de Su Hijo, disfrutará de ser transformada renovada a su semejanza; Dios mismo se ha comprometido a operar en la vida de cada mujer que se ha vuelto a Cristo y le ha provisto en Él de todo recurso espiritual y medio de gracia para hacer de ella una mujer conforme al carácter de su Hijo Jesucristo. Si usted aún no está en Cristo reconozca su pecado y crea en Jesús, porque separada de Él nada podrá hacer, pero en Él tendrá el perdón, como fruto la santificación y como fin LA VIDA ETERNA.

La realidad de la idolatría
Quizás la idolatría no sea para ustedes un hábito común que estén dispuestas a reconocer que están practicando. Sea usted una mujer cristiana o no, puede estar viendo la idolatría que no tiene mucho que ver con usted, que es una experiencia que pertenece a otro tipo de personas.

Una advertencia bíblica reiterada
Las Escrituras registran de manera reiterativa la advertencia acerca de la idolatría y lo hace en diferentes épocas y contextos, dirigida al pueblo de Dios en muchos casos. Esto nos permite inferir que la idolatría sí es un peligro, y puede verse involucrada en su práctica tanto la mujer incrédula como la creyente devota a Dios. Veamos algunos ejemplos.
- Ex. 20:3
- Sal. 81:9; 97:7
- Os. 13:4
- Mt. 4:10
- 1 Co. 10:7,14
- Gál. 5:19,20
- Col. 3:5
- 1 Jn. 5:21

Estos y muchos otros pasajes de la Escritura, de manera explícita o implícita, tocan el tema de la idolatría. Podemos advertir que es un tema reiterativo en la Escritura, del que curiosamente algunas veces poco se habla en la iglesia del Señor. Si Dios por la Escritura está interesado en abordar la idolatría muchas veces y de diferentes maneras es porque es algo a lo que debemos prestar atención suficiente y no descuidarlo. Esta es la razón por la que vamos a dedicar nuestro tiempo en este retiro a reflexionar acerca de la idolatría.

Una mujer que confió en ídolos. Gn. 31:17-19,30
La historia de Raquel es la biografía de una mujer que se encontraba disfrutando de ciertas ventajas que otras mujeres muy seguramente envidiarían. Raquel era muy hermosa (29:17) y con la gracia suficiente, que le valió para dejar al hombre de su vida cautivado de una sola mirada. Lo tenía tan enamorado que le pareció poco trabajar 14 años por ella Gn. 29:20

Podemos decir que Raquel estaba hecha, que más podía querer. Pues sí había algo que no tenía y que la hacía infeliz y la atormentaba. No podía darle hijos al hombre de su vida. Y este había tenido hijos con su hermana, podemos imaginar lo que sentía Raquel cada vez que un chiquillo de estos decía por primera vez “papá” y Jacob jugaba con ellos y se gozaba por ellos. Sería muy frustrante para esta mujer ver que su belleza y su gracia no eran suficientes para tener toda la atención de su marido.

Un día su marido dijo: vámonos, “Raquel, alisten todo rápido que vamos a salir sin que nadie se dé cuenta. Lea, aliste los niños, de prisa y salgamos”. Pero Raquel sintió que había algo que le faltaba y aprovechó el descuido de su padre y robó las figuras que representaban los ídolos en los que confiaba su padre. Raquel pensó que estos serían una buena ayuda en caso de necesidad, que suplirían en un momento dado lo que le faltara y no sabemos cuántas cosas más pasaron por la mente de esta mujer al respecto.
Haciendo un análisis de Raquel, advertimos que era una mujer que se dejó llevar por su corazón engañoso y se había convertido en una mujer idólatra. Podemos comprobar su idolatría, en lo relacionado con los ídolos que hurtó de su padre, por ellos se convirtió en ladrona y en mentirosa, pues negó a su padre y a su esposo que ella los había tomado. Estaba dispuesta a todo por estos ídolos.

Pero más allá de esto había un ídolo del que su corazón y su vida estaban cautivos. Se trata de su deseo e interés por ser madre por tener hijos de Jacob. Esto y todo lo que representaba era algo que esclavizaba por completo su corazón. Gn. 30:1,2. Ser madre se convirtió para Raquel en una obsesión, algo en función de lo cual vivía, algo que consumía su alma, algo de lo que dependía su bienestar, su seguridad y su felicidad.

Esto la llevo a perder su perspectiva a pensar que Jacob era Dios y tenía el control sobre su fertilidad. Pero finalmente Dios quiso en su soberanía darle un hijo, pero el corazón de Raquel estaba tan atado a esta necesidad que no se conformó con uno, sino que quiso otro Gn. 30:24, y Dios se lo dio, pero ella no se conformó con este y le puso por nombre José que significa “que Dios añada/Dios me dé otro”, más ella seguía anhelando otro y así fue como literalmente daría su vida si tuviera otro hijo, y así fue, pues murió dando a luz a su último hijo, al cual alcanzó a darle el nombre “Benoni, hijo de mi tristeza” y ahí quedó su belleza, su gracia, y el amor de Jacob por ella. Esta mujer que moría por un hijo, finalmente perdió su vida obteniéndolo. Gn. 35:16-18

En cierta medida la historia de esta mujer nos deja un sabor agridulce, una mujer con grandes opciones para ser feliz que terminó de esta manera. Podemos inferir lo que muy posiblemente llevó a Raquel a terminar así. Una mujer segura de sí misma, de ser adorada por el hombre de su vida sintió que perdía favoritismo frente a su hermana, Lea, quien daba hijos a Jacob, esto se convirtió en su espina en el corazón. Cada vez que su hermana daba a luz, su infertilidad le parecía una maldición y una carga irresistible, se convenció de que su infertilidad no era la condición que ella quería, no se conformó a la voluntad de Dios. Posiblemente esto fue la que la alentó a llevarse los ídolos de su padre, quizás estos le ayudarían más que dios a ser madre algún día. Estos dioses que podía cargar en su bolso a donde quisiera podían ser la solución. Unos dioses que podían adaptarse a sus gustos e intenciones, quizás ellos podrían darle lo que ella tanto deseaba. Quería dioses manipulables, que no controlaran su vida, sino que más bien hicieran lo que ella quería.

Identificando mis ídolos
Nos gustaría pensar que lo que sucedió en el corazón de Raquel no le pasa a usted, ni le ocurrirá jamás. Pero no se confié, nuestro corazón esconde ídolos. Pensemos por un instante, no hay ciertas cosas que anhelaríamos cambiar en nuestra vida y que en el fondo, aunque usted no lo diga si hay ciertos asuntos que si cambiaran la harían sentir una mujer más feliz, más tranquila, más a gusto con la vida. El corazón siempre está anhelando lo que no tenemos y acariciando lo que puede llegar a ser y en el presente no es.

No es malo anhelar cosas mejores, siempre que sean legítimas; sin embargo, el punto aquí es cuando esas cosas se convierten en aquello que determina mi contentamiento, satisfacción, seguridad o felicidad. Cuando NO puedo sentir que Dios es quien me contenta, me satisface, me da seguridad me hace feliz. Cuando teniendo a Dios en mi corazón, busco y quiero algo más para experimentar completa paz y felicidad.

Si siempre hay algo ahí que desea para sentirse realmente bien, ya tenemos un ídolo. La manera como servimos a este ídolo varía en cada caso, podemos llegar al extremo de Raquel que dijo: dame hijos o me muero. Su vida perdía todo sentido sino obtenía eso. Pero usted no es como Raquel, seguramente no llega hasta ese punto extremo, pero… a veces sí siente que todo iría mejor si esto o aquello fuera diferente, o que todo sería mejor si tuviéramos esto o aquello. SI ESTA VIEJA LAVADORA PUDIERA CAMBIARLA, SI BAJARA AUNQUE SEA UN PAR DE KILOS, SI PUDIERA CAMBIAR MI CORTE DE CABELLO, SI MI ESPOSO TUVIERA UN MEJOR INGRESO, SI PUDIERA ESTUDIAR PARA TAL COSA, SI PUDIERA ENCONTRAR UN TRABAJO QUE FUERA DE TAL FORMA, SI PUDIERA INDEPENDIZARME, SI TUVIERA UN NEGOCIO EN CASA, SI DEJÁRAMOS DE PAGAR ARRIENDO. Estos pequeños faltantes pueden estar funcionando como un dios para usted, como un pequeño ídolo en su corazón. Pues estas cosas, así sea en una medida muy pequeña, están representando la fuente de su bienestar completo, estas cositas SON DIOSES QUE TIENEN EL PODER PARA LLENAR ESE PEQUEÑO VACÍO EN SU CORAZÓN. Esto se convierte muchas veces en un gran y temible ídolo en su vida, como sucedió con Raquel.

Mis ídolos santos
Apreciada hermana y amiga, hay una clase de idolatría tan refinada escondida en el corazón que puede asumir toda clase de apariencia. No todos los ídolos, por decirlo de alguna manera, son escandalosos y abiertamente despreciables; hay ídolos con caras y vestiduras tan dulces que pasan por santos, piados y benditos. Estos ídolos son aquellos relacionados con cosas muy loables, benignas, virtuosas y piadosas.

Piense por ejemplo en el siguiente deseo: si mi marido fuera más piadoso, un mejor líder espiritual de mi familia, o si mis hijos fueran más obedientes, si se convirtieran al Señor. Una mujer cristiana debe querer y procurar estas cosas. Pero si el no llegar a obtener estas cosas la hacen infeliz, la deprimen, la amargan, la atormentan continuamente, estas se han convertido en ídolos. Qué decir del orden y la limpieza en su lugar de habitación. ¿Es usted es de las que se enoja, se amarga, se siente frustrada y desdichada cuando no están las cosas en su lugar y no está todo como lo ha dispuesto y quiere verlo siempre en casa? ¿Se llena de ira, de resentimiento, de desprecio por los que son indiferentes a sus esfuerzos y trabajo, y rompe en llanto?

¿Es malo tener una familia piadosa donde el marido es un hombre consagrado al Señor y los hijos creyentes? ¡Claro que no! ¿Es malo que haya orden y aseo en casa? ¡Claro que no! Pero esto no quiere decir que no se conviertan estas cosas en ídolos que controlan la felicidad y el bienestar de su alma. Son dioses falsos que se han entronizado en su interior, haciéndole creer que tienen poder para darle verdadera alegría y paz a su corazón.

Podemos saber cuándo las cosas buenas, piadosas, virtuosas y legítimas son ídolos que nuestro corazón adora y sirve. Es posible entonces saber si estoy adorando las cosas buenas que deseo o a Dios. Si estamos dispuestos a pecar para alcanzar lo que queremos, o si peco cuando no obtengo lo que quiero, entonces estos deseos están tomando el lugar de Dios y estamos actuando como idólatras.

Para ilustrarlo tenemos el ejemplo de Raquel. Pecó codiciando tener hijos, como su hermana lea. Robando ídolos para alcanzar su deseo. Trató mal a su marido, exigiéndole hijos. No era idolatría que Raquel quisiera ser madre, pero la manera como este deseo cautivó su alma y determinó la paz y satisfacción de su alma y deseó esto más que a Dios mismo.

Ídolos proveedores
El corazón engañoso puede convertirla en una mujer idolatra a través de la confianza que deposita en ciertas cosas para obtener otras. Por ejemplo, hacer ejercicio disciplinadamente y comer saludable para no enfermarse. Esta es una manera como el corazón hace pactos con ciertas cosas esperando obtener algo. No quiere decir que sea malo hacer ejercicio y comer saludable, pero si es en esto que está totalmente puesta la confianza de tener una buena salud, hemos convertido esto en un ídolo al cual servimos con devoción.

Hay un sin número de situaciones que pueden convertirse en ídolos proveedores. Por ejemplo, buscar siempre agradar a su esposo y darle un trato excelente; prepararle los alimentos que le gustan, ser muy obediente, pero solo para asegurarse que el siempre complazca sus pedidos, eso es hacer de su marido un ídolo proveedor. Claro, cuando este ídolo no responda conforme a la devoción que le ha dado entonces hace berrinche, lo castiga de alguna manera, lo ignora, es una señal clara que el amor por Dios no es un amor que predomina sino una idolatría.

Si somos buenos trabajadores y buscamos destacarnos como el mejor empleado del mes para asegurarnos la simpatía de los jefes y la permanencia en el trabajo o la promoción en la empresa, eso es una manera de tener un dios proveedor en el jefe y en el trabajo. Debemos ser buenos trabajadores por amor a Dios. Porque finalmente a Él es a quien servimos.

 

Talle 1
1. ¿Puede identificar algo que puede proveer mayor bienestar o felicidad del que ahora tiene? En silencio, que todas escriban en sus notas la respuesta. Después de unos segundos, cada una comparta su respuesta al grupo.
2. ¿Sabía que su corazón es una fábrica de ídolos y que podría tener más ídolos de los que creía? Comente en el grupo.
3. ¿Qué le ha sorprendido con respecto a cosas que creía no eran ídolos? Comparta su experiencia en este sentido con el grupo.
4. Piensen en algún pecado común y recurrente en sus vidas. Pueden ver alguna relación entre esos hábitos pecaminosos y la idolatría.
5. Compartan cómo podrían llenar el siguiente espacio vacío. “¡necesito ____________, o me muero!”

 

El corazón que ama completamente a Dios es un corazón sin ídolos
Una vida sin ídolos es posible en la medida en que nuestro corazón se consagra totalmente a Dios. En los evangelios quedó registrado un episodio cotidiano, que no por casualidad es protagonizado por dos mujeres. Podemos ver que muchas mujeres pueden verse reflejadas en este cuadro y porque no decirlo, en el momento que lo leamos y analicemos un poco, muy seguramente se sienta identificada y experimente que en este pasaje las palabras del Señor Jesús contienen un mensaje condenatorio para usted. Lc. 10:38-42


Lc. 10:38 Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
Luc 10:39 Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
Luc 10:40 Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.
Luc 10:41 Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas.
Luc 10:42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Será posible encontrar a alguien a quien sea necesario decirle que no sea tan consagrado a Dios, que está amando a Dios demasiado. La vida de Marta es un retrato vívido de la vida de una mujer como usted. Atareada y cargada con muchas cosas, especialmente cuando es esposa y madre. Debe ser ayuda idónea, consejera, administradora, niñera, enfermera, encargada del departamento de compras, aseadora, chef, y en los ratos libres psicóloga, nutricionista, y hasta electricista y técnica en electrodomésticos.

Una mujer así tiene muchas justificaciones para decirle al Señor que no tiene tiempo para sentarse a sus pies y escucharle, que más tarde lo intentará. El primer mandamiento de Ex. 20 dice “no tendrás dioses ajenos delante de mí”, una mujer que deja siempre para después su encuentro con Jesús, justificándose en sus deberes, es una mujer que seguramente tiene un dios delante de Dios.

En un catecismo cristiano, que es un símbolo de la iglesia cristiana, llamado el catecismo menor de Westminster se encuentra la respuesta acerca de la pregunta sobre el significado del primer mandamiento de la ley moral de Dios.

104. ¿Cuáles son los deberes exigidos en el primer mandamiento?
R. Los deberes exigidos en el primer mandamiento son el que conozcamos y confesemos que Dios es el único Dios verdadero, y que es el nuestro y que conforme a esto le adoremos y glorifiquemos, pensando y meditando en él, recordándole, teniéndole en la más alta estimación, honrándole, adorándole, eligiéndole, y amándole, deseándole, temiéndole, creyendo, confiando, esperando, deleitándose, y regocijándose en él; siendo celosos por él, invocándole, dando toda alabanza y acción de gracias a él, prestándole toda obediencia y sumisión con todo nuestro ser, siendo cuidadosos en todas las cosas que a Él le agradan, y entristeciéndonos cuando hacemos algo con lo que le ofendemos, andando en la humildad con Él.

Revisemos brevemente al contenido de algunas de estos deberes y meditemos en nuestro corazón que tanto los cumplimos.

Un padre idólatra
Hay que reconocer nuestro fracaso cuando en lugar de tributar a Dios todo lo que el primer mandamiento implica y barca, preferimos rendirnos ante nuestros ídolos del corazón. Hubo un hombre que en lugar de honrar a Dios decidió honrar a sus ídolos.
1 S. 2:29. Elí era un sacerdote, que conocía las demandas del primer mandamiento y lo que es amar a Dios sobre todas las cosas; sin embargo, advertimos que este hombre decide tolerar a sus hijos, no incomodarlos, ni estorbar el pecado de ellos. Este Elí estuvo dispuesto a deshonrar a Dios y pecar antes de reprender a sus hijos e incomodarlos.

Quizás prefirió la paz de su familia que el conflicto que vendría si le llamaba la atención a sus hijos. Aunque este hombre no se inclinó a una figura de yeso o de piedra, sí se inclinó a las exigencias de sus hijos, incluso a pesar de que eran contrarias a la voluntad de Dios.
Para el creyente, la adoración y el amor que debe tributarse a Dios no tiene rival ni parangón ninguno frente a un ser querido. El amor a Dios es tan prioritario que debe sacrificarse el amor a nuestros seres queridos. Cuando comparamos la calidad del amor que debemos dar a nuestros seres queridos frente al amor de Dios, el primero parecerá como desprecio o desamor. Lc. 14:26

Este no es un mandamiento dirigido a odiar a nuestros seres queridos, ni a dar el primer lugar a Dios y a la vez despreciar o menospreciar a los seres queridos. Elí hizo un ídolo de la aprobación de sus hijos. Tal vez las que son madres saben que muchas veces sus hijos son ídolos a los que honran a toda costa, incluso a costa de deshonrar a Dios. Esto ocurre cuando es importante ver felices a los hijos, y la madre está dispuesta para esto hacer cualquier cosa, incluso desatender el consejo de Dios. Muchas madres prefieren desatender a Dios para proveer muchas cosas a sus hijos. Prefieren pelear con su marido que tener problemas con los hijos o verles contrariados o tristes. Sé de madres que, pasando por encima de un liderazgo quizás severo de sus hijos, los entregaron al mundo para complacerlos y verlos felices y después recogieron el fruto de esto con hijos e hijas con estilos de vida mundanos y vidas desordenadas. Cambiaron la única cosa que era buena, como Marta en el pasaje, cambiaron la honra de Dios por complacer a sus hijos. Como Marta y como Elí, se convirtieron en idolatras de sus hijos.

El padre que confió y honró a Dios
Hay por la gracia de Dios, también el ejemplo de padres que estuvieron dispuestos a honrar a Dios, no importando si esto implicaba sacrificar el amor por sus hijos. El caso por excelencia es el de un hombre llamado Abraham, con su hijo Isaac. De manera especial nos muestra este personaje un ejemplo de confianza en Dios. CONFIANZA EN DIOS QUIERE DECIR CREER Y DESCANSAR EN ÉL, OBEDECIENDO SUS MANDAMIENTOS SIN IMPORTAR LO QUE CUESTE.

La confianza es uno de esos temas fundamentales para combatir la idolatría. Usted fácilmente puede decir que confía plenamente en Cristo para la salvación de su alma, pero cuando se trata de confiar en medio de ciertos temas de la vida temporal ya no puede afirmar la misma confianza en Dios. Sobre el futuro de su familia, sobre el cubrimiento de todas las cosas necesarias de esta vida temporal, techo alimento vestido, educación, oportunidades para los hijos. En estas cosas se hace más difícil confiar en Dios y mejor queremos tomar las cosas en nuestras manos y asegurarnos de tener su control, así esto no sea lo que Dios quiera. Hay en el corazón cierta falta de confianza de que Dios proveerá para estas cosas. En el fondo, tomar todo el control en nuestras manos para asegurar ciertas cosas y la desconfianza, son las acciones y pensamientos de un idolatra.
Veamos qué hizo nuestro personaje ejemplar. Gn. 22:2. Durante largos años añoró un hijo, y este regalo de Dios llegó cuando ya tenía 100 años. Dios sabía lo que representaba este hijo para Abraham, Él sabía cuánto lo amaba, Dios lo recalcó cuando le dio la orden de entregarlo. Esta era una situación desconcertante, Dios le había prometido un hijo a través del cual Dios traería redención a la humanidad, a través de este hijo también Dios se haría de un pueblo para representarlo en esta tierra expresar su gloria.

Abraham podía razonar y pensar que quizás Dios no quiso decir estas cosas, pues no coincide con los propósitos de Dios, por el contrario, más bien lo que Dios quiere, podía pensar Abraham, es que yo me haga cargo de mi hijo y lo proteja a toda costa para que en él se pueda cumplir el plan divino. Lo cierto es que de cualquier forma Abraham había aprendido a confiar en Dios, así que se levantó temprano y tomó a su hijo y llevó madera, cómo hacer fuego y cuchillo, para cumplir lo que Dios le había dicho. Estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo para honrar a Dios.

Hay un contraste entre estos dos padres. Elí, dispuesto a deshonrar a Dios por honrar a sus hijos; Abraham, dispuesto a sacrificar a su Hijo por honrar a Dios en obediencia. La diferencia es que Abraham amaba a su hijo, pero adoraba más a Dios, así él estaba dispuesto a obedecer a costa de la persona que más amaba. Este padre amaba a su hijo, pero estaba dispuesto a aborrecer a su hijo antes que deshonrar a Dios. No era que Abraham despreciara a su hijo, sino que el amor por Dios en su corazón era mayor. Elí, por el contrario, amaba a sus hijos y menospreciaba a Dios, Elí tenía otros dioses frente a Dios, era un idólatra.

Reconociendo nuestro fracaso
Si ahora mismo nos preguntaran: ¿cuánto amamos a Dios? Si yo le preguntara a usted si ama a Dios más que las demás mujeres que se encuentra aquí, ¿cuál sería su repuesta? Quizás nos es muy fácil decir y creer que lo amamos, pero nuestros hechos niegan lo que estamos confesando. Muchas veces nos engañamos pensando que somos fieles al primer mandamiento de la ley moral y que no tenemos dioses ajenos delante de Dios, que lo amamos prioritariamente frente a todo lo demás.

La confianza en Dios quiere decir creer y descansar en Él, obedeciendo sus mandamientos, sin importar lo que cueste, lo cual sería llevar nuestro amor a Dios a la práctica, en esto es algo en lo que muchas veces fracasamos estruendosamente y es evidencia de que nuestro corazón no ama solo a Dios, sino que hay ídolos que también ama.

Hay una historia muy conocida en los evangelios de un hombre que se auto engañaba pensando que guardaba perfectamente el primer mandamiento; que no tenía dioses ajenos delante de Dios, que amaba a Dios sobre cualquier cosa y a costa de todo. Mr. 14:24-31. Así quedó registrado para la posteridad el sonado caso de la idolatría de Pedro, el apóstol del Señor Jesús. A la hora de llevar a la práctica el primer mandamiento, Pedro fracasó. Estaba plenamente convencido, de buena fe, que amaba al Señor más que nadie sobre todas las cosas aún más que su propia vida. Sabemos lo que ocurrió a la hora de la verdad, y cuando en aquel patio, después de ser tomado cautivo el Señor Jesús, se cruzaron sus miradas después que Pedro lo negó tres veces, Pedro advirtió su fracaso; sus hechos comprobaron que no amaba al Señor totalmente, que lo había defraudado, y lloró amargamente.

Posteriormente a este patético evento, se encontraron nuevamente estos dos hombres y el Señor Jesús le hizo una pregunta, la cual podríamos catalogar de capciosa, veamos que ocurrió Jn. 21:15-17. Claramente advertimos que la reiterada pregunta “¿me amas?” tenía como propósito comprobar si Pedro había aprendido la lección. Pedro debía aprender que había otros ídolos en su corazón, y que Pedro los amaba también y no amaba completa y perfectamente solo al Señor.

Pero este episodio además de mostrar que Pedro ya no confía en sí mismo, que sabe que su amor por el Señor no es perfecto, por lo que el Señor le deja ver la gracia y compasión de Jesucristo por los que le aman, pero fracasan en hacerlo correctamente, como su discípulo Pedro. Así como vemos que el Señor Jesús perdonó y restauró a su discípulo caído, podemos también confiar los creyentes que el Hijo de Dios nos perdona y nos restaura, a pesar de que muchas veces le negamos, como Pedro, cuando sucumbimos ante otros afectos en nuestro corazón idólatra.

Querida mujer aquí presente, permítame decirle algo acera de esto; si usted es una mujer que verdaderamente ha confiado su alma a Cristo si en fe y arrepentimiento ha reconocido su pecado y sometido su vida al Señor, si a pesar de sus fracaso anhela y busca serle obediente y confiar en Él, sepa que aunque usted falla muchas veces amando a otros dioses, el Señor Jesús está continuamente intercediendo eficazmente ante el trono de Dios para que sea perdonada y persevere en la fe en Él siempre, a pesar de sus caídas Hb. 7:25, mas como a Pedro el Señor también le dice a usted ahora: Adelante… ánimo… la perdono, pero siga adelante, cumpla con lo que yo le encargo, esfuércese por hacerlo con excelencia cada vez mejor; hónreme con excelencia, persevere en confiar en mí y en obedecerme a toda costa y pase lo que pase.

 

Taller 2
1. Al considerar la vida de Abraham, ¿cuál lección práctica aprende sobre el amor a Dios, radical, exclusivo y de todo corazón?
2. Compartan acerca de con cuál de estos personajes cada una tiene una mayor identificación: ¿Marta, Elí, Abraham, o Pedro?
3. Evalúen cuál es la razón por la que no hay en el grupo una mayoría que se identifique con Abraham.
4. Una o dos participantes compartan libremente, acerca de cuál es el área donde más falla y fracasa en confianza, obediencia y honra a Dios. Cuáles ídolos pueden identificar de acuerdo con estos testimonios.

 

Poder deleitarse en Dios como recurso para acabar con los ídolos
Hay toda una serie de provisiones espirituales y medios de gracia que Dios nos ha provisto como instrumentos que ayudan a nuestro desarrollo y progreso espiritual. En el gozo en Dios tenemos una ayuda importante contra los dioses falsos que nuestro corazón adora y sirve. Cuando nuestro corazón logra deleitarse en Dios, va abandonando los ídolos, pues experimenta que no hay nada que sea tan bueno y mejor que Dios mismo para su alma, por sobre todas cosas es Dios su mayor bien. El todo para su alma. Sal. 63:3

Debemos preguntarnos qué tanto nuestro corazón halla mayor satisfacción en Dios que en cualquier otra cosa. ¿Cuál respuesta tendríamos a las siguientes preguntas?
1. ¿Es el amor de Dios mejor que un esposo amoroso, tierno y considerado? Si__ No__ Pero cuando tengo dificultades para comunicarme con él, cuando veo que no valora las cosas que para mí como mujer son importantes, cuando quiere imponer su voluntad y deseos sin considerar los míos. En ese momento Dios es mejor que un esposo amoroso tierno y considerado.
2. ¿Contar con su amor incondicional y eterno es más agradable que tener hijos obedientes? Si___ No__ Creemos que Dios quiere que tengamos hijos obedientes, pero, ¿es Dios y su amor suficientes cuando trata con un hijo difícil, que la avergüenza y es causa de preocupación y tristeza?
3. ¿Es Dios para mí, más deseable que una buena salud? Si__ No__ Cuando estamos y nos sentimos bien, casi sin pensarlo, respondemos ¡Sí! Pero una penosa dolencia crónica a media noche, ¿podría hacernos desear más la buena salud que a Dios?

Esto nos deja ver que hay un sin número de situaciones y circunstancias que nos pueden hacer cambiar de idea en cuanto a lo que es más mi deleito en un momento dado, que es lo que más me satisfaría; cuando pierdo una materia importante en la universidad, o pierdo mi trabajo, o mi esposo tiene problemas con la economía, o enferma gravemente un ser querido, o surge un gasto inesperado que agota mi presupuesto por completo, o tenemos que cambiar nuestro lugar de seguridad y comodidad a uno menos seguro y cómodo.

Debemos preguntarnos si su amor es nuestra mayor fuente de felicidad o bien. Si la relación con Él satisface y llena tanto nuestra alma que nada puede perturbar mi satisfacción y placer en Dios, si por ejemplo me perturbaría y robaría mi paz y tranquilidad saber que se murió la mascota fastidiosa de mi vecina.

Dios es la felicidad del hombre
Cuando advertimos lo que el salmista afirma en el Salmo 63, nos damos cuenta de que lo que está queriéndonos decir es que su mayor tesoro es Dios, y teniéndolo a Él lo demás palidece en valor, belleza y placer. Agustín dijo: “la felicidad del hombre es Dios mismo” como el salmista, este hombre examinó todo lo que el mundo tenía que ofrecer y dijo; “nada es mejor que conocerlo a Él, no hay mayor placer que adorarlo a Él, nada hay más dulce que su amor, mi felicidad se encuentra sólo en Él.”

Felicidad, deleite y bienestar determinan nuestros afectos del corazón
Muchos elementos determinan los afectos de nuestro corazón y estos a su vez nos llevan a tomar decisiones y optar por vivir enfocados en determinados aspectos. Por ejemplo, si la moda es nuestro deleite, felicidad y bienestar, nuestro corazón amará las cosas que promuevan el disfrute de la moda en mi vida y marcarán mi estilo de vida enfocado y en función de la moda.

El caso de Eva, la esposa de Adán, sirve para ilustrar este punto. Dice la historia bíblica que esta mujer fue abordada por satanás, quien le planteó ciertas cosas que lograron captar su interés y ella las vio como fuentes de deleite bienestar y felicidad, lo cual determinó el curso a seguir en su vida. Gn. 3:6

¿Por qué Eva escogió desobedecer a Dios? Advirtamos los siguientes términos en nuestro texto bíblico: BUENO, AGRADABLE, CODICIABLE. Nuestras decisiones se basan en lo que es bueno, que nos parece muy agradable, y que consideramos codiciable. Toda persona en condiciones normales escogerá aquello que le proporciona bienestar y felicidad, la cuestión es que no siempre lo que el corazón considera bueno, agradable y codiciable es realmente una verdadera fuente de felicidad y bienestar. Vienen como anillo al dedo las palabras de Richard Baxter: la voluntad nunca desea el mal, como tal… sino porque parece bueno. Cuando decidimos desobedecer a Dios, lo elegimos porque nuestro corazón engañoso y perverso por causa del pecado, está convencido de que eso es bueno.

Nuestro corazón es muy vulnerable y fluctuante en cuanto a lo que considera bueno, agradable y codiciable. La razón es la condición caída del corazón, o, dicho de otra forma, la lesión que ha sufrido el corazón por causa del pecado, que lo ha convertido en minusválido para poder amar el bien verdadero y perseguirlo. A partir de la caída de Adán y Eva toda la raza humana quedó con un corazón lisiado; incapaz de hacer y buscar el bien e inclinado constantemente al pecado.

La elección de Eva nos deja ver que su corazón se convenció que era la elección en ese momento. Ella creyó que desobedecer a Dios era la mejor elección en su vida. Esto es lo mismo que le ocurre a usted y a mí cada vez que pecamos desobedeciendo a Dios, creemos que eso es lo mejor para nosotros y vemos lo que Dios nos pide como poco provechoso y beneficioso para satisfacer nuestra felicidad, y bien se oscurece por completo y se nubla nuestra capacidad de reconocer a Dios como nuestro mayor bien y obedecerle como lo mejor para nuestra vida.

Cuando los resultados de los exámenes médicos nos dicen que estamos mal en determinados asuntos y que estamos corriendo riesgos para nuestra salud y que debemos tomar medidas para prevenir males peligrosos, y el médico nos otorga la solución a dichos problemas tan delicados mediante la implementación de una dieta, advertimos en ese momento que lo mejor para nuestra vida es dejar de consumir tales alimentos; como por ejemplo, pan, café, ciertas salsas y determinadas carnes; salimos de la entrevista médica con la plena convicción de que lo mejor es obedecer y empezar la dieta, estamos dispuestos a seguir la instrucción, pues esto nos evitará graves dificultades. Después de esta cita médica, nos dirigimos a casa de un hermano para festejar el cumpleaños de nuestro familiar y cuando empiezan a servir los platos tan elaborados y exquisitos, con todos los ingredientes y componentes sabrosos que me prohibieron, mi corazón en ese momento, teniendo a disposición tan buena comida, cambia de perspectiva y se convence que lo mejor en ese momento es degustar y disfrutar estas delicias.

Lo que parecía bueno y aprobaba mi corazón como lo mejor en el consultorio clínico, horas después en la reunión familiar ya no era tan bueno, y parecía que había otra cosa mejor; lo que ahora parece el bien supremo para mí es consumir esta rica comida que sirvieron en la fiesta de cumpleaños. Estos alimentos que ahora estoy convencido que son lo mejor, realmente no los son y comerlos no es lo que traerá verdadero bienestar y felicidad a mi vida.

Sal. 16:2; 73:25. Hasta que Dios no sea mi bien supremo y mi mayor tesoro, muchas cosas competirán con Dios por este afecto, y Dios tendrá que compartir mis afectos con otros ídolos. Hasta que Dios no sea mi mayor bien y mi mayor tesoro, no podré experimentar que no estoy perdiendo nada valioso cuando rechazo la satisfacción que otras cosas me ofrecen en la vida.

Una ilustración para seguir
El gozo del Señor: El Señor Jesús nos deja ver cómo puso a Dios delante de sí, como su mayor bien, y consideró lo demás como inferior y sin valor importante. Mt. 4:8-10. El Señor considera cualquier clase de gran cosa y mayor bien que el mundo ofrece como nada frente a agradar y adorar a Dios. La obediencia y estar en perfecta comunión con Su Padre era Su mayor bien y tesoro.

Hb. 12:2. Aquí el mayor gozo bienestar y felicidad para el Señor Jesús están representados en hacer la voluntad de su Padre, en agradarle a costa de su sufrimiento agonía y entrega de su propia vida.

El Señor estaba cautivado por la comunión con Su Padre. Él conocía la felicidad que resultaba de la obediencia y adoración centrada en Dios. Jn. 8:29

El gozo de David. Sal. 16:11; 66:1-3. David nos deja ver que tenía claro dónde se encontraba aquello que podía satisfacer plena y eternamente el alma. Sabía que en la comunión en la eternidad con Dios había un infinito o inagotable bien para disfrutarlo. Si podemos, como David, con los ojos de la fe y la ayuda de la gracia divina poder apreciar este tesoro maravilloso e inextinguible, esto nos permitirá cada vez ver con menor interés y deseo aquello que no es como lo que Dios y la comunión y adoración a Él representan.
Debemos dejar de creer consecuentemente en las ilusiones que aparentan ser más buenas, agradables y codiciables, que el amor de Dios y su beneplácito o aprobación. Tenemos que estar convencidos de que Dios es nuestro verdadero tesoro, el más valioso que existe. Esto nos permitirá ver la obediencia y el amor radical a Dios como lo mejor y más conveniente siempre ante otras opciones.

Pregúntese a sí misma, ¿seré yo capaz de contemplar a Dios como mi mayor bien frente a otros bienes pasajeros y toda clase de circunstancias y experiencias? La buena noticia es que Aquél que nos ayudó a ver por primera vez a Dios como el justo juez, quien por tanto debía condenarnos por el pecado y Aquél que nos dejó experimentar la gran necesidad de reconciliarnos y estar a cuentas con Él y que esto era lo mejor para nuestra alma y nos dio también el don del arrepentimiento y la fe para abrazar a Cristo con toda nuestro ser, Él mismo Espíritu de Dios que hizo a todo esto es el que mora en nuestro corazón y nos ayudará a percibir y contemplar a Dios como nuestro sumo Bien, deleite y felicidad sin iguales. 1 Co. 1:26-30;

Aquí la idea que se está desarrollando está en conexión con el llamamiento de Dios para salvación, el cual consiste en un llamamiento tanto interno como externo (26). Este llamado interno es el que se enfatiza aquí en el texto, el cual es un llamado que produce un efecto en el interior del corazón. Esto no depende de la condición, virtud o capacidad del que recibe este llamado de salvación departe de Dios. Ni por sabios, ni por capaces, ni por bondad alguna, solo porque Dios lo dispone así para ciertas personas. Dios es quien escoge (27) nadie tiene porque jactarse de haber sido llamado por Dios para salvación en Cristo (29). Dios es el que hace la obra en el corazón y convence a la persona de ver a Cristo como el mayor benéfico dado por Dios para ser perdonado y salvado del castigo justo del pecado, es solo porque Dios opera en el corazón que las personas van a Cristo y entregan confiadamente su vida a Jesucristo para salvación (30). Es gracias a Dios que la persona cree en Cristo, lo ve como su salvador y mayor beneficio para su alma. Ve a Cristo BUENO, AGRADABLE, CODICIABLE, el mayor bien para su alma pecadora. La unión de una persona a Cristo tiene su causa y origen en Dios, nuestra conversión o unión salvadora a Cristo no se debe a nosotros mismos, pues no somos dignos ni capaces en nosotros mismos. Ninguna por sí misma voluntariamente puede elegir a Cristo como su mayor bien y deleite para su alma, solo Dios hace que el corazón humano reconozca que lo más valioso para sí mismo en todo sentido es Cristo.


Esta verdad acerca de que es Dios opera en el corazón del hombre para convencerlo de ir a Cristo y hacerlo su Señor y salvador y pueda creer y quiere someterse a Él, es una doctrina que corre por toda la Escritura. Ef. 2:4-10. Todo esto es necesario saberlo para responder a la pregunta que nos hacíamos anteriormente, recuerda; ¿será usted capaz de ver siempre a Dios y reconocerlo como el mayor bien para su vida siempre? La respuesta es que usted sola, por sí misma, nunca lo logrará, pero así como pudo elegir a Cristo y se convirtió a Él, por la ayuda y operación de Dios en su vida, así mismo Él puede hacer que anhele su corazón hacer siempre todo lo que contribuya a vivir en mayor comunión con Él y gozar de su aprobación y satisfacción solo en Él. Suplique su gracia y capacidad para que le ayude en sus luchas con los falsos dioses y fantasías engañosos a las que se aferra aún su corazón como su mayor tesoro y fuente de bienestar y felicidad en ciertas áreas de su vida y bajo ciertas circunstancias.

Usted y yo debemos confiar en la gracia de Dios y su poder para inclinar nuestro corazón a las cosas que Él aprueba. Usted puede clamar a Dios con confianza aún en medio del fracaso que ha experimentado en su lucha contra su corazón débil y engañoso que se aferra a muchos tesoros temporales y deposita en estos dioses falsos la confianza para alcanzar el bienestar y felicidad y termina complaciéndolos y sirviéndolos. Así sean muchos años lidiando con las mismas debilidades que se han convertido en hábitos tan arraigados que le han llevado a creer que nunca podrá llegar a ser una mujer diferente y más consagrada a Dios, tenga en cuenta que Dios quiere y se ha propuesto la santificación de sus hijas, clame a Él confiando en su gracia y poder para que le ayude a deshacerse y renunciar a sus ídolos y que su corazón desarrolle afectos poderosos solo hacía Dios. 1 R. 8:57-58

Hay un testimonio único de una mujer que fue objeto de esa gracia y poder de Dios para que su corazón e inclinara por ver a Dios como su mayor bien y tomara decisiones totalmente contrarias a lo que normalmente se esperara de ella. Fue una mujer de la que quizás nadie pensaría que se refugiara en Dios, más bien todos hubieran pensado que nunca su corazón se inclinaría por Dios y depositaría su confianza en Él cómo su mayor bien y subestimara todo aquello en lo que siempre estuvo su confianza. Paradójicamente la mujer de la que no se esperaba llegara ser ejemplo de piedad aparece la Escritura como parte de un listado de personas que por la elección que hicieron llegaron a ser ejemplos de fe. Hb. 11:31

Rahab fue una mujer que no se destacó precisamente por ser muy virtuosa durante gran parte de su vida. Una mujer cuyo corazón estaba aferrada al mundo y todo lo que este ofrece, su corazón idolatra estaba apegado a los tesoros temporales, los cuales representaban los dioses que le aseguraban bienestar, seguridad y tranquilidad. De acuerdo con lo que eran los ídolos de su corazón así fue su estilo de vida. Pero un día ocurrió algo totalmente inesperado que hizo que esta mujer diera un giro total a su vida, un día fue objeto de la gracia de Dios y los afectos de su corazón cambiaron, y se inclinó a confiar en Dios como el mayor bien para su vida. Todo lo que su corazón consideró por mucho tiempo y en lo que confió como el mayor bien para su vida fue despreciado y optó por Dios como un bien mayor. Jos. 2:8-13

La historia de Rahab es una de las historias más sorprendentes y encantadoras de la Biblia. Nos deja ver entre otras cosas cómo Dios muestra su gracia irresistible, la cual se remonta y tiene poder sobre un corazón idólatra y pecador para hacerlo volverse a él y confiar en Él, en contra de todo pronóstico. Sin nada que recomendara a esta mujer como temerosa de Dios, Él la convirtió en una mujer con un corazón inclinado a confiar su vida en Dios. La historia de Rahab es de consuelo y esperanza para toda mujer creyente que ha fracasado con los ídolos de su corazón por mucho tiempo y ha perdido la esperanza de algún día cambiar ese estilo de vida y hábitos pecaminosos de su corazón que se encuentra inclinado a ciertos ídolos. Orgullo, rencor, afán, intolerancia, intemperancia, murmuración, envidia, pereza, vanidad, tranquilidad, comodidad, etc.

 

Taller 3
1. Si el corazón humano busca siempre el bien supremo, ¿por qué algunos optan por el suicidio?
2. Identifiquemos cuál es el gozo y bienestar que busca el corazón y la satisfacción que quiere alcanzar en los siguientes casos:
- Supongamos que habitualmente está enojada con su cónyuge (o con sus padres o superiores de trabajo, o amigos cercanos), por causa del trato que recibe de parte de ellos. Además de lo que estamos buscando, ¿podemos también identificar algún ídolo?
- Ahora supongamos que lleva buen tiempo congregándose en la iglesia, pero no se involucra demasiado, no tiene mucha comunión con los hermanos, sale corriendo inmediatamente después del servicio. Se dice a si misma que es tímida, que le es difícil hacer amigos y que las personas no le dan confianza para tratarlas.
3. Intenten entre todas llenar la siguiente oración: “Mi vida sería perfecta si…………” les ayuda esto a identificar cuáles son los afectos a los que se inclina el corazón mayormente como fuente de bienestar y felicidad.
4. Compartan entre todas cómo la historia de Rahab es de esperanza y aliento práctico para algunas de ustedes que lucha con algún ídolo de su corazón por mucho tiempo.

 

Resistiendo a los ídolos
Tratar con los ídolos de nuestro corazón no es algo sencillo y rápido. No será fácil que nos desprendamos y renunciemos a muchos dioses que por mucho tiempo hemos adorado y servido y los hemos tenido como los proveedores de bienestar y felicidad. Nos asustan los cambios, el sufrimiento e incomodidad que muchas veces estos producen.
Jer. 13:23. Aunque si usted es una mujer creyente y ha recibido el don del Espíritu santo y ha nacido de nuevo y su corazón regenerado donde se ha escrito la ley moral de Dios y ahora sus deseos y afectos han cambiado hacia Dios, no obstante, usted sigue siendo una mujer habituada al pecado en el que ha nacido y caminado. Su espíritu anhela adorar a Dios, pero sus hechos resultan haciendo lo contrario en ciertas ocasiones. El corazón sigue contaminado con el remanente de pecado y es por eso que afirmamos una cosa con respecto a nuestro amor y entrega a Dios y resultamos haciendo otra. Estamos el domingo muy dispuestos a amar y adorar al Señor y llevar vidas especialmente agradables a Él en Su día, pero resultamos murmurando, criticando, o cualquier otro acto pecaminoso. Si nos preguntamos por qué rendimos muchas veces culto a otros dioses en lugar de dedicarnos y consagrarnos por completo al Señor y su gloria, encontramos la respuesta si analizamos cuáles son los pensamientos que inclinan los afectos de nuestro corazón. Es ahí donde encontramos la respuesta a cada pecado y fracaso en la vida cristiana.

La tentación
El enemigo conoce nuestra condición y debilidad y busca ganar ventaja sobre nosotros. Una mirada al proceso de la tentación nos ayudará en nuestra lucha contra la idolatría. Recordemos que el pecado y el enemigo buscan destruirnos. Satanás nos tienta para hacernos caer y luego acusarnos para destruirnos. El enemigo es un buen estratega que conoce nuestro corazón y su relación con el mundo. Él sabe que nuestros pensamientos y deseos engañosos son herramientas útiles en su ataque. Las armas del enemigo para tentarnos son el temor y el placer.

Del miedo a que si obedecemos a Dios, entonces vamos a perder algo que nos proveerá felicidad y también nos tienta por medio del placer convenciéndonos del placer que obtendremos si desobedecemos a Dios.

Tres casos de tentación
Judas. Satanás conocía cuál era el ídolo del corazón de Judas Jn. 12:6; 13:2. Para el enemigo no fue difícil tentar a este hombre con treinta piezas de plata, porque inferimos lo que esto representaba para Judas.
Temor. Judas consideró que junto a Jesús nunca obtendría tal cantidad de dinero.
Placer. Lo que podría disfrutar al obtener con esas piezas de plata.
Pedro. En este caso advertimos que la personalidad de Pedro siempre mostró que la necesidad de seguridad y protección siempre era importante para él Mt. 16:22,23
Temor. Pedro temía el peligro al que se exponía si era identificado con Jesús.
Placer. El placer de la seguridad también lo llevó a negar a su Señor.
Jesús. La situación con el Señor fue una cosa diferente. El Hijo de Dios no tenía ningún ídolo en su corazón, esto hizo que la tarea del enemigo fuera mucho más difícil. Jn. 14:30,31. Satanás no tuvo ninguna debilidad de donde sacar provecho, porque el único deseo del Señor era hacer la voluntad de Su Padre. El único temor que albergaba era defraudar u ofender a su Padre.
- No fue tentado a pecar para saciar Su hambre. Porque no tenía miedo a morir, sino a deshonrar al Padre.
- No fue tentado a hacer una demostración del amor del Padre, porque no tenía que probarle a satanás ni estaba interesado en tener la aprobación y buena opinión de él.
- No fue tentado a adorar a satanás, porque no estaba interesado en nada que el mundo le ofreciera si perdía lo que el beneplácito de Dios representaba.

El punto aquí no es aprender cómo Cristo venció a satanás y resistió la tentación, sino entender que la mujer creyente cuenta con Cristo en su vida, que el Espíritu de Cristo mora en su corazón y es el recurso más importante que tenemos para poder resistir a nuestros ídolos cuando estos quieren gobernar nuestra vida y ser satisfechos, servidos y obedecidos. Heb. 2:18;4:15 --> 1 Co. 10:13

Medidas para resistir a los ídolos
1. Identifico las tendencias idólatras de mi corazón
Es importante reconocer a qué clase de idolatría es proclive mi corazón. A qué tipo de ídolo se inclina mi alma. Esto nos permitirá estar alertas para no andar sirviendo a otros dioses.

Podemos tomar un curso de acción que demanda nuestra dedicación. Cada vez que pequemos debemos reconocer cuál relación tiene ese pecado con ídolos. Si hay un pecado habitual como ira, orgullo, egoísmo, temor o cierto patrón de conducta que me impida estar en mayor comunión y servicio al Señor, como ciertas ocupaciones, determinadas actividades, entre otras. Podemos tomar una estrategia que parece simple pero es simplista; es demasiado sencilla para hacernos ve como infantes, pero demasiado profunda para ser usada por Dios para ayudarnos en nuestra lucha con la idolatría. Tomemos nota de esto y hagamos la siguiente evaluación.

Podemos estar más conscientes de los pensamientos y deseos que nos atrapan si nos preguntamos:
- ¿Qué quiero y qué temo?

Puede aun ser más directa al preguntarse.
- ¿Qué es lo que más quiero y más temo antes que reflejar a Dios en santidad?
- ¿Cuál placer es el que quiero, tanto que estoy dispuesta a pecar con el fin de obtenerlo?
- ¿Qué es lo que tanto teme perder que no le importa pecar para aferrarse a eso?

Judas fue tentado con éxito en traicionar a Cristo porque ansiaba dinero y poder.
Raquel fue tentada a venerar ídolos y portarse de manera pecaminosa con Jacob, porque ella quería la aprobación y seguridad que le daba tener un hijo.

Elí fue tentado con éxito a dejar que sus hijos profanaran el nombre de Dios, Sus sacrificios y Su templo, porque quería la paz y tranquilidad con sus hijos.
Pedro fue tentado porque deseaba la seguridad y buena opinión de los demás.
Marta fue tentada a vociferar y murmurar de su hermana, porque deseaba mantener su reputación de hacendosa y buena anfitriona.

Identificadas las tendencias idólatras de nuestro corazón vamos a la siguiente medida a tomar para resistir la idolatría.

2. Rogamos por la ayuda divina
Debemos acudir específicamente a la oración para ser guardados de nuestras concupiscencias y temores. Dios quiere y permite la prueba de nuestra fe, pero con la prueba Él nos da la salida, para que nunca estemos en una posición donde nuestra única opción sea pecar. Debemos rogar que Él nos dé la ayuda suficiente cuando nos enfrentamos a los ídolos y nos conceda un temor santo y un deseo correcto por Dios sobre cualquier otra cosa. Mt. 6:9,13; 26.41; Lc. 11:4; 22:46

3. Velamos y oramos
Es necesario estar alerta y entregarnos a la oración. Recuerde que somos débiles y vulnerables. Hemos identificado nuestras tendencias idólatras, así que podemos estar vigilantes acerca de aquello donde fácilmente estamos en peligro. El enemigo conoce nuestra debilidad y estará atento a buscar la ocasión de hacernos caer, pero estaremos en guardia, porque tenemos identificados los afectos idólatras de nuestro corazón engañoso.

4. Confiamos en la gracia de Dios
Estaremos atentos y luchando contra los ídolos, pero no olvidando que finalmente es Dios quien nos libra de la tentación, que nos preserva de caer, Él puede protegernos y guardarnos. Finalmente, Él es quien nos puede sostener para seguir adelante en la fe y la lucha a pesar de nuestras caídas. Jn. 2.24,25; Lc. 22:31,32

Usted debe confiar en que el Señor Jesús ha prometido guardarla a través de sus fracasos. Que gracias a Él su fe no fracasará irremediablemente. Aunque tenga que llorar amargamente por su pecado, puede gozarse en que Dios es más fuerte que su corazón caído, su Espíritu puede conquistar sus miedos y deseos más amados y mantenerla firme.

Medidas para mortificar a los ídolos
La destrucción, aniquilación y erradicación de los ídolos de nuestra vida, no es un trabajo manual sino espiritual. Nuestros ídolos no son materiales, sino espirituales y deben ser tratados con herramientas espirituales. Ro. 8:13

1. Ponernos a cuentas
Para librarnos de esta clase de ídolos que moran en nuestro corazón, es necesario empezar el ataque por la oración a través de la Confesión y el arrepentimiento. Esta es una de las armas más eficaces contra las influencias que ocupan y cautivan nuestros pensamientos y deseos idólatras.

La confesión requiere de humildad y ésta abre las puertas de la gracia de Dios para avanzar en nuestro ataque del mal que hay en nuestra alma. 1 P. 5:5. La humildad implica reconocer sin justificaciones ni eufemismos nuestro pecado. Pr. 28:13; Sal. 51:4
Arremetimiento FERVIENTE. Ez. 14:6, Mt. 3:8
Teniendo hambre y sed de justicia. 2 S. 24:24, Mt. 5:29,30

2. Ponernos a distancia. Pr. 6:27

3. Ponernos la piedad. Ef. 4:22-24
- Ira: Ef. 4:26,31,32
- Miedo: Lc. 12:4,5: 1 Jn. 4:18
- Preocupación: Fil. 4:6-9
- Palabras hirientes: Ef. 4:29

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