Boletín noviembre 2018 

El agradecimiento no es una virtud natural, sino fruto del Espíritu dado por Él. Los no creyentes se felicitan a sí mismos por su estilo, y acusan a los demás por su fracaso, pero nunca ven la mano de Dios en su vida. Pero siendo como Dios es y siendo el mundo suyo como es, ¿cómo es que no le reconocemos, ni para darle las gracias? (Foto: Ana Li/Flickr)

 

Dando gracias en todo
1 Tesalonicenses 5:18


Por su puesto que podemos confiar en Dios, porque Él es soberano, sabio, y bueno. Nuestra principal preocupación debe ser honrarle, en todo momento. Nuestra respuesta primordial a la dignidad de Dios debe ser la confianza que depositamos en Él. Confiar implica algo más que experimentar paz cuando nos libramos de las dificultades. Tenemos que confiar en Él, especialmente si vamos a glorificarle en nuestros momentos de adversidad.

El mostrar confianza implica algunas acciones que sirven como evidencia tangible de esta. En el texto de nuestro capítulo tenemos una de ellas. Pablo dijo, “Dad gracias en todo”. Debemos ser agradecidos, en los momentos buenos y en los malos, también en la adversidad y durante las bendiciones, y en general en todas las circunstancias, sean estas favorables o no a nuestros deseos. Todo debe ser una razón para dar gracias.

El agradecimiento no es una virtud natural, sino fruto del Espíritu dado por Él. Los no creyentes que son inclinados a dar gracias, dan la bienvenida a las situaciones que están de acuerdo con sus deseos y se quejan de aquellas que no lo están, pero nunca, en ninguno de los casos, se les ocurre agradecer cuando las circunstancias son contrarias. Se felicitan a sí mismos por su estilo, y acusan a los demás por su fracaso, pero nunca ven la mano de Dios en su vida. Fijémonos que según Romanos 1:21: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos…”.

El agradecimiento es admitir la dependencia que tenemos de Dios. En cuanto a lo físico, nos “da a todos vida y aliento y todas las cosas”, Hechos 17:25, y en lo espiritual, nos dio vida en Jesucristo cuando Él murió por nuestras transgresiones y pecados.

Todo lo que somos y tenemos se lo debemos a Su generosa gracia, 1 Corintios 4:7. Como hijos de Dios debemos agradecerle en toda circunstancia. Lucas nos cuenta la historia de diez leprosos, todos ellos experimentaron el poder de Dios para curarles, pero sólo uno regresó a Jesús para darle las gracias. ¡Qué ingratos los nueve, ¿no le parece?!

Esto de la falta de gratitud es otro ejemplo de no tener en cuenta quién es Dios. Como dice Hechos 17:28: “Porque en Él vivimos, nos movemos y somos…”. Siendo como es Él y siendo el mundo suyo en el cual vivimos como es, ¿cómo es que no le reconocemos, ni para darle las gracias?

 

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